Los representantes de los comerciantes de Villa Urquiza y Saavedra apuntan a los altos costos que deben afrontar los dueños de los locales y aseguran que la eliminación del plan Ahora 12 impactó negativamente en las ventas. “La situación es preocupante pero no escapa a la realidad del país”, afirman. Cierre de negocios y el túnel de Balbín.

A raíz de la quiebra del Club del Mueble, local ubicado en Larralde y Melián que bajó definitivamente sus persianas en abril, decidimos profundizar acerca del presente de la actividad comercial en los principales barrios de la Comuna 12. Si bien la economía parece dar señales de reactivación, al observar los datos arrojados en los últimos meses por las entidades del sector, la coyuntura continúa en estado delicado.
Según el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas cayeron un 4,4 por ciento en marzo respecto al mismo mes del año pasado y acumulan una baja promedio anual de 3,7 por ciento en el primer trimestre de 2017.
“Por diversos motivos, como la construcción del subte y del bulevar de Roosevelt, el comercio en Villa Urquiza hace años que viene muy castigado. Aparte de eso, las PyMES están sufriendo la gran presión fiscal y el aumento en los servicios -analiza Héctor Ginanni, presidente de la Asociación de Comerciantes de Villa Urquiza-. En estos momentos, la vida para una PyME se hace muy pesada. Los comerciantes no ven un trasfondo claro, entonces no invierten y se quedan con un resto mayor a lo normal porque no saben lo que va a pasar mañana Además sabemos que la situación económica no es brillante, por lo que el poder adquisitivo se ve resentido y la gente restringe su salida”.
En la misma línea, Antonio Marrero, presidente de la Asociación de Comerciantes de Saavedra, coincide en el análisis de su par urquicense y asegura que los locales minoristas del barrio “no están exentos del bajón que sufren casi todos los rubros que componen la economía”. Consultado acerca del impacto de la construcción del túnel de Balbín en la actividad comercial, afirma que es “considerable en los negocios frentistas y también en las calles involucradas con la obra. Este paso bajo nivel divide al barrio y cercena cuatro cuadras de nuestro ‘Centro Comercial a Cielo Abierto’, epicentro de Saavedra donde se encuentran los vecinos y realizan sus compras diarias”.
A la hora de esgrimir motivos por la caída de las ventas, tanto Marrero como Ginanni lamentan la eliminación del plan Ahora 12. “El impacto fue significativo. Creo que no fue el mejor momento para implementar este tipo de cambios. Además, el plan Precios Transparentes trajo mucha confusión, sobre todo para los comercios barriales que, con mucho esfuerzo y achicando sus márgenes de utilidad, tratan de sobrellevar la desigual competencia que ofrecen las grandes cadenas comerciales y shoppings con descuentos importantísimos”, opina Marrero.

Puertas que se cierran
De acuerdo a un informe elaborado por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, en la Ciudad de Buenos Aires disminuyó la cantidad de locales inactivos, ya sea en venta, alquiler, clausurados o cerrados. Con respecto al mismo período del año pasado, en el bimestre enero-febrero de 2017 se registró una baja de 15,8%. A pesar de este dato alentador, basta recorrer las principales avenidas de Villa Urquiza y Saavedra para atestiguar el cese de actividades de varios comercios. Cabe recordar que las PyMES agrupan el 70 por ciento de la masa laboral del país.
“En el último año, en la Capital cerraron más de 300 bares y restaurantes. En Villa Urquiza tenemos varios ejemplos, como los bares de Capdevila y Nahuel Huapi, y Congreso y Colodrero. Es una situación preocupante que no escapa a la realidad económica del país”, grafica Ginanni, dueño del emblemático Café de la U, ubicado en Triunvirato y Roosevelt.
Marrero, por su parte, señala que en Saavedra también se percibe esta realidad y da su punto de vista. “Hoy se busca el resultado rápido, porque los altos costos para poner un local en marcha te llevan a esa metodología. También pensemos que cada vez son menos los dueños de locales que atienden sus comercios y los alquileres resultan muy onerosos ante la falta de ventas”.
Con miras al futuro inmediato, ambos se muestran optimistas y dicen que lo peor ya pasó. “Los argentinos estamos acostumbrados a soportar los sacudones de la economía. Pienso que hemos llegado a un fondo, pero tenemos que tener esperanza y apostar a continuar trabajando”, concluye Ginanni.

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