El ex defensor de Boca y River es padre de Gonzalo, uno de los jugadores de la Selección más cuestionados por los hinchas. Aunque le duela la falta de reconocimiento, se toma con calma las críticas que alcanzan al propio Lionel Messi. Dice estar a favor del equipo antes que de la figura y reclama por el regreso de José Pekerman para volver a trabajar desde las bases. Lleva tres décadas viviendo felizmente en Coghlan y jura que jamás se irá del barrio. “De acá me sacan con los pies para adelante”, asegura.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

-¿Fue un consuelo que el Mundial lo haya ganado Francia, donde jugaste y nació tu hijo Gonzalo?
-Sí, obviamente tengo un afecto muy grande por ese país. Tuve la posibilidad de vivir allá y conocer la idiosincrasia del francés. Me trataron de maravillas, fundamentalmente en Brest, el pueblo donde habitamos nosotros. Tuvimos una recepción vecinal estupenda, algo que no era fácil en esa época por el idioma, porque no existían las facilidades tecnológicas que tenemos hoy. Por eso me queda la gratitud hacia un país que fue generoso con nosotros. Pero más allá de haber jugado y vivido allá, creo que Francia fue un justo ganador del Mundial. Tienen tres o cuatro jugadores diferentes que lo llevaron al título y lo han ganado bien, sin ningún tipo de discusión.

-Estuviste un año allá y después pasaste a River. ¿En ese momento viniste a Coghlan?
-Claro. Me instalé en el barrio y ya hace 30 años estamos en la calle Tronador, entre Tamborini e Iberá.

-¿Nunca se te dio por mudarte?
-No, no. Como digo siempre, de Coghlan me sacan con los pies para adelante.

-¿Te sorprendió que Alemania, España y Argentina, a priori candidatos, hayan quedado en el camino tan rápido?
-No. El fútbol se está emparejando para abajo. Mirá, Gonzalo se fue de River al Real Madrid en el 2007 y está desde hace casi 12 años en Europa. Durante esos años sólo estuvieron peleando como mejor jugador del mundo Messi y Ronaldo, nunca tuvieron otro oponente. Eso habla de que no surgen futbolistas con la misma asiduidad que hace años atrás, en donde había más discusión para el Balón de Oro. Hablemos de finales de los 80 y 90, en donde el fútbol italiano era el más poderoso a nivel mundial y este año no clasificó a Rusia. Se van a ir Ronaldo y Messi de la disputa y va a costar encontrar jugadores de ese nivel. No veo futbolistas que tengan esa continuidad en el día a día de ser los mejores. A los que nos gusta el fútbol esperamos algo distinto de Neymar, pero es esa figura que no termina de consolidarse. También hay que ver si Mbappé ratifica lo que hizo en este Mundial. A mí Modric me encanta pero si lo comparás con Messi o Ronaldo, que además de jugar bien hacen 200 mil goles, no lo veo. Lo pondría en mi equipo, pero no es el mejor del mundo.

-¿Qué opinás de que Francia haya ganado el Mundial con un delantero titular -Giroud- que no hizo ningún gol?
-Es extraño. Debe ser el único nueve que en la historia de los mundiales no hizo goles.

-¿Qué hubiera pasado con él si Francia no hubiera salido campeón? ¿Lo hubieran culpado, como ocurrió con tu hijo?
-Lo hablé con mi familia y mis amigos íntimos. La convicción y confianza que un entrenador les da a sus jugadores, más allá de que hagan un gol o no, es muy importante. En mi carrera como jugador tuve la suerte de ser dirigido por el Flaco Menotti, que cuando llegó a Boca nos dijo: “Voy a dar mis 11, ojalá que no los tenga que cambiar nunca”. Eso me hizo acordar a Deschamps: siempre jugó con el mismo equipo. El 9 no hizo goles, pero quizás era importante dentro de su estructura. Lo bancó y salió campeón. Mirá si esto hubiese pasado acá: hubiesen propuesto a todos los 9 desde el Nacional B hasta Primera para que vayan a la Selección.

