Con 19 años, está entre los 1.000 mejores tenistas del mundo y proyecta llegar al top 600 en un futuro próximo. Se la pasa entrenando y viajando para jugar torneos, por lo que tiene muy poco tiempo para estar con su familia en el barrio. Qué cree que le falta para mejorar su juego y los intensos peloteos con un tal Juan Martín del Potro.  

Por Tomás Labrit
tlabrit@periodicoelbarrio.com.ar

Ignacio Carou dedica su vida al tenis. Y no es una frase hecha: casi no hay momento de la semana en que sus tareas no giren alrededor de una pelotita amarilla. Su rutina arranca a las 8.30, con un entrenamiento físico en el Club Ciudad de Buenos Aires, y continúa hasta las 10, cuando se dirige a Parque Norte para practicar tenis. Al mediodía almuerza, descansa hasta las 15 y luego comienza el segundo turno: peloteo hasta las 16.30 y otra vez físico en Ciudad hasta las 18.30.
Este estricto entrenamiento se repite de lunes a viernes, sin excepciones, a lo que se agrega una jornada matutina el sábado. El domingo es el momento de desacelerar y pasar un rato en Coghlan con sus padres y sus cuatro hermanos. “Me encanta el barrio porque es muy tranquilo, pero no estoy casi nunca. Lo máximo que llego a estar en casa durante el año son tres semanas seguidas”, dice Nacho, que acaba de terminar una gira por Bolivia y en breve tendrá compromisos en Brasil (San Pablo y Curitiba), Argentina y luego República Dominicana.
Por su profesión también le tocó jugar en Túnez, Turquía, Bosnia y Sri Lanka. “Al margen de lo tenístico, las experiencias fueron muy buenas y conocí un montón de lugares”, destaca. Los torneos que disputa son Futures (“Futuros”) y tuvo incursiones positivas en Challengers, la categoría que antecede a las grandes ligas: ATP 250, 500, Masters 1000 y Grand Slams.
Ya lo habíamos entrevistado hace tres años, cuando tenía apenas 16, y desde entonces creció en todo sentido. No sólo física y mentalmente sino a nivel profesional: en noviembre pasado logró meterse en el ranking mundial de la ATP, un hito muy valorable para quienes aman y se dedican a este deporte. Arrancó este año en el puesto 1.900 y actualmente ya está entre los 1.000 mejores jugadores del planeta tenis. “Todavía me quedan jugar los últimos diez torneos de la temporada y aspiro a terminar entre los primeros 600 o 700”, se ilusiona.

Todo a pulmón
Además de la creciente competencia del circuito, el camino de los jóvenes tenistas es arduo desde el punto de vista económico. En los viajes deben solventarse los pasajes y la estadía (la inscripción al certamen es gratuita), sin contar los suplementos dietarios, la indumentaria y las raquetas, equipamiento que no es para nada accesible. En ese sentido, una traba es la dificultad para encontrar sponsors y el único aliciente son algunos descuentos, que ayudan a alivianar un poco la presión a las familias. Los subsidios de la AAT (Asociación Argentina de Tenis) y el ENARD (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) lamentablemente se reducen a un puñado de jugadores.
“Tuve un montón de ofertas de universidades de Estados Unidos para estudiar y jugar allá, pero por ahora esa no es mi idea -asegura-. Te dan una beca deportiva para que estudies gratis, además de hospitalidad y plata para vivir, y a cambio representás al equipo de la universidad. En un momento en que no me estaba yendo muy bien pensé en aceptar la propuesta, pero este año mejoré mi nivel y la descarté. Jugás muchos partidos pero los torneos no son profesionales sino universitarios, entonces perdés mucho rodaje”.
Se sabe que la vida de los tenistas es muy solitaria, sobre todo para los que están comenzando una carrera, porque los costos imposibilitan que un entrenador o un preparador físico los acompañen durante las giras. Por eso son claves las amistades que se generan entre los jugadores para fortalecer el sostén anímico y emocional. Dos compañeros cercanos de Nacho son Axel Geller y Sebastián Báez, que están transitando con gran éxito el circuito junior. “Ya estoy acostumbrado a viajar sólo, por suerte no me resulta difícil -reconoce-. Sí me cuesta cuando estoy en Buenos Aires entrenando, porque me dan ganas de estar un poco más en casa con mi familia, que me apoya en todo sentido. A veces cansa hacer la misma rutina todos los días, pero es lo que elijo”.
Haciendo un balance personal, evalúa: “Me falta madurar adentro de la cancha. El golpe con el que más lastimo y gano puntos es el drive, pero tal vez es donde más erro. Con el revés soy más sólido”. Entre los hitos de su carrera, compartió entrenamientos con destacados tenistas argentinos como Guido Pella, Carlos Berlocq y Juan Pico Mónaco (ya retirado), además del consagrado Juan Martín del Potro. “Es de hablar poco -cuenta sobre La Torre de Tandil-. Le pega muy fuerte a la pelota y mantiene siempre la misma intensidad durante la hora y media de entrenamiento, que es algo muy difícil de lograr”.
Después de la sesión, Nacho le pidió una foto que quedará para el recuerdo y, por qué no, podría repetirse en algunos años, bajo la mirada de miles de espectadores y las cámaras de televisión.

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