Dos comercios de Av. Congreso y Ceretti desafían el paso de los años. Están separados por diez metros de distancia y se ubican dentro de la zona periférica de Villa Urquiza conocida como La Siberia. Uno es un kiosco, que está activo desde 1965 y antes funcionaba como librería, juguetería y mercería. El otro, de antigüedad centenaria, es un taller de compostura de calzado que ofrece “salvar” tus zapatillas.

Cuenta la leyenda que fue Carlos Gardel quien, al observar lo despoblado del lugar, lo comparó con la inhóspita región rusa. “Esto se parece a La Siberia”, le habría dicho a uno de sus guitarristas, mientras contemplaba el paisaje desde la esquina de Monroe y Triunvirato. Corría el año 1933 y el Morocho del Abasto acababa de finalizar una de sus cuatro presentaciones en el Cine Teatro 25 de Mayo, un acontecimiento artístico que marcaría un hito en la historia de Villa Urquiza.
Sea verdadera o no esta versión, lo cierto es que con el paso del tiempo se comenzó a llamar con ese nombre al sector periférico del barrio delimitado por Av. Congreso, Crisólogo Larralde (ex Republiquetas), Díaz Colodrero y Av. de los Constituyentes. Se trata de un rincón pintoresco, con casas bajas y un ritmo de vida apacible, donde todavía reina el silencio y se conservan costumbres de antaño.

Este taller de compostura de calzado, situado en Av. Congreso y Ceretti, sobrevive al paso de los años.

Volver al pasado
Descubrimos que en esta zona hay una esquina que desafía el paso del tiempo y se mantiene casi inalterable. Se trata de la intersección de Av. Congreso y Ceretti, donde sobreviven dos comercios con su fisonomía original. Uno es un kiosco, emplazado justo en la ochava, que originalmente funcionó como librería, juguetería y mercería. Data del año 1965, aunque es probable que el local sea aún más añejo.
Dialogando con su dueño, mientras barre hojas mustias en la vereda, nos cuenta que el lugar se conserva tal cual fuera abierto hace 54 años y desde entonces no experimenta ningún cambio edilicio. Además de golosinas y cigarrillos, hoy se puede conseguir allí ropa y películas en DVD.
El segundo comercio congelado en el tiempo, separado del kiosco por unos diez metros de distancia, es un taller de compostura de calzado. “El local es centenario”, asegura Esteban, su dueño, y recuerda que antes funcionaba allí un almacén. Este particular negocio está en actividad desde hace 40 años y, según se puede leer en su folleto publicitario, se dedica al arreglo de zapatillas, marroquinería, reformas de todo tipo y cambio de lonas. “¡Salve sus zapatillas!”, remata el anuncio, con una tónica similar a las publicidades gráficas del siglo pasado.

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