Alejandro Fensore, historiador y presidente de la institución, lamenta que los jóvenes hayan perdido el hábito de la lectura, pero afirma que “los libros nunca pasarán de moda”. También cuestiona a Sarmiento y reflexiona sobre la historia argentina: “La confrontación es una de las causas de nuestro atraso”. El origen del rincón cultural de Bucarelli 2583.

Por Tomás Labrit
tlabrit@periodicoelbarrio.com.ar

Alejandro Fensore abre la puerta del salón principal de la Biblioteca Popular Sarmiento y se percibe, inconfundible, el olor a libro. El ambiente está desierto pero atestado de placares con volúmenes de los más diversos temas: Historia, Literatura, Filosofía, Ciencias Económicas. Algunos de esos tomos, verdaderas reliquias literarias, no son consultados desde hace una década y parecen estar condenados al ostracismo.
Es que, a la hora de estudiar o investigar, los jóvenes encuentran resueltas sus inquietudes en el celular o la computadora, por lo que resulta inédito acudir a una biblioteca en busca de material. La lucha entre la pantalla y el papel es desigual y aparenta estar sentenciada, pero Fensore todavía no se resigna. “Los libros nunca van a pasar de moda -jura el historiador y presidente de la Biblioteca Sarmiento-. Por supuesto que no va a existir el auge de antes, como en las décadas del 30 y 40, cuando se llenaba la biblioteca. No desprecio los otros formatos de lectura, pero el libro corpóreo, que se puede oler y pasar sus páginas, nunca va a morir”.

El centenario
La Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento fue fundada el 7 de octubre de 1917 en una oficina ubicada en la calle Roosevelt que pertenecía a la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Originalmente, se llamaba Biblioteca del Carmen y en sus anaqueles contaba con apenas 200 libros. Por cuestiones organizativas y gracias al esfuerzo de los vecinos, en 1930 se mudó a una tradicional casa chorizo de Bucarelli 2583, donde funciona desde entonces.
Uno de los padrinos del edificio, que brindó la conferencia inaugural, fue Pablo Pizzurno, célebre educador argentino. Allí también disertaron los historiadores José Pacífico Otero y Enrique de Gandía, fundadores del Instituto Nacional Sanmartiniano, y el historiador urquicense Luis Alposta. Y en la sala principal alguna vez estuvo tocando milongas Edmundo Rivero. Actualmente, el lugar cuenta con 30.000 volúmenes en sus vitrinas, lo que la convierte en una de las bibliotecas populares más importantes del país. Incluso llegó a tener más de 80 mil pero, por falta de espacio, el caudal se fue redujendo y se donó a bibliotecas y escuelas rurales del interior del país.
“Tenemos libros de principios de siglo XX e incluso anteriores, como la primera edición de Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana escrita por Bartolomé Mitre. También hay una importante colección de la revista Caras y Caretas, que data de las primeras décadas de 1900, y muchas obras teatrales”, se enorgullece Fensore, quien preside ad honorem la institución desde 2015 a la par de su trabajo en el Poder Judicial.
Aunque suene paradójico, esta biblioteca no vive de los libros: su principal sustento económico son los alquileres que pagan los talleristas. En el lugar se dictan clases de coro, teatro, yoga, danza, oratoria, inglés gratuito, historia y, recientemente, de tango. También colabora el Rotary Club de Villa Urquiza, que utiliza sus instalaciones como sede, y está en trámite el cobro de un subsidio de la CONABIP, organismo nacional que regula a las bibliotecas populares.
“Si de vez en cuando viene alguien a leer, es mucho. Lo que sí funciona muy bien es la biblioteca circulante, que por 30 pesos mensuales te permite llevar dos libros cada 15 días y luego renovarlos -cuenta Fensore, miembro académico belgraniano y ex columnista de la revista Todo es historia-. Los chicos leen mucho en soporte digital, en especial los blogs, pero no leen libros. Y si lo hacen, leen los que están de moda, como Cincuenta sombras de Grey. Es difícil que lean un clásico, como Borges o Bioy Casares; hay que machacar mucho ahí. Se lee pero lo efímero, porque vivimos en una época de inmediatez. En general, no hay mucha pasión por la lectura y eso se traduce en la escritura”.

-¿Cuál es su análisis sobre la educación en la actualidad?
-En la época de Sarmiento y posteriores, éramos de los primeros países en el mundo y ahora no sé en qué puesto estamos. El nivel de la educación es malísimo, sobre todo en la escuela secundaria, donde no se está fomentando la lectura. La primaria todavía es un bastión que se defiende, pero que debe mejorar en muchos aspectos. En cuanto a la historia, la enseñanza ha mejorado mucho pero todavía le falta. Yo soy revisionista y hay mucho de la historia oficial con lo que estoy en desacuerdo. En las escuelas hay muchas omisiones, aunque los chicos por Internet se pueden avivar de quién era Rivadavia y qué fue el empréstito del banco Baring Brothers. Todavía hay maestros que siguen enseñando mal algunas cosas.