-¿Gonzalo podría haber sido el 9 de la selección francesa?
-Sí, existió esa posibilidad y yo participé de la reunión. En 2007 o 2008 lo vino a buscar Raymond Domenech (N. de la R.: DT de Francia entre 2004 y 2010), pero dijo que no. Gonzalo nació en Francia y vivió seis meses allá, pero después creció acá. Si bien tiene su nacionalidad, no tiene arraigo francés. Su deseo era jugar en la Selección Argentina.

El Pipa vive en Coghlan desde hace 30 años.

-¿Cómo viviste este Mundial, en el que no fue tenido en cuenta tu hijo? Hubo muchas desprolijidades durante el proceso, además.
-Me molesta porque se daña al fútbol argentino en general, no a un jugador. Estos chicos están afuera y su vida continúa. Lamentablemente lo político se llevó al deporte, entonces estamos conviviendo en una sociedad que no razona, piensa ni analiza. Como el fútbol pasó a ser un negocio importante, hay muchos intereses creados. Entonces se desprestigia y maltrata para ver si se puede sacar a éste o meter al otro. A los jugadores top de Europa, entre los que están los tres o cuatro más criticados de Argentina, acá se los maltrata y allá se los admira. Entonces algo está mal en la sociedad argentina. Vos no podés juzgar a un tipo porque no hizo un gol o porque corrió menos que en el partido anterior. Recién ahora se están dando cuenta de que estos chicos siempre estuvieron en un ambiente dirigencial y mediático que le hizo mucho mal al fútbol argentino.

-¿Estamos un escalón debajo de las grandes ligas?
-¿Un escalón? ¡Una escalera abajo! Lo percibí en este Mundial. Te hago la misma comparación de Messi y Ronaldo: ¿quiénes son los reemplazos, del mismo nivel, de los jugadores representativos de la Argentina?

-Y… Lautaro Martínez, Pavón, Meza…
-Está bien, pero van a tener que demostrar en Europa lo que hicieron acá. Ojalá que la rompan. Sacándolos a ellos, ¿qué otros más hay?

-¿Es consecuencia de la dirigencia del fútbol argentino?
-Sí, del mal manejo. No se trabajó en las bases. Por eso, si quieren refundar el fútbol argentino, lo primero que tienen que hacer es ir a buscar a José Pekerman con su equipo. Que sean los responsables únicos de las selecciones juveniles y que les transmitan a los entrenadores jóvenes que tenemos los conceptos para la formación de los chicos del fútbol argentino. El director técnico de arriba no es tan importante. Hay que hacer un proyecto de refundación. Si apuntás al día a día, por ahí de acá al Mundial que viene vamos a tener otra vez diez técnicos.

– Pekerman sonó como reemplazante de Jorge Sampaoli.
-Ojalá. ¿Cómo construís tu casa? ¿Por los cimientos o por el techo? Hoy el técnico de la Selección Argentina es el techo. No es tan determinante. Hay que solidificar abajo. Si yo fuera el presidente de la AFA, no lo dejaría ni respirar a Pekerman. Estaría todos los días en la casa haciéndole un piquete para convencerlo de que agarre la Selección. Es un técnico súper exitoso y fue uno de nuestros grandes maestros. Tenemos la particularidad de no prestarle atención a los tipos exitosos y encima los maltratamos. Esto es histórico.

-¿Este fondo que se tocó es comparable a qué etapa de nuestra historia?
-A antes de que agarrara Menotti, cuando íbamos afuera y nos comíamos cuatro goles. No éramos competitivos ni física ni técnicamente. Cuando quedamos afuera en el 74 y asumió el Flaco, fijate que en 12 años salimos dos veces campeones del mundo, más una final en el 90. Hubo proyectos. De Grondona se habló muy mal pero él también fue parte del éxito del fútbol argentino, porque había bases sólidas. Cuando yo llegué a River, en 1988, estaban Delem, Pedernera, Curti, Pando; eran maestros.

 -Y pensar que hasta hace poco el hincha promedio creía que éramos los mejores.
-Una parte del público lo creyó, pero los que alguna vez transitamos por el camino del fútbol éramos más realistas. Nosotros no teníamos un plantel para competir en el alto rendimiento. Estaban las potencias y los que vienen laburado, como Inglaterra, que llegó a ocupar el cuarto lugar y venía de años de fracaso. Y acá nosotros, por perder una final, los matamos a estos pibes. Fijate lo que fue para Croacia y el recibimiento que tuvo, o para Bélgica, que salió tercero. Nosotros no valoramos lo bueno. No podés maltratar a un equipo que tiene 12 años de éxito en el más alto nivel. Hay que sacar lo positivo y que les transmitan conceptos a los vienen de abajo. Así se proyecta.

