Félix Arnaldo, vecino de Saavedra, trabaja en el canal estatal desde 1982. Comenzó como cadete y llegó a ser gerente de la emisora. Entrevistó a todos los presidentes argentinos desde el regreso de la democracia. Sin embargo, asegura que la nota que más lo marcó fue con el Polaco Goyeneche. En el menemismo dejó a Cavallo al borde de las lágrimas durante un reportaje, motivo por el cual quisieron despedirlo.

Por Pablo Riggio
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“Jugar en La Bombonera es como jugar en el patio de mi casa”, dijo alguna vez Juan Román Riquelme. Parodiando aquella histórica frase en clave futbolera, se podría decir que para Félix Arnaldo su patio es Saavedra y su casa la Televisión Pública (antes, claro, Canal 7 y ATC). Criado en el barrio, donde aún sigue viviendo, trabaja en la emisora estatal de manera ininterrumpida desde la última dictadura militar. En el sendero de la jerga deportiva, es un jugador de toda la cancha: ingresó como cadete, fue productor, redactor, jefe de noticias, prosecretario, jefe de redacción, productor general, subgerente, gerente y actualmente volvió a sus raíces como reportero. “El periodismo me abrió los ojos”, asegura a El Barrio.
Radicado desde los 12 años junto a su familia en Vidal y Correa, su adolescencia estuvo marcada por los “picados” en la esquina junto a sus amigos del colegio San Román y del Club Ciudad, donde practicaba fútbol, vóley y rugby. El deporte siempre fue una parte fundamental en la vida de Félix: llegó a jugar en las inferiores de Deportivo Armenio y Platense. “Hay una anécdota que no se sabe si es verdad o no pero está contada por mi madre: en el 72 o 73 fue a verme alguien de un equipo llamado Los Cebollitas. Me dijo que no necesitaba un ‘diez’ porque tenía uno que era bastante bueno… Pero podía jugar de ‘seis’ porque era grandote y alto. Sin embargo, mi padre no quería que me dedicara al fútbol”, cuenta, sin mencionar a Diego Maradona, en una confitería frente al Parque General Paz, a unas cuadras de donde vive junto a dos de sus hijos -tuvo cuatro con su primera mujer- y su actual pareja.
Su primer trabajo fue como vendedor puerta a puerta de cursos de inglés, a los 16 años. Estudió Ciencias Económicas -nada más alejado de su interés, típico mandato familiar- y Antropología, hasta que encontró su verdadera vocación. Después de un breve paso por radio Belgrano ingresó en 1982 a ATC en el sector de administración de personal, pero no le interesaba el puesto: “Al año siguiente estaba en la parte de legajos y viene una persona, con la que empezamos a charlar de política, historia, sociología y filosofía. Cuando le conté que me quería ir del canal me preguntó: ‘¿Dónde querés estar? Vos tenés que trabajar acá sí o sí’. Le contesté que quería ser jefe de redacción del noticiero y así fue cómo entré”.

Bajada de línea
Durante sus años en el colegio secundario asegura que no estaba al tanto de las atrocidades que ocurrían en el país. Pero ni bien llegó a ATC empezó a escuchar, indagar y a darse cuenta de los atentados contra los derechos humanos que tenían lugar en la propia Ciudad de Buenos Aires: “Cuando hice la colimba en Patricios escuchaba gritos. Pregunté y me dijeron que era que estaban entrenando a la Policía Militar y era tan dura la preparación que gritaban. La segunda vez que consulté me respondieron ‘soldado, no pregunte nunca más’. Después me enteré de que ahí funcionó un centro clandestino de detención y los gritos que escuchaba fueron de las torturas”.

-¿Cómo recordás la época en ATC con Raúl Alfonsín y el regreso de la democracia?
-Fue bastante complicada porque nos encontramos con una etapa de ilusión y democratización en el país, pero había muchos temas de los cuales no se podía hablar. Algunos gerentes tenían un discurso progresista pero actitudes bastante diferentes. Tuvimos problemas para conquistar nuestros derechos: fue difícil recuperar lo que se había perdido con la dictadura. Nadie nos regaló nada, principalmente en televisión. Hubo gravísimos conflictos, como la privatización de Telefe o los despidos en Canal 13. El alfonsinismo, desde el discurso, fue muy democrático, pero desde lo gremial hubo que lucharla.

-Luego, con el menemismo, llegó la gestión de Gerardo Sofovich al frente del canal…
-Sí, en el 92. Sofovich era un personaje bastante difícil, muy cercano a Menem y con muchísimo poder. Fue denunciado por corrupción: su hijo tenía una agencia de publicidad y la traía al canal. Fueron denunciados muchas veces, algunas fueron muy probadas… Hasta que asumió Duhalde el canal estaba atrasado tecnológicamente, cobrábamos sueldos hasta con tres meses de demora y el canal solo se sostenía por el ideal de la televisión pública de los trabajadores.

-¿En qué época fue más difícil la libertad de expresión?
-En la Alianza. Porque en el menemismo se intentó privatizar el canal, pero con la Alianza se lo intentó destruir y vaciar. Fue lejos la peor época porque con un discurso progresista hicieron todo lo contrario. El kirchnerismo de Néstor fue la mejor etapa, pero en la época de Cristina hubo un vuelco y empezó a tener más relevancia la línea editorial del gobierno y se hizo bastante difícil, principalmente los últimos dos años. Ahora está pasando más o menos lo mismo; bajadas de línea, “esto sí, esto no”, pero también con una amplitud que está más cercana a los primeros años de Néstor.

