Dirigió, entre otros jugadores, a Gio Simeone y Mammana. Cuenta que hoy los jóvenes futbolistas “les hablan de igual a igual” a los referentes y que priorizan salvarse económicamente. A pesar de haber pasado por varios clubes y de ser echado por Passarella en 2010, afirma: “Aprendí que de River no te tenés que ir nunca”.

Por Tomás Labrit

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 Juan José Borrelli llegó a River con apenas ocho años. Al principio, cuando daba sus primeros pasos en las inferiores, lo ponían de nueve y fue el goleador del equipo en la mayoría de las categorías en las que jugó. Una vez que debutó en Primera, a los 17 y con melena larga y aritos, retrasó su posición dentro de la cancha y pasó a desplegar su clase en el mediocampo como número diez. “El físico no me daba para jugar de delantero”, reconoce Juanjo, mientras se apresta a charlar unos minutos con El Barrio en la oficina de Fútbol Infantil del Monumental. Hoy, con 45 años, es el director técnico de la Séptima División y además coordina las divisiones infantiles del Millonario.

“Me gusta mucho estar con los chicos y enseñarles lo que uno aprendió”, asegura Borrelli, quien puede jactarse de haber ayudado a dar sus primeros pasos en el fútbol a Sebastián Driussi, Giovanni Simeone, Tomás Martínez, Emanuel Mammana y Augusto Batalla, sólo por mencionar a los más reconocidos. La mayoría de ellos fueron integrantes de la Primera de River y de las selecciones juveniles de la Argentina.

Recordado particularmente por sus sociedades futbolísticas con Ramón Díaz y El Mencho Medina Bello, comenzó su carrera profesional en el club de Núñez en 1988 y concluyó su primera etapa en 1992, año en el cual pasó al Panathinaikos griego. Luego fue transferido al Real Oviedo de España y regresó al Millo por dos años. Después jugó en San Lorenzo, Deportivo Maldonado de Uruguay y finalmente el Akratitos de Grecia. En total marcó 40 goles en casi 300 partidos, en los que cosechó tres torneos nacionales con River, uno internacional -la Supercopa Sudamericana- y dos campeonatos locales en Panathinaikos. “Lo único que me faltó jugar fue un Mundial”, se reprocha Borrelli, que sí llegó a jugar una Copa América con la celeste y blanca.

Tras colgar los botines, su contacto con la redonda nunca se disipó. Integra desde hace varios años el equipo Senior de River, en el que compartió cancha con Marcelo Gallardo, quien dejó de ir por su compromiso como DT del plantel profesional. Volvió a trabajar en el club como entrenador de las infantiles, pero en 2010 se vio sorprendido por una noticia inesperada y tuvo que marcharse de la institución: había sido echado sin motivos por el ex presidente Daniel Alberto Passarella. “Es algo que no entiendo y que nunca entendí”, confiesa, quien justamente compartió cancha y luego fue dirigido por el Káiser. Pero esa historia, dice el propio entrevistado, ya quedó atrás. Ahora es tiempo de hablar de su presente, que lo tiene trabajando en el club desde que fue nuevamente convocado por Rodolfo D’Onofrio.

-Estás dirigiendo a la Séptima y coordinando a las categorías infantiles. ¿Cómo es tu relación con los más chicos?

-Bien. Es un trabajo en el que uno se siente muy contento porque en estas categorías más chicas es donde tenés que buscar jugadores. Si armás buenas preparatorias, después son el futuro de River. Yo estoy con la categoría 2000, así que tienen entre 15 y 16 años. Tuve varios que llegaron a Primera: Driussi, Mammana, Vega, Batalla, Tomy Martínez, Simeone. Son muchos los que pasaron por nuestras manos (ríe).