-¿No se generó una mutua desconfianza entre la sociedad y estos jugadores?
-Lo que pasa es que, al no estar acá, es rara la relación. Fue una relación rara siempre. Es la frialdad de la que se habla: están allá, vienen a jugar, se suben al avión y se van, entonces no los ves. Yo, por ejemplo, en la calle sigo recibiendo el mismo afecto que cuando jugaba. Pero porque jugué toda mi carrera acá, sólo un año me fui del país. En el barrio la gente conmigo es muy amable, pero porque yo también soy como ellos. A estos pibes se los trata de millonarios, pero no tienen otra porque terminan de jugar, se suben al avión y se van para la casa. Es así su vida.

Hay un componente fundamental en la carrera de un futbolista que es la suerte. Pienso en tu hijo Gonzalo y en la final de Brasil 2014 ante Alemania. Tenía todo para consagrarse…
-Hizo un gol (N. de la R.: Se refiere al que le anularon por posición adelantada), le hicieron un penal y erró un gol, en el que el pase se lo dio el contrario. No es que se posicionó. Estaba de espaldas y se encontró con ese regalo. Fue a los siete minutos, cuando todavía estás frío y no estás metido en el partido. Agarró mal la pelota.

-Pensando en el penal, con el VAR se hubiera cobrado…
-Totalmente, penalazo. Y bueno, el VAR existió ahora y no antes. Qué querés que hagamos.

-¿Cómo viviste todo lo que vino después de ese partido?
-Nuestra familia tiene relación con los medios. No es que seamos mediáticos, pero sabemos cómo son las reglas del juego. No hay problemas con eso.

-Gonzalo parece una persona muy sensible, a la que le afecta lo que se dice de él. Se notó cuando se fue del Real Madrid, estaba muy dolido por el destrato.
-Claro, porque se fue del club siendo muy querido. Se lo consideraba como un canterano, porque llegó de muy jovencito. Pero el presidente quería instalar a otros jugadores, él lo percibió y le molestó.

Higuaín junto a sus tres hijos en el Estadio Monumental.

-Volviendo al barrio, ¿cómo fue la infancia de tus hijos en Coghlan?
-Nosotros vivíamos en Palermo y, un día, mi señora me dijo que nos teníamos que mudar. En ese momento teníamos tres hijos varones -después se agregó uno más- que jugaban a la pelota adentro del departamento. Mi señora me dijo “voy a ir al barrio de Coghlan”. Mirá que me conozco la Capital Federal como a la palma de mi mano, pero no conocía ese lugar; pensé que quedaba en la Provincia. Me contó que estaba al lado de Belgrano y Saavedra y ahí sí le dije que lo fuéramos a ver. Además me quedaba bien porque, como jugaba en River, entrenaba en Núñez. Hace 30 años el barrio no era lo que es ahora. Me dio un poco de miedo al principio, porque lo veía medio oscuro, pero la casa nos encantó y la compramos. El fondo era la canchita del barrio. Mis pibes y los amigos jugaban al fútbol ahí. Un día mi mujer me dijo: “No aguanto más, vamos a hacer la pileta”. Y se terminó la cancha (risas).

-¿Se integraron fácilmente al barrio?
-Totalmente. Tengo muy buena relación con los vecinos. Son muchos años. Gonzalo hizo la primaria en el Instituto Santa María de los Ángeles y la secundaria en River.

-¿Añora el barrio, le gusta?
-¿Cómo no le va a gustar el barrio en donde se crió? Le quedaron amigos, aunque obviamente no los ve con la continuidad de antes.

-Tenés otro hijo futbolista en Estados Unidos: Federico.
-Sí, lleva siete años en la MLS. Luego están Nicolás, que cruzó la vía y se fue a Villa Urquiza, y Lautaro, que se fue a vivir con la novia pero sigue en Coghlan. Estamos todos en el barrio.

