Producto de la fusión de la Unión Vecinal Pro-Fomento Agronomía y la Biblioteca Popular El Resplandor en el Abismo, la Sociedad Agronomía y Biblioteca El Resplandor se transformó en un punto de encuentro para los vecinos de Parque Chas y sus alrededores. Nueve décadas después, siguen disfrutando de sus actividades recreativas y culturales.

Por Javier Perpignan
jperpignan@periodicoelbarrio.com.ar

Hace noventa años, Parque Chas estaba conformado por casas bajas con grandes fondos, familias de inmigrantes de clase media baja y los famosos hornos de ladrillos. Aquel incipiente barrio, que durante muchos años formó parte de Agronomía, vio nacer al club S.A.B.E.R. producto de la fusión de una biblioteca y un club.
Efectivamente, el 1 de diciembre de 1926 un grupo de jóvenes fundó la Unión Vecinal Pro-Fomento Agronomía que, con sede en Llerena 3163, tuvo como objetivo impulsar mejoras edilicias y lograr la llegada de los servicios públicos a una zona por entonces marginal. Dos años más tarde, en el fondo de una casa de Campillo 2863, cinco amigos decidieron aportar cinco pesos cada uno para crear la Biblioteca Popular El Resplandor en el Abismo, que respondía al título del libro de Henri Barbusse, un pensador revolucionario francés, que reflejaba el espíritu socialista y anarquista de los jóvenes de la época.
El objetivo era claro: mediante la lectura y el estudio, propender a la elevación cultural e intelectual del pueblo así como también solicitar a quien corresponda las mejoras y aspiraciones del vecindario desde una entidad abierta a toda persona sin distinción de edad, sexo, nacionalidad, creencias y color. Aquellos inquietos muchachos eran Francisco AbaloMiguel CasalnuovoEmiliano EstebanJuan Parían y Cristóbal Romero, quienes se vieron obligados, luego del Golpe de Estado de 1930, a quitar “en el abismo” de su flamante emprendimiento.

Un equipo de básquet de los años 50.

Un equipo de básquet de los años 50.

De la unión nace el S.A.B.E.R.
La Unión Vecinal y la Biblioteca Popular se fusionaron en 1936 y, luego de varias denominaciones, se constituyeron como Sociedad de Fomento Agronomía y Biblioteca Popular El Resplandor -de allí su acrónimo S.A.B.E.R.- en la calle Llerena 2727. Su actual presidenta es Susana Borda, una docente que desde principios de la década del ochenta colabora con el club. “S.A.B.E.R. tiene como particularidad que siempre estuvo ligado a la cultura, la charla y la conferencia. Podemos decir que el club se desarrolló alrededor de la biblioteca”, rescata Borda.
Como toda entidad de la Ciudad de Buenos Aires, su desarrollo no estuvo exento a los vaivenes que sufrió el país: “En algún momento los clubes de barrio tuvieron una presencia preponderante -grafica Borda-. Cuando me encuentro con los vecinos, siempre me recuerdan sus anécdotas personales vinculadas al club, porque el que no se casó aquí venía a ver teatro o jugar al básquet. Aquí se formó uno de los primeros equipos de básquet femeninos; a las chicas no le dejaban ponerse las babuchas para que no se les viera las piernas. En 1976, como siempre había alguna militancia, la persona que estaba a cargo del club sufrió un atentado con una bomba que le colocaron en la biblioteca. Después, en los noventa, el club se vació. Sin embargo, sostengo que S.A.B.E.R. es Luna de Avellaneda al revés. Aquí los socios siguieron viniendo e incluso aportaron dinero de sus bolsillos para mantenerlo, hasta que de a poco empezamos a insertarlo de nuevo en la sociedad. Hoy la gente se acerca al club para desarrollar actividades”.
Los noventa años encuentran a S.A.B.E.R. en pleno apogeo. Con 500 socios efectivos, más una incesante cantidad de vecinos que se acercan a disfrutar de la variada oferta de actividades recreativas y culturales o leer alguno de los 3.500 ejemplares con que cuenta la vieja biblioteca, sigue siendo el punto de encuentro para la gente de Parque Chas.
Desde luego, el espíritu solidario y militante de sus fundadores perdura entre sus socios, quienes se ofrecieron desinteresadamente a prestar su ayuda ante los recientes tarifazos que ponen en jaque a los clubes barriales. “Nosotros pagábamos 600 pesos bimestrales y la factura nos saltó a 3.000 por mes aún siendo una sociedad de fomento -relata Borda-. Salimos a batallar el tema en los medios, porque nos desnivela totalmente el presupuesto. Este problema reavivó la vieja militancia. Muchos papás se acercaron ofreciendo sus servicios de contador o abogado”.

Uno de los primeros sellos del club, cuando todavía se llamaba “El resplandor en el abismo”.

Uno de los primeros sellos del club, cuando todavía se llamaba “El resplandor en el abismo”.

Militancia por el compromiso
Susana Borda colabora con el club desde muy joven. A principios de los años ochenta, luego de su trabajo como docente en una escuela secundaria de la zona, comenzó dedicando parte de su tiempo a atender la biblioteca: “Mi ex suegro era tesorero y yo era profesora de un colegio secundario -rememora-. En esa época la biblioteca estaba adelante y me pidieron si podía colaborar. Así empezó mi vínculo con el club: a veces pude estar más tiempo, otras menos. En una de esas tantas crisis, me pidieron si podía hacerme cargo y desde 2006 soy la presidenta”.
A pesar de todas las vicisitudes, Borda mantiene el mismo entusiasmo que en el principio: “Este aniversario nos encuentra pujantes, con muchas actividades y sobre todo muchas familias. Como hay muchas construcciones nuevas, se renuevan los vecinos que se acercan con a sus hijos para realizar alguna actividad. ¿Hasta cuándo seguiré? Mientras los socios más antiguos me lo pidan, estaré. Esta actividad se hace por gusto, porque todo es ad honorem. Además tenemos un fuerte compromiso social, porque si no estás comprometido con tus principios y la sociedad no se puede hacer. Es tiempo que le quitás al descanso, a la familia. Siempre se está a full. Pero cuando ves que las cosas van cambiando y la función social de rescatar a los chicos de la calle se está cumpliendo, queda una satisfacción muy grande porque el objetivo se lleva a cabo. Muchos vecinos rescatan que S.A.B.E.R. tiene una particularidad: la participación y el compromiso con la comunidad. Es un club abierto a las necesidades del barrio”, concluye emocionada Borda.

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