Un 4 de abril de 1999, este periódico recorría por primera vez las calles de la Comuna 12 y llegaba a los hogares de miles de vecinos de Villa Urquiza, Saavedra, Coghlan y Villa Pueyrredon. Se cumplen hoy 18 años de ese primer encuentro, que en la mayoría de los casos se convirtió en una relación estable con una población de lectores fieles.
Si es mucho o poco el tiempo transcurrido, dependerá de la percepción de cada uno. Por lo pronto, los fundadores de este proyecto editorial eran treintañeros recientes y hoy orillan los 50 años de vida. En Estados Unidos gobernaba Bill Clinton y en nuestro país Carlos Menem transitaba los últimos meses de su segundo mandato. A la selección argentina la conducía Marcelo Bielsa y Racing Club estaba al borde de la extinción. Por aquellos días apenas 300.000 personas tenían acceso a Internet y la banca electrónica era una rareza. Considerando estos apuntes históricos, la fundación de El Barrio se produjo en una época muy lejana, en un mundo muy diferente.
Sin embargo, hay un hilo conductor entre 1999 y 2017. Lo advertíamos en nuestra primera columna editorial: “En el actual contexto de contracción de la actividad económica que afecta al mundo en general y a la Argentina -cuando no- en particular, resulta poco menos que una aventura temeraria poner en marcha cualquier microemprendimiento. Podríamos casi comparar esa decisión a una apuesta de casino: la suerte, casi siempre, está del lado de la banca”. Ya habíamos transitado por la experiencia de poner en marcha una publicación fugaz en Saavedra, entre 1991 y 1992, y sabíamos de las dificultades que se avecinaban.
Pretendíamos entonces, igual que ahora, que lectores y anunciantes encuentren en estas páginas las respuestas a sus inquietudes informativas y comerciales, al tiempo que anunciábamos uno de los lemas que mejor explican por qué El Barrio alcanzó puertos tan lejanos: “A partir de hoy, la cita será religiosa: el primer domingo de cada mes”. La cita dominical se volvió tan sagrada como una misa y para celebrarla religiosamente han sido indispensables los canillitas de la zona, a quienes no nos cansaremos de agradecer.
Dijimos más de una vez que no es fácil lograr el favoritismo de los lectores, quienes se han vuelto cada vez más exigentes y reclaman que sus necesidades estén representadas en los medios de prensa. Sostuvimos siempre que era tramposo aludir a la condición gratuita de una publicación como una coartada para no asumir responsabilidades acerca de la calidad de sus páginas. “No debemos olvidar que detrás de un periódico o revista hay vecinos expectantes y anunciantes que buscan obtener un rédito de su inversión publicitaria, por más pequeña que sea”, repetimos como un mantra y volvemos a recordarlo desde este espacio.
El trimestre que pasó fue uno de los más difíciles de nuestra existencia, tanto que nos obligó a barajar y dar de nuevo. Hasta hicimos un llamado a la solidaridad comercial y pedimos ayuda a antiguos clientes. Aprovechamos la ocasión para destacar en esta coyuntura el aporte del Politécnico Modelo y de las inmobiliarias Addario y Vega, que regresaron a nuestras páginas; de la constructora Monforte, que debuta este mes en nuestro periódico; del Colegio Watson, por su destacada adhesión; y del diario La Prensa, que nos bonificó la impresión de mil ejemplares en un momento incómodo de nuestra economía. A todos ellos -y muy especialmente a nuestros 20.000 lectores- les decimos muchas gracias.

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