Julián Speroni es el ídolo máximo de Crystal Palace, equipo de la Premier League. Surgió de Platense, donde atajó apenas dos partidos y quedó libre. Emigró al fútbol de Escocia en 2001 y desde 2004 integra el equipo del sur londinense, reciente finalista de la FA Cup, donde alcanzó el récord de presencias. Tiene un restaurante que lleva su nombre y los hinchas lo aman, pero es un desconocido en nuestro país. La increíble historia de este ex vecino calamar que a los 21 años pensó en abandonar el fútbol.

 

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

 

“Los jugadores van y vienen, las leyendas viven para siempre. Una es Julián Speroni”. Los 140 caracteres de Twitter obligaron a Andy, un aficionado inglés, resumir en pocas pero palabras lo que significa para él este ex vecino de Saavedra. Speroni acaba de convertirse en el arquero con más presencias en la historia de Crystal Palace: el 15 de mayo último alcanzó la marca de 388 partidos en los 12 años que lleva en el club, al igual que John Jackson. También el tercer guardameta del fútbol inglés con más partidos jugados en un mismo club y el primero entre los extranjeros. Los hinchas de las Águilas, como le dicen al Crystal Palace, lo eligieron cuatro veces mejor jugador del año (2008. 2009, 2010 y 2014) y hasta le dedicaron una canción. Julián dice que el club es “su lugar en el mundo” y resulta fácil creerle.
Gracias a su hermano, lo ubicamos a través de WhatsApp. Nos sorprendió la rapidez de su respuesta. Al día siguiente, en el atardecer londinense, dialogamos durante una hora. Si Speroni tiene cara de bueno, su manera de hablar lo confirma. Lleva 15 años jugando en Europa, 12 de ellos en las ligas inglesas (ocho en la Footbal League Championship y cuatro en la Premier League, es decir segunda y primera división respectivamente), pero sigue siendo un pibe de barrio. Responde con humildad y se asombra cuando le contamos que en 2014 el célebre periodista John Carlin le dedicó una columna en el diario El País: “Sin la brillantez y valentía de Speroni, sin el ejemplo que ha ofrecido a sus compañeros, el Palace no sería el equipo con los segundos mejores números en defensa en la Premier”, elogió el autor de El factor humano.

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No lo sabíamos, pero la noche siguiente a la entrevista Julián tenía partido en Old Trafford. “Speroni es titular esta noche. Todo está bien en el mundo una vez más”, escribió el periodista deportivo Dan Gibbs. Manchester United derrotó a Crystal Palace 2 a 0 pero el ex vecino de Saavedra fue la figura excluyente, evitando no menos de media docena de goles. No atajaba desde el 9 de mayo de 2015, pero no se notó. Jules, como suelen decirle los fans, volvió a tener la chance el 15 de mayo ante Southampton, en lo que fue derrota 4 a 1 del Palace. Y ocupó el banco de suplentes seis días más tarde en la final de la FA Cup, el torneo de fútbol más antiguo del mundo, en el que Crystal Palace estuvo a menos de 10 minutos de derrotar al Manchester United (el equipo más importante de Inglaterra), coronarse campeón y clasificarse, por primera vez en su historia, a la Champions League. Hubiera sido la cereza en la torta de Julián Speroni, quien había cumplido 37 años apenas tres días antes.
Sin embargo, a pesar del respeto, admiración y cariño que se ganó en una de las ligas de fútbol más importantes del mundo, Julián Speroni es apenas conocido en nuestro país. Su nombre jamás sonó en una convocatoria a la selección argentina, cuando arqueros con menos méritos se ganaron el derecho a integrar un plantel mundialista, ni suele aparecer en las noticias deportivas. Sabemos que no lo necesita, pero sí se merece un homenaje público en su barrio: Saavedra. Ese es el propósito de esta entrevista.

 -En el último año jugaste poco.
-Sí, tuve la mala suerte de lesionarme una semana antes de que arrancara el campeonato. Me desgarré un ligamento de la mano derecha y eso llevó un tiempo de recuperación.

