Se destacó durante 50 años en el periodismo deportivo por sus conocimientos sobre fútbol y automovilismo. Disgustado con el “panelismo” y el show televisivo, dejó los medios en 2015 y hoy disfruta de reunirse con amigos y jugar al billar en un bar de Villa Urquiza, donde vive desde hace 65 años. Sus críticas a la llegada del subte.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

Juan Fazzini es un libro abierto. No sólo en materia de fútbol y automovilismo, que lo consagraron en el ámbito del periodismo deportivo, sino también de cuanto tema salte a la mesa. Así, en una misma charla puede hablar de la velocidad de largada de Usain Bolt, de los orígenes del teléfono celular o del apartheid sudafricano, uno de los tantos países a los que viajó en sus 52 años de trayectoria.
Como diría su colega Ezequiel Fernández Moores, el Tano es de esos periodistas que saben apreciar el bosque más allá del árbol. Acaso fue por esa profundidad conceptual que, con el devenir del siglo, empezó a sentir que su lugar en los medios se iba angostando. La creciente moda del panelismo y el predominio del impacto sobre la reflexión derivaron en su alejamiento de los medios en 2015, dejando atrás una carrera que había comenzado a los 24 años en el mítico diario La Razón. Ahora, con casi 80, su libido pasa por reunirse con amigos en un bar de Mendoza y Triunvirato -“Lo de Pepe”-, donde despunta el vicio del billar. “En realidad juego al casín, que es como el billar pero con seis troneras y cinco palitos en el medio”, aclara el nacido en Lombardía y vecino de Villa Urquiza desde hace 65 años, mientras revuelve un mate con leche.

-¿Esta es la parte central de su vida, ahora que está retirado del periodismo?
-Yo sigo trabajando, pero para mí. El domingo pasado, por ejemplo, cubrí el Gran Premio de Canadá de la Fórmula 1. En una carpeta anoté piloto por piloto, dónde se despistó Hamilton y qué rompió, cuántas vueltas dio Raikkonen y así con todo…

-¿Le apasiona más el automovilismo que el fútbol?
-No, el fútbol. ¿Pero cuál? El del Santos de Pelé, el de Xavi, Iniesta y Messi, el de La Máquina de River… Yo soy de Boca, pero de chico íbamos caminando desde Plaza y Virrey del Pino al Estadio Monumental para ver a ese equipo. Es una herejía decir que Gallardo es el mejor DT de la historia de River, estando Carlos Peucelle, Ángel Labruna y Renato Cesarini, que hicieron a la escuela del club. River no es famoso porque Gallardo ganó dos Suruga Bank: es famoso por Alfredo Di Stéfano.

«Me gusta jugar al casín, que es como el billar pero con seis troneras y cinco palitos en el medio», cuenta el «Tano».

-¿Y qué es lo que lo atrapó del automovilismo?
-Mi papá trabajó siempre como motorista. A mi casa venían los corredores de la época de Fangio a comer el risotto y la polenta que hacía mi mamá. Recuerden también que soy Técnico Mecánico y durante 18 años di clases en la Escuela Ingeniero Huergo.

-Lo entrevistamos en 2003, en pleno auge de la profesión, y luego en 2012, cuando se estaba despidiendo. ¿Cuándo sintió que su tiempo en los medios se estaba agotando?
-Vengo de la escuela del periodismo gráfico, entonces los últimos tiempos me costaron. Había cosas que no podía explicar porque me decían cortá, cortá. La televisión es bartolera.

-¿Recuerda cuál fue su último día en Fox Sports? ¿Cómo lo comunicó?
-Me fui en silencio. Había tenido una controversia al aire con el Pollo Vignolo por una opinión, yo me extendí un poco y por la cucaracha me pedían que cortara. Cuando terminó el programa, se me acercó el productor y me dijo: “Tanito, el lunes no vengas. Los muchachos están un poco resentidos”.

-Qué fuerte. ¿Volvió el martes?
-No volví más. Desde 2015 que no estoy en televisión. Tengo 52 años de trabajo y no me puedo poner a discutir.

-¿Cómo analiza el fenómeno del “panelismo”? Colegas gráficos de mucha trayectoria, como Pagani y Proietto, le tomaron el gusto…
-Es que de golpe vieron que los paraban todos en la calle y se deslumbraron, pero mí no me pasó eso. Yo creo que soy más docente que periodista.

«Como vengo de la escuela del periodismo gráfico, los últimos tiempos me costaron», explica.

-Hablemos un poco de Villa Urquiza, para terminar. ¿Cómo vio la llegada del subte?
-Lo esperamos 50 años y, cuando llegó, estropeó al barrio. Durante el gobierno de Frondizi, con mis padres vivíamos en Donado y Roseti y, por proximidad con Triunvirato, ya pagábamos la extensión de la línea B de subte. Estamos hablando del año 58… Ahora en la manzana en la que yo vivo ya no hay lugar para estacionar.

-Sí, fue el problema que trajo aparejado. ¿Sigue viviendo donde siempre?
-Sí, en la calle Bauness. Hace poco vino a visitarme mi cuñado y estuvo dando vueltas media hora, desesperado, porque no encontraba dónde dejar el auto. Es un tema gravísimo. Por suerte, cuando nos mudamos con mi mujer hace 25 años, compramos en un edificio con cochera. ¿Sabían que en Japón, que tiene la misma superficie de Santa Cruz pero viven 140 millones de habitantes, cuando comprás un auto tenés que declarar a dónde lo vas a estacionar, porque de lo contrario no te lo pueden vender?

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