El historiador Alejandro Fensore preside ad honorem la institución desde 2015, a la par de su trabajo en el Poder Judicial.

-El prócer que le da nombre a esta biblioteca es admirado pero también cuestionado. ¿Quién fue realmente Domingo Faustino Sarmiento?
-Destaco lo bueno que hizo para la historia pero soy muy crítico con lo que se equivocó. Lo admirable es que fue un maestro autodidacta, no un profesional. Él quiso acceder a becas pero no pudo porque era pobre y no tenía contactos, entonces se tuvo que hacer solo. Su autodidactismo lo llevó a ser Presidente de la Nación, Doctor Honoris Causa de la Universidad de Michigan y, algo que figura en los libros pero no se dice mucho, a ser presidente honorario del Senado de los Estados Unidos. Cuando fue Inspector General de Escuelas promovió la educación como nadie. Fundó muchas escuelas y escribió el manual Educación popular, donde explica la infraestructura que debe tener un colegio. También reconozco al Sarmiento escritor, que tenía una pluma genial. Se puede estar de acuerdo o no con su postura, pero Facundo, Recuerdos de provincia y Argirópolis son libros exquisitos. Lo que sí condeno de Sarmiento es su racismo. Por ejemplo, en una carta le dice a Mitre que no ahorre sangre de gaucho porque sirve como abono para la tierra. También tenía un tinte de antisemitismo. Cuando estaba exiliado, abogó para que la Patagonia y el Estrecho de Magallanes fueran para Chile porque decía que el mal que aqueja a la Argentina es la extensión. También aplaudió las invasiones inglesas a Buenos Aires y Malvinas, porque consideraba que los ingleses eran la civilización. Eso es algo que no se lo perdono. Sarmiento era un hombre de fuertes contradicciones, pero no dejo de reconocer lo bueno que hizo. De hecho, fue el impulsor de la ley que creó las bibliotecas populares, así que le tenemos que agradecer.

-La historia argentina parece repetirse constantemente. Por ejemplo, en las elecciones se sigue hablando de fraude, como sucedía en el período conservador o la “década infame”. Y en economía pasamos períodos de crisis, luego de estabilidad, una nueva crisis y así sucesivamente. ¿Llegaremos a una síntesis superadora algún día?
-Estoy de acuerdo con una frase del historiador Felipe Pigna, que dice que la historia no se repite, sino que continúa. Lamentablemente, se aplican recetas que en el pasado fracasaron, algo que en economía vemos constantemente. Creo que eso tiene que ver con que nuestros gobernantes no saben de historia. Dicen que leen pero, si lo hicieran, no cometerían todas las torpezas que cometen contra el pueblo. Y hablo de todos los presidentes en general. Con respecto al voto, las denuncias de fraude son viejas. Supresión de boletas, robo de urnas, documentos falsificados, ejércitos enteros que van a votar por la fuerza… Esas costumbres estuvieron presentes en toda nuestra historia.

-Argentina no padeció las guerras mundiales. Tampoco tiene grandes problemas étnicos, raciales ni religiosos y la riqueza natural de su territorio es increíble. ¿Por qué estamos como estamos?
-Nuestra historia siempre ha sido una especie de River-Boca. Revolucionarios y españolistas, unitarios y federales, rosistas y anti rosistas, peronistas y radicales… Todo el tiempo fue una historia de antinomias, en donde estuvimos ocupados en pelearnos entre nosotros. Otros países han tirado todos juntos para adelante, como Estados Unidos cuando se independizó de Inglaterra. Nosotros estuvimos constantemente enfrascados en luchas internas y además hemos mirado demasiado para afuera en vez de mejorar lo que tenemos. Todavía seguimos hablando de la década del 70: fue terrible lo que pasó, pero es una herida que debería cicatrizar. Hay que empezar a dejar atrás ciertas cosas y mirar hacia el futuro. Creo que el argentino se queda demasiado en el pasado para hablar de lo malo y no rescatar lo bueno. Debemos ser uno de los pocos países en el mundo que cuestionamos al Padre de la Patria, José de San Martín, al que últimamente se lo trata de agente inglés y traidor. Hasta a Belgrano se lo ha llegado a discutir. La constante confrontación es una de las causas de nuestro atraso.

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