En nuestros barrios hay algunas calles con salida directa hacia la General Paz que reciben un importante tránsito y, por su aspecto, son confundidas con una avenida. En consecuencia, los conductores circulan a velocidades mayores a las permitidas y son sancionados. Este error es frecuente a largo de Galván, donde hay instaladas cámaras.

Por Sergio Calandra
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Tristemente, las estadísticas de accidentes viales en la República Argentina denotan que la cantidad de víctimas fatales y lesionados sigue siendo muy elevada y que el principal motivo que los origina es la alta velocidad. Hay que tomar conciencia de que se puede llegar igual a destino sin necesidad de correr y así disminuir las alarmantes listas de muertes que diariamente se producen en la vía pública. Como punto a favor, manejar a altas velocidades dentro de la ciudad es muchas veces imposible -salvo en autopistas y avenidas- a casusa del caudal vehicular.
Una problemática de nuestros barrios, por ejemplo, es que hay muchas calles con salida directa hacia la General Paz que reciben una gran masa de tránsito y, por su ancho, son confundidas con una avenida. Como muchos conductores no perciben esta situación, creen que la velocidad máxima es de 60 kilómetros, en lugar de los 40 permitidos para circular por calles.

Engañosa calle Galván
Un caso puntual se da en la Av. Álvarez Thomas que, como bien saben los vecinos, a partir de su cruce con Pedro Ignacio Rivera se desdobla y hacia la derecha se convierte en la calle Galván. Por su aspecto y la onda verde del semáforo, pasa desapercibido que esta vía deja de ser una avenida y la situación se torna engañosa. Además, no hay suficientes carteles ni advertencias visibles para saber que es obligatorio desacelerar a partir de ese lugar. Es por esto que sobre Galván los autos desarrollan velocidades de avenida, pese a que desde Congreso se realizó -hace un par de años- un polémico angostamiento para evitar la circulación del tránsito pesado.


Trampas cazabobos
Siempre se dice que las multas por exceso de velocidad -especialmente en algunas rutas- son trampas cazabobos, porque los carteles indicadores de repente obligan a los conductores a desacelerar sus vehículos en cuestión de metros. Como esta maniobra es difícil de realizar en tiempo y forma, casi seguro se genera una infracción y la prevención parece entremezclarse con el afán recaudatorio.
Por eso es fundamental colocar señalizaciones bien visibles que no estén tapadas por arboles ni vehículos estacionados, para así advertir claramente cuáles son las velocidades permitidas. Esto debería suceder en toda la extensión de Galván, hasta Balbín en el Parque Sarmiento, pero lamentablemente no se cumple al pie de la letra. Y es ahí cuando las cámaras de fotomultas instaladas a lo largo de toda la calle, principalmente frente al CEMIC y al Polo Educativo Saavedra, se cobran innumerables víctimas. Aun respetando a rajatabla la velocidad máxima, es el mismo caudal de tránsito el que obliga a los conductores a acelerar para circular con fluidez.
Seguro muchos de ustedes se sentirán identificados con esta situación y han sido perjudicados con las famosas fotomultas de la calle Galván, ya que a pesar de vivir en la zona y aledaños cayeron cuando están desprevenidos. Y ni que hablar de la curva de la Av. Truinvirato en Saavedra, detrás del Parque Sarmiento: es imprescindible pasar por allí a menos de 60 kilómetros porque de lo contrario las cámaras no perdonan.
Diferente es el caso de la calle Donado, donde también hay instaladas cámaras, porque desde la Gral. Paz hasta la Av. Congreso se permite circular a una velocidad máxima de 60 kilómetros, según indican los carteles.


Cámaras que no perdonan
Los vecinos frentistas que viven sobre avenidas -especialmente las de doble sentido de circulación- sufren una especie de discriminación en comparación con los otros que residen en calles con menos tránsito. Por ejemplo, durante el día no pueden detenerse ni por diez minutos para descargar mercadería o simplemente acompañar a menores o adultos mayores sin que aparezca un móvil de Tránsito y le haga una multa.
Y ni que hablar de subir un vehículo a un garaje y dejarlo ahí unos minutos: si la desgracia está del lado del conductor, seguramente tendrá en unos días una fotomulta por estacionamiento indebido. Entonces, ¿cómo deben proceder aquellos que viven sobre avenidas y no tienen garaje propio para poder ingresar, descargar y detenerse sin que los flashes de las camaritas de tránsito los sancionen? Para los vecinos que están en esa situación, los horarios nocturnos y los fines de semana y feriados son un verdadero elixir. Estacionar en la puerta de su vivienda no tiene precio.

 El colmo de los colmos
En Monroe y Lugones, Villa Urquiza, todos los días se ven estacionados sobre la mano izquierda de la avenida varios móviles de Tránsito del Gobierno de la Ciudad en total infracción. Recordemos que sobre avenidas de circulación única no se puede estacionar de ese lado, salvo que haya carteles que indiquen lo contrario.
¿Estos móviles también serán multados como cualquier hijo de vecino? ¿Pagarán las infracciones como sí lo hacemos todos los contribuyentes? Si esto no ocurriera sería el colmo de los colmos, ya que las penalidades deberían regir para todos por igual, sin diferencias. Una hipótesis de por qué los móviles estacionan en ese lugar sería porque allí existe una gomería en la cual el Gobierno porteño lleva a reparar sus vehículos. Para evitar ese accionar, deberían buscar el lugar correcto para estacionar, aunque sea una tarea tediosa. Igual que para el resto de los mortales.


Multa por estacionamiento incorrecto
Estacionar vehículos sobre las veredas no está permitido, porque se trata de una ocupación indebida del espacio público. Sin embargo, muchos parecen desconocer esta normativa y, a pesar de contar con garaje propio, dejan sus autos afuera, obstaculizando el paso de personas y sillas de ruedas.
En estos casos es correcto que los vehículos de las fotomultas procedan a sancionarlos, pero usualmente los móviles oficiales circulan sobre las avenidas, por lo que en las calles difícilmente sean multados. Una infracción recurrente la protagonizan los talleres mecánicos, que al no contar con espacio suficiente dentro de sus locales desarman vehículos sobre caballetes en plena vereda, afeando, ensuciando y contaminando visualmente muchas cuadras que no tendrían por qué lucir así.

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