Estilista de extensa trayectoria, en los 70 conoció a su socio y juntos abrieron peluquerías en Colegiales y Villa Ortúzar, hasta que se asentaron en Villa Urquiza. Entrevistado en su salón de Pacheco y Olazábal, “Hila” se emociona al hablar de sus “queridas clientas”, revela el secreto para mantenerse vigente y recuerda su paso por las tablas como actor transformista.

Por Tomás Labrit
tlabrit@periodicoelbarrio.com.ar

“Hay clientas que conozco desde hace 50 años y me dicen: ‘Hila, te traje a la nena, que cumple 15. ¿Te acordás que me peinaste cuando me casé?’ Esas cosas son impagables. Y sigo viviendo… Soy como el retrato de Dorian Grey”. Hilario Bangó revive esta anécdota entre la risa y la emoción. Está sentando, tomando un café, en su salón de Pacheco y Olazábal. Es lunes y el local está cerrado. Sólo se escucha, de fondo, la música que sale de un parlante.
El escenario contrasta con la atmósfera que se vive durante la semana, cuando Adriana, Graciela, Elsita y tantas otras acuden con religiosa puntualidad para atenderse con Hila. Muchas son vecinas de Villa Urquiza y los barrios aledaños, pero algunas son tan fieles que vienen desde Nordelta y Villa Gesell.
Él las recibe con café, galletitas y una sonrisa en la cara. “Soy parte de su vida. A mis clientas les cuento mis alegrías y mis penas, pero el peluquero siempre tiene que estar bien. Es algo psicológico, muy freudiano -analiza-. El peluquero es el que escucha, un poco como el psicólogo. Mis clientas queridas vienen a que Hilario esté bien. ¡Y yo estoy bien! Se tientan mucho conmigo, soy muy payaso. A veces me ven alegre o más bajoneado, pero para ellas yo soy el hijo, el nieto, el hermano…”.
Vecino de Olazábal y Miller, atiende en este rincón de Villa Urquiza desde hace 17 años. Está de martes a sábados, de 10 a 19, aunque en las jornadas álgidas suele quedarse hasta las 22. Mientras hace malabares con la tijera, en la caja lo acompaña Jorge Navarro, su entrañable socio, a quien conoció en el ‘73. “En ese momento yo era peinador en un salón de belleza de Anchorena y Santa Fe. Él trabajaba en una inmobiliaria, pero antes había tenido una peluquería en Villa Ortúzar. Por eso estamos festejando 50 años de trayectoria. No quise poner más porque van a decir que somos viejísimos -comenta entre risas-. Jorge me enseñó todo lo que sé. Después yo me perfeccioné día a día. Tomé y tomo cursos: esto es un aprendizaje constante. Como Mercedes Sosa, que cantó y estudió vocalización hasta el día de su muerte”.
Con Jorge tuvieron peluquerías en Colegiales, Belgrano R y Villa Ortúzar, hasta que en los 80 desembarcaron en Villa Urquiza. Primero pasaron por dos locales de la calle Monroe y luego se mudaron a Pacheco y Olazábal, que originalmente funcionaba como un galpón para guardar caños. “No sabés lo que era… ‘¿Cómo vamos a abrir en este lugar tan chiquito?’, me decía Jorge. Yo le respondí que juntos lo íbamos a lograr. Y así fue”, evoca orgulloso.
Una de las novedades que introdujo el salón es el “rincón cultural”, donde se pueden consultar novelas de Claudia Piñeiro y biografías de Edith Piaf y Liza Minnelli, entre otras obras, además de las clásicas revistas del corazón. “¡Ah, y una cosa muy importante! Las clientas vienen a buscar el periódico y nosotros lo entregamos en mano. Me preguntan qué notas les recomiendo y qué servicios hay que contratar”, cuenta Hila, fiel anunciante de El Barrio.

Hilario Bangó y su socio, Jorge Navarro.

-¿Cuándo surgió tu pasión por la peluquería?
-Ya me gustaba de chico, por el arte. Acompañaba a mis papás a la peluquería y me gustaba cómo trabajaba el peluquero. Siempre tuve pasión por la mujer: de arreglarla y embellecerla. Peinar y cortar el pelo también es arte.

-Después de tantos años, ¿cambiaron los estilos?
-La mujer se va modernizando, pero yo soy clásico. No me pidas extensiones o que te pinte un mechón de verde… Si lo tengo que hacer por alguna eventualidad, lo hago. Te pongo a la moda, te cambio y actualizo, pero dentro de tu estilo. Tampoco la moda es como antes, que era todo lacio. Depende de cómo la llevás, es lo que a vos te queda bien. Te puedo decir que se usan mucho los colorados y los pelos ondeados, si bien hoy es preponderante el alisado.

-¿Cuál es la clave para mantenerse vigente?
-Tiene que ver con disfrutar el momento. Que lo cotidiano se vuelva mágico, como cantaba mi amiga Mercedes Sosa. Difícilmente cierre la peluquería: de acá me voy a la Chacarita. Cuando vengo a trabajar, soy feliz. Doy el doble y recibo más.

Entre las tijeras y los escenarios
A la par de su trabajo como estilista, Hila desarrolló una destacada carrera en teatro y televisión como actor transformista. Son célebres sus interpretaciones de Eva Perón, Isabel Pantoja y Liza Minelli. Hacía fonomímica pero, por el vestuario, el maquillaje y la precisión en la imitación de los gestos, el público creía que era él quien cantaba.
Entre otras celebridades, en esa época conoció a Mirtha Legrand, Susana Giménez, Carmen Barbieri, Diego Maradona, Enrique Pinti y Santiago Bal. Con todas ellos tiene fotografías que se lucen en la entrada del local. Asegura que sus padrinos artísticos fueron Alberto Olmedo y Mercedes Sosa, quien lo consideraba como un ahijado y lo iba a saludar al camarín cada vez que debutaba con un espectáculo. “Extraño mucho la actuación -reconoce Hilario, con un dejo de nostalgia-. Tuve que dejarla en 2012, cuando falleció mi mamá. Las clientas me preguntan cuándo me van a ver de nuevo en televisión, pero eso ya está decidido: no voy a actuar más. Por eso me gusta estar en la peluquería. Quizá lo que me falta del escenario lo focalizo acá. Éste es mi cable a tierra”.

-¿A qué famosa te gustaría peinar?
-A Isabel Pantoja. Tiene unos pelos que da gusto y me luciría como peinador. La que siempre estuvo muy bien peinada fue Cristina Kirchner. Es una muy linda mujer y tiene un pelo fantástico. Tendríamos muchas cosas para hablar. Con sus defectos y virtudes, yo la quiero a Cristina. Igual con las clientas hablamos de todo, menos de política. Mi opinión me la reservo.

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