-¿Cómo es tu relación con el DT Alan Pardew, otra gloria de Crystal Palace? En la prensa inglesa dan a entender que estás tercero dentro de sus preferencias.
-Me llevo muy bien con él. Me pongo en su lugar y debe ser difícil empezar a hacer cambios cuando el equipo viene jugando tan bien. Hay que saber entender la situación, ser paciente y estar preparado para cuando llegue la oportunidad de volver a jugar. Yo hablé con él y me dijo que todos estamos en la pelea, que ninguno está descartado. Hay tres arqueros profesionales en el plantel: el que se merezca jugar, lo hará. Él le está respetando la chance al chico que está atajando. Es el arquero de la selección galesa (N. de la R.: Wayne Hennessey). Cuando el equipo no está en una buena racha la gente empieza a pedir que vuelva yo.

-Sos una bomba de tiempo en el banco de suplentes…
-(Risas) Hay que ponerse en el lugar del entrenador.

-Me imagino que la bandera “Manos de Dios”, que te dedicaron los hinchas, está todavía en la tribuna, ¿no?
-Sí, eso fue algo increíble. Me la hicieron cuando cumplí 250 partidos y la pusieron en uno de los córners del estadio. Cuando salí a la cancha ese día no me lo esperaba, pensé que iba a ser algo chiquito. Encima usaron esa frase, que para ellos es poco cómoda porque recuerda el gol de Maradona a los ingleses. Fue algo que me emocionó.

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-¿Ya renovaste tu contrato con el club?
-Sí, sigo hasta junio de 2017. Estuve reunido con el manager y el entrenador y me dijeron que están muy contentos conmigo, más allá de que no estoy jugando en este momento. Saben que pueden contar conmigo porque esta es mi casa. Me gustaría retirarme jugando para el Crystal Palace. Cuando el dueño del club me ofreció renovar el contrato, para mí fue una decisión muy fácil. Estoy acá hace 12 años y muy cómodo. No sólo con el club y con los hinchas sino también con mi familia. Estoy con mi mujer y mis dos hijos (N. de la R.: Un nene de siete años y una nena de un año y medio).

-Se nota que el club es como una gran familia.
-Sí, conozco a todo el mundo. Desde los que atienden la cantina hasta los dueños. Desde que estoy en el club pasamos por muchas cosas. Cuando llegué estábamos en la Premier League, después descendimos, el club fue intervenido y estuvo a punto de desaparecer en 2010. Volvimos en 2013. Pasé por todo.

-Tenés una historia de película. ¿Lograron estabilizarse ahora?
-Antes de esta racha en la Premier, el club era como un yo-yo, porque ascendía y descendía. No podía mantener la categoría. Este año la gente está un poco desilusionada porque pretendíamos terminar más arriba. Arrancamos la temporada pensando en clasificar a las copas europeas y terminamos abajo. No tenemos problemas con el descenso, pero el potencial del equipo da para mucho más. Es un poco una desilusión.

-¿Te ves jugando un tiempo más?
-Sí, por supuesto. Igual no soy un jovencito, tengo 37 años, pero me siento muy bien físicamente. Me comparo con otros arqueros y creo que estoy compitiendo en el mismo nivel y hasta en algunos casos mejor. Entonces digo, ¿por qué dar un paso al costado?

-¿Sentís que te llegó tarde la posibilidad de jugar la Premier League?
-Me hubiese gustado jugarla antes porque me hubiera abierto las puertas de otros sueños que tenía, por ejemplo jugar en la Selección Nacional. Estando en la segunda división es muy difícil que a uno lo miren aunque hagas un muy buen papel, porque Argentina tiene jugadores en las mejores ligas del mundo. Entonces me llegó un poco tarde la chance de subir a la Premier League. Pero la estoy disfrutando al máximo.