-Hoy se percibe que los jóvenes futbolistas están más irreverentes y contestadores…

-Lo que pasa es que la juventud cambió, tiene otro pensamiento. Están con el celular, no miran tanto fútbol sino que juegan a la Play. Además ya tienen representantes desde chiquitos y cobran. Antes nosotros veíamos a los referentes y los respetábamos. Hoy por ahí le hablan de igual a igual a un Ponzio o a un D’Alessandro. Yo lo veía al Tolo Gallego, a Francescoli, al Tapón Gordillo, que eran referentes de River, y los respetaba. Trataba de hacerles caso porque eran jugadores que te guiaban.

-Dirigiste en las inferiores de All Boys y también fuiste ayudante de Fernando Gamboa en Chacarita y Colón. ¿Qué conclusión sacaste de esas etapas?

-Fueron lindas experiencias. Lo que sí aprendí es que de River no te tenés que ir nunca, porque lo mejor que hay en el país y en el mundo es River. Tenés todo para trabajar. Es el club en el cual nací, me crié y quiero mucho. Me costó mucho irme de acá.

-Se suele decir que River tiene las mejores inferiores del país. ¿Coincidís?

-River es el mejor semillero de la Argentina y, a pesar de que anduvo mal en esos cuatro años perdidos que tuvo con la gestión anterior, River sigue siendo el club que más jugadores sacó.

-Tuviste una relación particular con Passarella, porque compartiste cancha, luego te dirigió y en 2010 te echó del club cuando trabajabas en las inferiores. ¿Fue así?

-Es verdad. Por eso es algo que no entiendo ni nunca lo entendí. Sin hablarme -no sé por qué habrá sido- terminó dejándome ir. Pero bueno, todo sirve, de todo se aprende. Gracias a Dios el tiempo pone las cosas en su lugar y D’Onofrio me trajo para acá. Encontramos un club devastado y con la ayuda de toda la gente se está recuperando.

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-¿Cómo es dirigir en las inferiores? En Primera se vive con la locura del “resultadismo” y la presión de la prensa.

-Es más tranquilo. Los sábados no se vive la locura de ganar, pero sí la de jugar bien y que los chicos entiendan que esto es un juego, una diversión principalmente. Que sepan lo que es jugar en River, el atrevimiento, presionar el campo rival sin importar el equipo o si jugás de local o visitante. Es un desafío para nosotros darle a los chicos la mayor cantidad de cosas con el objetivo de que lleguen a Primera con una buena base.

-El fútbol está violento en todo sentido. ¿Eso se traslada a los más jóvenes?

-Más que en los chicos, el tema está con los padres. Están viviendo una locura, se ve gente que se pelea y que putea al árbitro y por ahí estamos hablando de chicos de diez años. Más que controlar a los chicos, es controlar a los padres, que ven en cada chico un Messi. Se quieren salvar con su hijo y eso los lleva a enloquecer al nene, a veces al punto de que el chico se canse y no juegue más.

-Hoy por hoy, en la cabeza de un juvenil, ¿qué idea está? ¿Salvarse económicamente, llegar a Primera, pasar a Europa?

-Yo creo que en lo primero que piensan es en salvarse, hoy en día pesa lo económico. Hay chicos que, como te decía, tienen representantes y viáticos y por ahí se les saca un poquito el hambre. A veces están muy sobreprotegidos o tiene cosas que a nuestra edad no teníamos. Son muchas facilidades que a veces llegan a confundirlos.

 

-Con 21 años te compraron del Panathinaikos de Grecia y con tu pase ayudaste a River a solucionar problemas económicos. ¿Hoy esos gestos no se ven más?

-No, son pocos los que ayudan. La mayoría no colabora y uno tiene que agradecer de dónde salió. En ese momento, la DGI (Dirección General Impositiva) había embargado a River y con mi venta pudo saldar esa deuda y zafó del juicio que le estaban haciendo. Además doné a las inferiores parte de lo que me tocaba, porque siempre creí que el club se basa en los jugadores que vende.

-Si bien lo económico no está del todo resuelto, hoy la realidad institucional es otra.

-Si, al club lo veo ordenado. La dirigencia está arreglando las instalaciones y haciendo las cosas muy bien. Con la otra gestión venía sólo cuando jugaba con los veteranos y en el vestuario los techos se caían. Fue triste ver a River cuatro años así.

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