-Mencionaste antes a Menotti. ¿Fue el técnico que más te influyó?
-Menotti es el fútbol. Es una persona que tiene conceptos tremendamente claros. El muere por los jugadores de fútbol. Para él nunca va a haber nada más importante que ellos. Y eso el jugador lo percibe.

-¿Creés que tiene el reconocimiento que merece o se lo subestima?
-Lo que pasa es que el Flaco tiene una sabiduría superior y a muchos no les gusta debatir con él porque se sienten inferiores. Propone pensar, cosa que algunos no quieren hacer. Cuando vos querés construir necesitás pensar y a mucha gente no le gusta eso. No te lo digo sólo en el fútbol, sino a nivel general.

-Se dice que el fútbol de Menotti está desactualizado, ¿qué opinás?
-El fútbol que él propuso es el de Guardiola, del que todos se desviven hablando. Es lo que hizo en su paso por el Barcelona. Lo que pasa es que acá nadie reconoce nada. Vos hablás con los españoles y te dicen eso. Que promovió a La Masia -la cantera del Barsa- y propuso una idea, que también fue mérito de Rinus Michels. Ambos instalaron la idea y luego la concluyó Guardiola. Después, el fútbol es tan diverso que te puede gustar o no Guardiola. Sus detractores te dicen que ganó sólo en el Barcelona, pero que en el Bayern y el City no figuró. Pero sostuvo una idea en tres países distintos.

-Los críticos de Menotti también dicen que no ganó demasiados títulos.
-¿Pero qué quieren? El técnico no patea ni hace lo goles: transmite. También lo maltrataron porque parece que en el 78 los goles los hicieron Videla y Massera. El nuestro es un país donde no se razona. Bilardo también tiene su mérito, porque llevó a la Selección a ser campeona del mundo y a una final. No es sólo picardía. Te puede gustar o no su filosofía, pero el tipo fue exitoso. Y pienso cómo, habiendo tenido dos entrenadores de la magnitud de Menotti y Bilardo, no los hayamos podido amalgamar y hacer un fútbol más potente aún.

“El deseo de Gonzalo era jugar en la Selección Argentina”, asegura Jorge. (Foto: Marcelo Carroll)

-Construiste tu carrera casi íntegramente en la Argentina. Dejaste tu huella en Nueva Chicago, San Lorenzo, Boca y River. ¿Qué etapa fue la que más te marcó?
-Chicago fue mi novia. Es un club que quiero mucho y sigo yendo de vez en cuando a ver. Me gustaría verlo mejor porque, cada vez que voy, tengo la rara sensación de que está igual que cuando yo tenía 14 años. Nunca se hizo nada superador, quedó estancado, y es un club que tiene un potencial tremendo para crecer, porque está en un barrio mítico. “La República de Mataderos”, con eso te digo todo. Tiene una convocatoria tremenda. No puede ser que un equipo tan importante ascienda y descienda. Tigre y Godoy Cruz, por ejemplo, ascendieron en 2007 y lograron consolidarse. Fijate cómo con capacidad de gestión se puede sostener un equipo chico en Primera por muchos años. Tengo 61 años y llegué a Chicago a los 14. En todos estos años hicieron dos tribunas nada más. Y me duele, porque es un club que quiero con todo mi corazón porque ahí jugué yo, un hermano mío ascendió de la Primera B al Nacional y mi hijo Federico de la B Nacional a Primera. Es un club muy emparentado con nuestro apellido.

-¿Y después de Chicago?
-River. Tuve una relación que nunca pensé que iba a ser como terminó siendo por mi paso por Boca y mis características de juego. Fue un desafío importante ir a River. Fui campeón dos veces y le ganamos una final de Liguilla a Boca, que para el hincha fue representativo. También le hice un gol a Boca. Además dos de mis hijos debutaron en la Primera de River y estudiaron y se recibieron en el instituto. Hay un vínculo que va más allá de lo deportivo. Le agradezco al club no sólo por eso sino también por lo social. A mis hijos traté de transmitirles lo que me transmitió mi padre, que fue el primer opositor a que yo fuera jugador de fútbol. “No vas a ser un vaguito atorrante, mujeriego y borrachín”, me decía. Ese era el estereotipo del futbolista de la época, pero hoy afortunadamente cambió. Dejé de estudiar en el secundario y fue una pelea tremenda con mi padre, que me mandó a trabajar. Primero en Harrods Gath & Chaves, en la tienda de Florida y Córdoba, pero no me daban los horarios. A los dos días conseguí laburo en Parker, la fábrica de lapiceras; yo hacía los capuchones. Trabajaba de 6 a 15 y de ahí me iba a entrenar. En esa época, el futbolista que jugaba en la B no vivía del sueldo. Todos mis compañeros tenían un trabajo aparte. Dejé de trabajar porque era muy incómodo y el club me empezó a pagar un salario.