-¿Coincidís con que es la mejor liga del mundo?
-Para muchos lo es. No tuve la oportunidad de jugar en otras ligas. Estuve prácticamente toda mi carrera jugando en el Reino Unido: primero tres años en Escocia y después 12 años en Crystal Palace. Esta liga es un sueño. Ir a estadios como Old Trafford, jugar contra equipos como Manchester City o Arsenal…

-Imagino que tendrás ganas de quedarte a vivir allá entonces…
-El dueño del club quiere que yo siga involucrado con la institución en un futuro, ya sea como entrenador o como “embajador”. Sabe lo que yo siento por este club y no quiere que perdamos ese contacto tan lindo que tenemos. A mí me gustaría seguir ligado. Obviamente, uno nunca sabe a dónde te va a llevar tu carrera o qué puede pasar de acá al año que viene. A mi edad firmo contratos sólo por una temporada, porque no se sabe qué puede pasar.

-¿Cómo son los hinchas ingleses?
-Tienen mucho temperamento, pero se termina una vez que finaliza el partido. Se van a su casa quejándose si el equipo no jugó bien, tienen su opinión, pero no deja de ser un espectáculo. No lo toman como una cuestión de vida o muerte. Pudiste haber perdido el partido, pero a la salida te piden autógrafos. El hincha viene con sus hijos y disfruta. Inglaterra ha tenido sus problemas en el pasado con los hooligans y los han erradicado completamente. ¿Por qué no podría pasar en Argentina? Se ve como algo lejano, pero tengo esperanzas de que algún día podamos llevar a nuestros hijos a ver un partido con la tranquilidad de que vas a ver un espectáculo y nada más.

-¿Te considerás el máximo ídolo del Crystal Palace?
-Es difícil contestar esa pregunta, tendrías que preguntarle a los hinchas por qué llegamos a esta relación. Hubo momentos cruciales en la historia del club, como el 2010, que quedaron en la memoria del hincha. También cuando el club fue intervenido, yo me podría haber ido a cobrar dinero a otro equipo y sin embargo preferí quedarme porque siempre disfruté lo que estaba haciendo. Preferí lucharla y apoyar al club. Para el hincha, esa lealtad no tiene precio.

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-Tenés una altura relativamente baja para el común de los arqueros de la Premier League. ¿Te obligó a duplicar tus esfuerzos para convencer a los entrenadores?
-Tenés razón en lo que decís, luché mucho acá con eso porque al inglés le gusta el arquero alto. Para ellos, tienen que medir dos metros. Desde un principio remé contra eso. Cada entrenador del club tuvo dudas de mí porque no me veían como el prototipo de un arquero. Para ellos, 1,86 metros, que es lo que mido yo, es una estatura baja. Entonces tuve que convencer a cada DT de que yo era lo suficientemente bueno. Desde chico trabajé la fuerza de piernas, la explosión, para compensar la falta de altura.

-Si tuvieras que comparar al Crystal Palace con algún equipo de Argentina, ¿cuál sería?
-Estoy bastante desenchufado del fútbol argentino, porque acá no se ve mucho. Si no me quedo despierto hasta tarde, no lo puedo ver en la tele. La diferencia horaria te mata. Pero volviendo a tu pregunta, nuestro estadio, por ejemplo, tiene capacidad para 28.000 espectadores y está lleno todos los partidos.

-Es un club popular, entonces.
-Y, acá en Londres tenés a los grandes: Arsenal, Chelsea y Tottenham. West Ham es un club muy parecido al nuestro. Está Fulham también, que está pasando un momento difícil porque bajó de categoría. Lo que pasa es que Crystal Palace tiene un potencial muy grande al estar al sur de Londres, porque no hay otro club en esta zona. Recién a 100 kilómetros o más están Portsmouth o Southampton. Entonces toda la zona sur de Londres la acapara el Crystal Palace y por eso mismo los dueños están buscando un lugar para hacer un nuevo estadio con capacidad para 40.000 personas.

-¿Cuáles son los rivales clásicos del Palace?
-El Charlton, que es un club que también está cerca, y el West Ham. De la historia reciente, uno de los rivales más feroces que tiene el Palace es el Brighton, que está por subir a la Premier League. Si le preguntás a nuestros hinchas cuál es el equipo que más odian, te van a decir que el Brighton.

