Fallecido en enero a los 91 años, el máximo exponente del folclore argentino vivió en Coghlan durante parte de la década del 70. A modo de homenaje, compartimos extractos de la entrevista que nos concedió en 2003, en la que recordó anécdotas de su paso por el barrio. La “canilla libre” de vino para sus amigos y los atentados sufridos en su famosa casa de la calle Manuel Ugarte.

“Con profundo dolor tengo que confirmar que nuestro maestro ha partido a otros festivales celestiales. Gracias Guara por todo”. Con este breve pero sentido mensaje, el representante de Horacio Guarany, Rubén López, informó a través de su cuenta de Twitter el fallecimiento del popular cantante de 91 años, que se produjo en Luján el viernes 13 de enero luego de haber sufrido un paro cardíaco.
Nacido el 15 de mayo de 1925 en la localidad santafesina de Las Garzas, Eraclio Catalín Rodríguez -su verdadero nombre- vivió su infancia en Alto Verde, un pueblito humilde del litoral argentino, donde descubrió su vocación por crear canciones que expresaran la realidad que lo rodeaba. Comprometido con sus vivencias y las del gaucho argentino, a los 17 años viajó a Buenos Aires con el sueño de realizarse artísticamente. Pasó bastante tiempo cantando tangos, boleros y todo tipo de canciones para poder sobrevivir. Hasta que finalmente logró imponer un estilo sin igual, donde prevalecían los temas folclóricos arraigados en el amor, los trabajadores y la lucha contra todo tipo de regímenes autoritarios.
A lo largo de su extensa y prolífica carrera, grabó 57 discos y dejó su huella con canciones como Si se calla el cantor, Guitarra de medianoche, Milonga para mi perro y Regalito, entre tantas otras. Fue uno de los artistas que inauguró el famoso Festival Nacional de Folclore Argentino de Cosquín en la provincia de Córdoba, en 1961, y su participación se convirtió en un clásico. Bajo la dirección de Enrique Dawi, en 1972 filmó con Olga Zubarry su primera película, titulada Si se calla el cantor.

El Templo del Vino
A principios de los años 70 la carrera de Guarany alcanzó un éxito definitivo, circunstancia que le posibilitó mudarse del modesto departamento de Villa Crespo a una casa ubicada en Manuel Ugarte entre Estomba y Naón, pleno barrio de Coghlan.
Al cabo de un tiempo se puso en venta un viejo caserón lindero y el cantautor decidió comprarlo como inversión. “Pensé en derrumbarlo y hacer un jardín o parque más grande, pero al que nunca tuvo nada le duele el alma tirar una casa abajo por más vieja que sea. Entonces se me ocurrió la idea de darle una forma de fuerte árabe, con sus torres y arcos, y destinarlo al servicio de la cultura y los amigos”, explicaba Guarany en 2003, entrevistado por El Barrio.
En su libro Memorias del cantor, editado en 2002 por Sudamericana, cuenta que a su casa la llamó “El Templo del Vino” porque sabía que ese nombre atraería a todos los sedientos no sólo del paladar sino del alma. A tales efectos instaló parrilla, horno de barro, bodega con vinos de todas partes del mundo, paredes para exposición de cuadros, biblioteca y sala de música con piano, arpa, bombo y guitarras. Por allí desfilaron grandes hombres de la cultura, el arte y el deporte, como Froilán GonzálezJuan Manuel FangioLos Hermanos ÁbalosLos ChalchalerosGraciela BorgesLuis LandriscinaAlberto OlmedoJuan Carlos AltavistaBeba BidartJulio Le ParcJosé Sacristán y Jorge Cafrune.


Canilla libre de tinto
Una anécdota imperdible ocurrió el día de la inauguración de la casa, hace más de cuatro décadas, cuando Guarany organizó un asado monumental e invitó a numerosos amigos. “Cerré con llave la bodega y no serví nada de tomar: cuando empezaron a comer todos comenzaron a sentir sed y me pedían por favor que trajera vino. Yo les decía ahí tienen la canilla, sírvanse. Los invitados creían que los estaba cargando. ¿Cómo nos vas a dar agua con esta comida?, me decían. Yo insistía en que ahí estaba la canilla. Hasta que uno no aguantó más y se levantó a servirse agua. La sorpresa fue cuando vio brotar un líquido oscuro que, al probarlo, resultó ser vino. Ese día yo había cerrado la entrada de agua de la calle y abrí todas las canillas de la casa, hasta que se vació el tanque. Después lo llené con unas diez damajuanas de vino”, relataba Guarany a las carcajadas, quien pese a historias como ésta se molestaba cuando lo llamaban borracho. “Soy un bebedor de calidad y no de cantidad”, se definía.

Los atentados y el exilio
A mediados de la década del 70 Guarany comenzaría a pagar el precio de su condición de artista comprometido con los humildes: eran los tiempos de López Rega y la temida Triple A. “En medio de secuestros, violaciones y muertes, reventaron mi casa con una bomba en marzo de 1974. No sé si por mi condición de cantor exitoso o porque unos días antes el brujo infame me pidió que fuera a actuar al Obelisco para no sé qué acto y yo me negué”, recordaba Guarany.
Luego vinieron las amenazas telefónicas, otra bomba y el incendio de su coche con la guitarra adentro. Finalmente lo conminaron a abandonar el país en un plazo de 48 horas: lo habían condenado a muerte “por traidor a la patria” junto a Héctor AlterioNacha GuevaraLuis Brandoni Norman Briski.
Tuvo que dejar Argentina el 29 de setiembre de 1974: fueron seis meses en México y casi cuatro años en España. Contra todos los malos presagios y advertencias, pero cansado del exilio, el 5 de diciembre de 1978 volvió al país de incógnito. Apenas un mes más tarde nuevamente atentaron con una bomba su casa de la calle Ugarte, mientras comía un asado con sus amigos.
“Salí a la calle como loco, insultando, y al llegar a la puerta vi un Renault con el techo descubierto que a toda velocidad encaró hacia mí y me arrojó una granada que la mano de Dios hizo que pegara en una rama”, describía el folclorista, al tiempo que revelaba que la maniobra había sido pergeñada por el entorno de Emilio Massera. Si bien pudo permanecer en el país y dejó de recibir amenazas, hasta el retorno de la democracia Guarany debió conformarse con realizar espectáculos en el interior del país. “No creo que haya actitud más negativa en el ser humano que estudiar para matar gente, como es el caso de los militares, aunque sea con la excusa de defender el país”, explicaba.
El artista vivió en Coghlan hasta 1983, cuando tras divorciarse le dejó todos sus bienes a su ex mujer y se fue a vivir a un barco, con el cual navegó por toda la Mesopotamia. Luego se mudó a una estancia en Luján, a la que bautizó Plumas Verdes, donde finalmente murió. De su paso por Coghlan recordaba a Julián CenteyaRoberto GoyenecheEnrique DumasJosé María Muñoz -con quien iba a comprar a la misma carnicería-, Mempo Giardinelli y Manuela Bravo, entre otros ilustres vecinos.
“Es un barrio hermoso, de gente humilde y trabajadora -aseguraba Guarany antes de finalizar su amena charla con El Barrio-. Quiero aprovechar el periódico para pedirles disculpas a los vecinos que se despertaron por la explosión de las bombas. Es de bien nacido, aunque hayan pasado tantos años, que yo diga perdoname Coghlan por los malos momentos vividos”.

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