En 1992 tuvo un incómodo contrapunto con Cavallo, quien reconoció necesitar 10.000 dólares mensuales para vivir. Por esta entrevista quisieron despedirlo.

-Los medios y principalmente la TV Pública, con la estatización del fútbol, fueron unas de las patas fundamentales del kirchnerismo, casi una obsesión…
-En los 90 teníamos que explicarles a los funcionarios que el canal es del Estado, no del gobierno, y que había que respetar la voz de todos porque para lo demás están las empresas privadas. Ese discurso no fue necesario con Duhalde y menos con Néstor. La historia de lucha y defensa de la comunicación pública del estado se cristalizó cuando llegaron ellos.

-Sin embargo, durante el kirchnerismo fue bastante cuestionada la libertad de expresión en el canal público.
-Como en todo momento, hubo etapas. Se reestructuró, se compró la última tecnología y en el gobierno de Néstor hubo libertad absoluta. Yo fui gerente cuatro años y medio y te puedo decir que poníamos al aire lo que queríamos y no recibí ni un llamado, por más que nadie lo pueda creer. Pero después, en algún momento, nos empezaron a llamar por teléfono… En todos los gobiernos pasa, no existe un gobierno que deje al canal del Estado manejarse de una manera absolutamente independiente. Lo más cercano a eso fue con Néstor; con Cristina eso bajó, pero comparado a lo que habíamos vivido antes, mucho menos. Bajada de línea siempre hubo y siempre va a haber.

-¿Cuáles son las coberturas que más te marcaron?
-Uff, ¡hay tantas! Una que hicimos con Santo Biasatti y Jorge Pizarro de Telefe: cuando salieron los tanques de Alberto Fujimori a las calles de Lima en el autogolpe de 1992. Recuerdo las explosiones en Río Tercero en 1995, fue terrible. Y muchas giras presidenciales: hay un mundo que está más allá de todo, ves de qué manera se vive y lo lejos que están de la gente. Por eso prefiero no hacer mucho política. También hicimos muchas investigaciones, como la de WikiLeaks: en la Argentina no se conocían y dimos la primicia. Estaba investigando notas en Internet sobre el Comando Sur de los Estados Unidos y vi este documento, en donde explicaban todas las operaciones que hacían y por qué las hacían. Siempre digo que hoy el conocimiento está en inglés y ellos comparten todo en la web.

-¿Y las entrevistas?
-Hablé con todos los presidentes desde el regreso de la democracia, pero la nota que más me marcó fue la que le hice al Polaco Goyeneche: hablé 12 minutos y me volví loco. Más allá de que era del barrio, para mí significaba más que Gardel.

-Recientemente la TV Pública pasó a ser noticia, después de que levantaran los noticieros del fin de semana. ¿Qué es lo que está ocurriendo?
-Así como el Estado está obligado a dar seguridad, educación y salud, también está obligado a brindar información pública. Es gravísimo lo que está haciendo al no ofrecer noticieros los fines de semana, porque está privando a la población de información. Es un vaciamiento de contenidos previo a una estigmatización respecto de los empleados públicos, en este caso de la TV Pública, y creemos que es una privatización encubierta porque generalmente las cosas que deja de hacer el Estado son negocios para los privados. Ni hablar de que es un ataque a la libertad de expresión y de prensa.

Subir al llano
Durante el menemismo Félix vivió uno de los momentos más importantes -y críticos, a la vez- de su carrera. “Andá y preguntale lo que le tengas que preguntar”, le dijo a fines de 1992 Mauro Viale, su jefe en aquel entonces, sobre Domingo Cavallo, ministro de Economía por esos años. Él cumplió. “¿Es cierto que usted necesita 10 mil pesos para vivir?”, le consultó, en medio de pedidos de aumentos de parte de los jubilados y paros de la CGT. El funcionario le respondió positivamente, sin lograr ocultar su nerviosismo cada vez que el periodista lo “pinchaba” ante sus poco convincentes explicaciones. Cabe aclarar que, 25 años después, el salario del 50 por ciento de los argentinos no alcanza la cifra que necesitaba en aquel momento Cavallo.
“En ese momento me di cuenta de que le estaba haciendo preguntas que podían cambiar mi vida. Por eso prefiero no hacerles notas a políticos, ellos generalmente saben que quienes les van a hacer entrevistas son complacientes. Yo me indignaba con sus respuestas; un periodista nunca debe perder la indignación frente a la injusticia. Lo dejé temblando y casi al borde de las lágrimas. Es que el poder enceguece, te hace desigual y te hace sentir que tenés derechos que los otros no tienen. Después de la nota llamaron al canal para despedirme, pero Viale y mis compañeros me bancaron”, reveló.
Llegó a ser gerente con el gobierno de Néstor Kirchner, pero ante la llegada de Cristina “pusieron un interventor” y lo despidieron: “Me rajaron, pero me retomaron por asamblea. No sé por qué pasó eso, había que poner a otro. Por eso ahora pedí dejar de ser jefe de redacción: por todos estos vaivenes y mi rebeldía. Sigo peleando desde el lugar gremial y ahora soy reportero, hago entrevistas en la calle. Como dijo una vez Dante Caputo cuando pasó de ser canciller a senador: ‘Subí al llano’”.
Hace dos años terminó la Licenciatura en Ciencias Sociales con orientación en Sociología y brinda clases de periodismo televisivo en el Instituto de Formación Técnica Superior. Piensa seguir trabajando en la TV Pública y cita a un viejo conocido del barrio: “Como decía el Flaco Spinetta, ‘Nunca voy a decir que todo tiempo pasado fue mejor, mañana es mejor’”.

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