-Yendo a tus orígenes, dejaste el país en el 2001. ¿Hasta ese año tu vida transcurría en Saavedra?
-Si, después me fui para Escocia. Mi hermano vive a cinco cuadras del parque.

-Una zona muy calamar. ¿Qué recordás de tu paso por Platense?
-Empecé muy jovencito, cuando tenía nueve años, y después pasé un año a Excursionistas. Estuve un tiempo en las inferiores de River y a los 16 volví a Platense. Ahí mi carrera explotó. A esa edad tuve un paso por las selecciones juveniles que dirigía José Pekerman. En Platense debuté a los 19 años, cuando estaba en el Nacional B, pero jugué solo dos partidos. Tuve un momento difícil porque quedé libre. Pensé que me iba a resultar sencillo encontrar un club y la verdad es que no fue así.

-¿Es en ese momento que se te ocurre promocionarte a través de videos en VHS?
-Sí, exactamente. Terminé entrenando solo en el Parque Saavedra. Te lo pueden contar amigos míos que me veían corriendo y dando vueltas por el Parque. Ahí me dije que quería continuar y lograr mi objetivo. Entrenaba la parte física porque, al estar solo, con pelota no podía hacer nada. Hasta que, después de casi un año de entrenarme solo, un amigo que estaba con Futbolistas Argentinos Agremiados me dijo que fuera con él a entrenar. Yo no quería ir, por una cuestión de prejuicio quizás. Sentía que iba a ser peor entrenar con ellos y la verdad es que me equivoqué. Tendría que haber ido antes. En ese momento, a nuestro grupo lo entrenaban Charly Carrió y Carlos Barisio. Estuve unos cuatros meses con ellos y pude retomar el camino. Al mismo tiempo, empecé a mandar VHS a los clubes, porque no tenía representante.

-¿Nadie te asesoraba?
-En realidad uno de esos videos, por intermedio de un representante argentino en Italia, llegó a manos del técnico y mánager del Dundee de Escocia (N. de la R.: En ese club jugaron, entre otros, Claudio Caniggia y el Beto Carranza). Estaban buscando un arquero joven, les gustó el video y me llamaron para que fuera. Firmé contrato y ahí empezó mi carrera en el Reino Unido. Antes se me había dado una pequeña oportunidad en Independiente, pero decidí irme para Escocia.

-¿Creés que si no hubieras tenido la iniciativa de mandar videos y gestionar tu carrera hoy serías un ex jugador de fútbol?
-Y, ¿por qué no? Los videos me dieron la chance de que por los menos vean quién era yo y cómo atajaba. Igual, siempre somos los mejores en los videos. No vas a poner los goles que te hacen. Pero los entrenadores de arqueros enseguida se dan cuenta si tenés condiciones. Eso hizo que me dieran la oportunidad.

-También sumale tu carácter. En tu lugar, otro jugador se hubiera rendido.
-Sí, y te digo que, cuando estaba en los momentos difíciles, muchas veces se me pasó por la cabeza decir basta, hasta acá llegué. Pero el sueño de jugar en Primera fue más fuerte que cualquier otra cosa. La luché hasta que se dio la oportunidad.

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-No hay en la historia muchos arqueros argentinos que triunfaran en el Reino Unido. ¿Sentís que fuiste pionero en ese sentido?
-Sí, hubo muchos jugadores extranjeros que vinieron pero no pudieron hacer un buen papel. Pero sacando el tema del juego, muchos no lograron adaptarse al lugar o no aprendían el idioma. Eso hizo que a muchos entrenadores ingleses no les gustara tener jugadores extranjeros en sus clubes. Yo me adapté muy bien desde el primer minuto. En Escocia me costó aprender el idioma los primeros años, porque el acento es bastante difícil. Una vez que me vine para Crystal Palace se hizo todo más fácil y siempre lo disfruté. Sacando el clima, ya que llueve mucho, es un lugar hermoso para vivir.