-¿Ahí tu papá se puso más tranquilo?
-No, me quería matar (risas). Yo le dije que se quedara tranquilo, porque me iba a esforzar para triunfar en el fútbol. Después se la caía la baba… Traté de hacer lo mismo con mis chicos. Les dije que era inviable sólo jugar al fútbol y tenían que estudiar. Por eso estoy agradecido de por vida a River, que les dio la posibilidad de hacer las dos cosas paralelamente. Las escuelas públicas también tienen que acompañar a los chicos que tienen un perfil deportivo de alta competencia.

-¿Qué será del futuro de Gonzalo en la Selección? ¿Es una etapa terminada?
-La verdad que no tocamos el tema de su continuidad. Primero hay que ver todo el proceso que viene y eso va a formar parte de las decisiones que cada jugador va a tomar. Por ahí esta camada de pibes puede aportar muchas cosas en un proyecto serio y aconsejar a los más chicos. El argentino tiene la particularidad de querer echar a todos a la mierda pero, ¿a quién ponemos? Hay chicos que nunca se subieron a un avión o no saben jugar en un campo europeo.

-Algunos periodistas y dirigentes llegaron a decir que no hay que convocar más a Messi…
-Es una barbaridad. Si te remontás a la historia, se decía que Reutemann era un cagón, lo mismo de Gabriela Sabatini.

-¿Por qué será? ¿Nos creemos mucho más de lo que realmente somos, entonces no nos conforma nada?
-Totalmente. ¿Viste lo que fue la convocatoria argentina en el Mundial? Tremenda la cantidad de gente que había. Pero Argentina hoy está lejos del nivel competitivo. Tener al mejor no te hace el mejor equipo. Estamos como en una película que es irreal.

-Debe ser duro para el padre de uno de los jugadores más cuestionados aceptar que no somos lo que éramos y que ahora nos superan todos los rivales.
-Yo estoy a favor del equipo, no de la figura. Todo lo que yo pueda criticar es constructivo, no irrespetuoso. Quiero que los chicos dejen el celular y la tablet para ir a jugar a los parques. Mi corazón quiere que el fútbol de los chicos sea estupendo, como lo fue siempre. En nuestra época nadie quería tener un hijo jugador de fútbol, pero todos jugaban bien. Voy a hinchar las pelotas cada vez que pueda para que se vuelva a reconstruir el fútbol argentino. Porque el fútbol argentino está muerto. No es competitivo. Es mentira decir que estamos para las grandes cosas. Entonces creemos que, como tenemos a Messi, vamos a ser campeones del mundo. No, pará… Hay una frase de Di Stéfano que dice que un crack no hace mejor a un equipo, sino que un equipo hace mejor a un crack.

-En este Mundial quedó probado. Trascendió más lo colectivo que lo individual.
-Fijate qué ironía. Ronaldo quedó afuera y es el mejor (sic). Igualmente para mí es más Leo. El posible sustituto, Neymar, también quedó fuera. Tener a un crack no te garantiza nada. Dame a un equipo. Mirá a los croatas. Modric era el único crack y los demás eran garra, huevo y corazón, con mucha mentalidad y orgullo. Nadie pensaba que iban a jugar la final del mundo. Después pasó lo que tenía que pasar. Si el arquero de Francia no se equivocaba, el partido terminaba 4 a 1. Y si aceleraban un poco, hacían dos más y era catastrófico. Fue como el 4 a 3 contra nosotros, que tenía que haber sido 4 a 0. El gol de Di María estuvo totalmente fuera de contexto y el segundo fue increíble.

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