Atravesada por cuatro generaciones, la empresa nació en el centro porteño y luego se instaló en una incipiente Villa Urquiza. Padre e hijo -nieto y bisnieto del fundador- aseguran que el secreto de la permanencia fue haber mantenido una línea de conducta con los clientes. “La propiedad es algo muy importante, no es un pantalón”, grafican.

A Jesús, Vicente, Juan Carlos y Diego los une, además de un apellido, una pasión: la actividad inmobiliaria. En mayo de este año, el negocio de bienes raíces que fundara el alma máter de los Vega celebró 104 años de existencia, la mayoría de ellos transcurridos en Villa Urquiza. Originalmente, el local funcionó en la calle Cangallo, pleno centro porteño, pero en los años 30 se mudó hacia el norte. El lugar elegido fue la avenida Triunvirato: primero en su cruce con Heredia, luego entre Chorroarín y Donado y finalmente en la esquina de Los Incas, ubicación que conserva hasta la actualidad. Para ser estrictos, la dirección corresponde a Parque Chas, aunque hasta hace poco tuvo sucursal urquicense en Olazábal y Pacheco.
“Me incorporé a la empresa cuando tenía 18 años y cursaba la carrera de Ciencias Económicas -cuenta Juan Carlos, tercera generación de los Vega-. Me acuerdo que estaba el tranvía que pasaba por Triunvirato y llegaba hasta Costanera Sur. Como espectáculo del barrio, recuerdo los cines 25 de Mayo y Parque Chas. En Roosevelt también estaban el Edén y el 9 de julio y en Monroe el Grand Bourg”. Obviamente, en aquellos años la fisonomía del barrio poco tenía que ver con la actual. “Lo más moderno era Parque Chas. En Triunvirato y Juramento estaba el viejo Club Almagro, donde después hicieron una galería comercial. Mi papá Vicente era presidente de la Sociedad de Fomento de Villa Ortúzar y formaba parte de una comisión que pedía la extensión del subte. No llegó a verlo en el barrio”, lamenta Juan Carlos.
En cuanto al paisaje edilicio, proliferaban las casas chorizo, con su jardín en el fondo, lo que estrechaba el vínculo entre los vecinos. “La actividad inmobiliaria era mano a mano. Era importante que tuvieras un auto así podías llevar a los clientes a recorrer el barrio y ver las casas. Se respetaba a muerte la palabra y la amistad. Hoy también, pero es más complicado. Antes, cuando vendías una casa, en cuanto se mudaban los propietarios te invitaban a un asado. Ese trato ya no existe más pero lo vivo como un recuerdo, porque esta época también es muy linda. Por eso hay que tener mentes más jóvenes”, asegura, mirando con complicidad a su hijo Diego, que se sumó al emprendimiento en los 90 impulsado por su vocación de arquitecto.

A la izquierda está Juan Carlos junto a su papá, Vicente. De negro su mamá y al lado una secretaria. A la derecha, un cliente.

“El mercado inmobiliario pasó de ser algo personal a manejarse en un 90 por ciento a través de Internet -apunta el último eslabón de los Vega, que actualmente encabeza la empresa a la par de su estudio de arquitectura-. La actividad económica durante la década de Menem y la llegada del subte hicieron que Villa Urquiza tuviera un boom inmobiliario. Hoy el barrio sigue creciendo y estamos esperanzados por el resurgimiento de los créditos hipotecarios”.
La inmobiliaria opera en toda la Capital, especialmente en Villa Urquiza, Villa Pueyrredon, Belgrano, Saavedra y Colegiales. Ofrece compra y venta de inmuebles, inversiones en fideicomisos y administra unas 600 propiedades en alquiler.

-En mayo celebraron 104 años de vida. ¿Qué les genera este aniversario?
-Juan Carlos: Estoy feliz porque toda mi vida trabajé y pude vivir de lo que me gusta. Hoy somos una empresa cuyas mayores fortalezas son los años de antigüedad y la honestidad con la que trabajamos.
-Diego: Duramos tanto tiempo porque mantuvimos una línea de conducta. Eso la gente lo ve, por eso vienen los nietos de los clientes de mi abuelo y nos consultan. Es una cuestión de confianza y previsibilidad. La propiedad es algo muy importante para la gente, no es un pantalón. Entonces buscan un lugar confiable.

-¿Les gustaría que continuara el proyecto familiar?
-Diego: Vamos a ver. Uno de mis hijos estudia arquitectura, pero no lo vamos a obligar: que haga lo que él sienta. Nunca le metí presión para que se dedicara a esto y tampoco la sentí de parte de mi papá. Fue una elección natural.
-Juan Carlos: Cuando estudiaba Ciencias Económicas, lo que menos quería era estar en una oficina. Pero me casé muy jovencito y todo se fue dando. Tal vez me hubiese gustado tener un estudio de contador, pero después la vida te lleva por otros caminos. Uno propone y Dios dispone.

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2017/09/Vega-2-150x150.jpg