-¿Tenías prejuicios respecto a la personalidad de los ingleses?
-Yo crecí en Argentina y hay un odio contra el inglés que tiene que ver con la estúpida Guerra de Malvinas. Los ingleses saben que fue una guerra que nunca debió haber sucedido. No veo un odio del inglés hacia el argentino, al contrario. Desde que llegué me han tratado como a uno más y me siento uno más. Mis dos chicos nacieron acá, son ingleses. Me siento parte de esta sociedad. Este país me ha dado absolutamente todo. Me abrió las puertas cuando yo no era nadie. Soy un eterno agradecido.

-¿Saavedra sigue ligado a tus afectos?
-Saavedra está en mi sangre, yo nací ahí. Eso no lo perdí, llevo el recuerdo con mucho cariño. Es mi juventud, mis años de adolescente. Ahora no puedo ir tanto por el colegio de mis hijos, pero cada vez que voy a Argentina paso por el Parque Saavedra y tengo tantos recuerdos… Caminar por Saavedra me pone la piel de gallina.

-Fuera del ambiente del Crystal Palace, ¿te considerás un jugador respetado en la Premier League?
-En estos últimos meses en los que no estuve jugando me di cuenta de que hice una carrera importante de la que me tengo que sentir orgulloso. Mi teléfono no paraba de sonar. Me llamaban colegas y entrenadores de arqueros para peguntarme por qué no estaba jugando. También clubes que me querían llevar a sus equipos. La respuesta que tuve de gente que no tiene nada que ver con Crystal Palace fue increíble. Fue un reconocimiento a mi esfuerzo, trabajo y trayectoria. Me llenó de orgullo.

-En la Premier League te codeás con los grandes jugadores del fútbol mundial ¿Podrías contar alguna anécdota que hayas compartido con ellos?
-Una vez, cuando jugamos contra Chelsea de visitante, después del partido vino a felicitarme su arquero, Petr Èech. Yo sabía que tocaba la batería y le dije que un día nos teníamos que juntar. ¡Y se volvió loco! Él es fanático del rock como yo. Después fue al vestuario, me dejó su camiseta y su número de teléfono para que lo llamara y nos juntáramos a tocar. Todavía está pendiente la reunión…

-Cuando dejen el fútbol pueden armar una banda…
-(Risas) Cuando tengamos más tiempo y estemos más tranquilos, nos podemos juntar.

-¿Cuál es tu reflexión después de tantos años de carrera?
-No me arrepiento de nada, ni de ninguna decisión que tomé. Igual, no te voy a mentir: me hubiese encantado jugar la Champions League y con la selección argentina y no pude llegar a eso. Me quedaron cosas pendientes, sí, pero te aseguro que no estoy disconforme con mi carrera. Jugué más de 500 partidos en primera, tuve una trayectoria increíble en este club… No me puedo quejar. Voy a disfrutar hasta que el cuerpo no me dé más. Con un poquito de suerte y si Dios quiere, faltan varios años para eso.

-Tenés otro récord curioso: dos restaurantes de Londres llevan tu nombre…
-Sí, cuando llegaron los dueños nuevos quisieron abrir una cantina dentro de las instalaciones del Palace. Yo en ese momento estaba en Argentina y me mandó un mail la secretaria del club para preguntarme si le podían poner mi nombre. Pensé que me estaban cargando, pero no. Me querían homenajear poniéndole mi nombre al restaurante. Es un orgullo para mí. Después, por mi lado, tengo un restaurante cerca del club. Pero es un negocio privado, no tiene nada que ver con el Palace. Lleva mi nombre y tiene fotos mías, pero puede ir a comer alguien al que no le gusta el fútbol. Los hinchas van mucho, sobre todo los sábados después de los partidos.

La entrevista llega a su fin y Julián, con algo de timidez, me pide un favor: “Si se puede, si no te complica mucho, ¿no nombrarías a mi vieja, a mi hermano y a mi sobrino en algún pedacito del periódico? Se van a poner contentos. Ellos siguen viviendo en Saavedra. Mi mamá se llama Noemí, mi hermano Ezequiel y mi sobrino Felipe”.

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