La denominación, propuesta por los diputados Roy Cortina y Hernán Arce, contó con una unánime adhesión durante una audiencia pública. Sorprendió el testimonio de Hugo Campos, ahijado del creador del estatuto docente, quien reveló un conflicto judicial con Daniel Bravo por querer desalojarlo junto a su madre de la casa que habitaron por más de 40 años.

El pasado 6 de marzo se llevó a cabo una Audiencia Pública en la Legislatura de la Ciudad para promover la denominación de “Callao-Maestro Alfredo Bravo” a la actual estación Callao de la Línea B de subtes. Una veintena de participantes manifestó su adhesión a la iniciativa de los diputados Roy Cortina -Vicepresidente 3º del parlamento porteño- y Hernán Arce (PS), que tuvo aprobación inicial el 7 de diciembre pasado.
Varios coincidieron en destacar que la estación de subte está situada a pocos metros de la sede de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), sita en Av. Callao 569. Alfredo Bravo fue uno de los fundadores y máximos referentes de la entidad creada en el año 1975, meses antes del golpe de Estado, como espacio multisectorial en el que confluyeron dirigentes políticos, intelectuales, sindicales y religiosos en defensa de la vida y la dignidad de las personas.
Vecino de Saavedra, Bravo fue un dirigente socialista nacido en Entre Ríos pero que hizo la mayoría de su carrera en la Ciudad de Buenos Aires. En su rol de maestro, redactó el Estatuto del Docente y creó el sindicato CTERA. En 1977 fue secuestrado por la dictadura militar y liberado dos años después. Durante el gobierno de Raúl Alfonsín fue designado Subsecretario de Educación, cargo al cual renunció por la Ley de Punto Final y la Obediencia Debida.
No es el primer homenaje que la sociedad le tributa al docente. En 2013 la Legislatura de la Ciudad sancionó la ley que impuso el nombre de “Maestro Alfredo Bravo” a la plazoleta ubicada entre Vilela, Mariano Acha y la Av. Ricardo Balbín, a metros de su casa. El predio, de forma triangular, tiene una superficie de 145 metros cuadrados.

Acusación contra Daniel Bravo
La segunda de las exposiciones correspondió a Hugo Campos, quien se expresó primero como presidente de la Junta de Estudios Históricos del Núñez y Saavedra y luego como ahijado de Alfredo Bravo. “En principio, apoyamos y felicitamos la iniciativa de denominar ‘Callao-Maestro Alfredo Bravo’ a la estación Callao de la línea B de subterráneos en memoria de quien fuera en vida un gran defensor de la escuela pública y de los derechos humanos”, señaló Campos, quien aclaró que si bien Bravo se crió en Villa Urquiza los años de mayor relevancia los tuvo mientras vivió en el barrio de Saavedra hasta su muerte.
Campos se refirió luego a las condiciones humanas de su padrino: “Viví toda la vida con él, su esposa Marta y Gustavo, su hijo menor. Con mi madre, que se encuentra sentada allí atrás, realmente no hay día que no dejemos de extrañarlos y de pensar en ellos por lo extraordinarios que fueron. Podría estar horas contándoles anécdotas que hemos vivido en casa. Realmente, él siempre fue una persona de bien; siempre se preocupó por defender la escuela pública pero, a su vez, se esforzaba para ayudar a quien lo necesitaba. Fue un ejemplo en todo sentido. Quiero comentar algunas anécdotas que hablan del tipo de persona que era. Se ponía a lavar la vereda en shortcito, con el torso desnudo, o bien invitaba al barrendero a tomar un café a la casa luego de que terminaba de hacer su trabajo. Era una persona muy sencilla”.
La versión taquigráfica de la audiencia revela además que Campos formuló una acusación contra Daniel Bravo, el otro hijo del pedagogo. “Hoy con mi madre estamos viviendo una situación que no quisiéramos pasar. Su hijo Daniel ha puesto en venta la casa con nosotros adentro y nos duele, porque nos ha llevado a una situación judicial que no hubiéramos querido. Quiero que sepan que la casa del maestro Alfredo Bravo, que hoy tiene muchos homenajes en todos lados, está en peligro. Hace unas semanas se llevaron los muebles”, advirtió Campos, dejando entrever un inminente desalojo tras más de 40 años de habitar en ella: su madre fue empleada doméstica del educador. Si bien Daniel Bravo estuvo presente durante la audiencia pública y permaneció hasta el final, no hizo uso de la palabra.

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