Este fenómeno, desconocido para muchos, se ha vuelto cotidiano a los oídos de analistas sociales y urbanistas. Se resume como el desplazamiento de sectores populares reemplazados por las clases pudientes, bajo el impulso del mercado inmobiliario. Algunos ejemplos pueden advertirse en Coghlan y Saavedra. 

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Seguramente, para muchos, la palabra “gentrificación” debe ser un término totalmente desconocido. Sin embargo, dentro de la sociología y el urbanismo el uso de este neologismo -válido para el español- se ha vuelto bastante frecuente. Es muy habitual, por ejemplo, encontrarnos con esta terminología en las principales revistas científicas dedicadas a estudios urbanos. Trataremos aquí de entender el significado de esta palabra y su influencia en nuestros barrios.
Este término, tan controvertido en cuanto al entendimiento de su definición, pone a los analistas en veredas opuestas. La “gentrificación” está unida a un proceso de desarrollo y puede ser interpretada de diferentes formas, por lo cual es un término en constante debate. También sucede que esta palabra ha sido utilizada ocasionalmente de forma abusiva, desvirtuando su sentido o reemplazando a otras definiciones de carácter socio-espacial. De allí que dediquemos este largo preámbulo a su interpretación y definición.
El origen del vocablo nace del barbarismo inglés gentrification, derivado de gentry, que significa burgués. Su definición responde, en forma concreta, al desplazamiento de sectores populares y originarios de un barrio o lugar para dar paso a la instalación de clases sociales más pudientes. La primera vez que apareció esta palabra fue en un ensayo hecho a mediados de los años 60 por la británica Ruth Glass. En el escrito, la autora se refiriere a la invasión que sufrieron los barrios obreros por parte de la clase burguesa a finales del siglo XIX.
Si bien este desplazamiento se genera en ocasiones de forma voluntaria, sin duda la presión del mercado, la necesidad de conjuntos sociales pauperizados, el envejecimiento de la población y otras cuestiones inherentes a la transformación de la ciudad obligan a emigrar a las familias originarias, con la pérdida de identidad que ello implica.
Generalmente sucede que importantes grupos de inversores se encuentran con un barrio que, a pesar de estar degradado y descapitalizado, ofrece una buena relación entre la calidad y el coste y deciden instalarse en él. Estas zonas suelen tener una riqueza especial, dada por la accesibilidad, los servicios y la infraestructura en general.
Inevitablemente se produce una transformación en el espacio a intervenir, la cual puede implicar, por un lado, la importancia de recuperar una parte de la ciudad pero, por el otro, el desplazamiento de las familias que originariamente residían en la zona. Asimismo, sabemos que esta renovación produce un aumento del valor, donde inmediatamente los especuladores inmobiliarios intentan cambiar las normativas del código y, de esa manera, lograr un incremento en la densificación edilicia de la zona para obtener mayores beneficios económicos.
A corto plazo, esto lleva a una saturación de servicios y un incremento del parque automotor, provocando congestionamientos y otros inconvenientes ya conocidos de los lugares superpoblados. Aunque el peor de los pecados de la “gentrificación” es, sin duda, el desplazamiento de las clases sociales menos poderosas, que son removidas de su lugar de origen por presión del mercado y sufren el desarraigo y la pérdida del sentido de pertenencia.
Este fenómeno social y urbano, producto de la globalización, alcanza en forma total o parcial a ciudades como Londres, Barcelona, París, Berlín, Roma y Nueva York, sólo por nombrar a las más conocidas.

Gentrificación latina
En Latinoamérica se ha comenzado a desarrollar un proceso continuo de transformación urbana que, si bien tiene puntos similares con lo sucedido en Europa y Estados Unidos, podemos aseverar que se ha llevado a cabo en forma distinta. Esto se debe a que los procesos renovadores adquieren diferentes connotaciones, dinámicas y efectos de acuerdo con las estructuras urbanísticas y sociales presentes en Latinoamérica.
Hoy en día, el desplazamiento de áreas residenciales internas por habitantes de mayor nivel social está emergiendo en las ciudades de América Latina de forma inédita. Al mismo tiempo, un nuevo proceso, que algunos analistas incluyen dentro de la “gentrificación”, comenzó a surgir en estas últimas décadas: se trata de la “gentrificación sin expulsión”. En esta variante no hay un desplazamiento de los sectores originarios del lugar y, en cambio, las familias nativas prestan servicios a los nuevos habitantes. Esto da lugar al surgimiento de centros comerciales, oficinas y locales para abastecer a los recién llegados. En los últimos años, para revalorizar centros urbanos y barrios aledaños de algunas capitales latinoamericanas se ha propuesto este tipo de gentrificación sin desplazamiento.
Son ejemplos concretos el Plan de Acción Ambiental de Montevideo y el proceso de recuperación de La Habana, que tomaron en cuenta a las poblaciones originarias e intentaron recuperar los sectores históricos de la ciudad. Cada vez son mayores los casos en donde, si bien se producen mutaciones de carácter urbano, existe a su vez una contemplación por el vecino originario, evitando así su desarraigo y buscando una mejor calidad de vida.

Gentrificación a la porteña
Nada parecido a los ejemplos latinoamericanos sucede en la Ciudad de Buenos Aires. La mayoría de los barrios de la capital han vivido el modelo gentrificador sin ningún resguardo en cuanto al habitante originario del lugar, salvo casos aislados como el de La Boca o algún conventillo de San Telmo. El ejemplo más esclarecedor es el de Palermo “Viejo”, hoy dividido en los apodados “Soho” y “Hollywood”. Las casas chorizo, emblemas del barrio, fueron transformadas en restaurantes y bares o en casas de decoración y diseño. En esta zona hay una preponderancia dominante de lo fachendoso y lo esnob, emulando una especie de vida hollywoodense. Además de los hostels y los hoteles boutique -una novedad dentro del mercado- hay quienes compraron un PH o una casa chorizo y los alquilan a turistas.
El barrio cambió año tras año y prácticamente se hace difícil distinguir qué quedó de su origen. La “gentrificación” y el apetito voraz inmobiliario siguieron avanzando y los megaproyectos llegaron también a Colegiales. Así, en los 90, los ex silos Minetti se transformaron en lofts para los estudiantes y jóvenes profesionales. Esto no constituye una crítica a la propuesta de recuperación de la vieja construcción molinera; el problema es que el mercado inmobiliario expulsó a la gente trabajadora que vivía en las casas ubicadas en los alrededores de los ex silos.
Así, también, se esfumó la fábrica de chocolates Uhlitzsch, y viejas casonas que fueron vendidas, recicladas o demolidas para nuevos emprendimientos sin contemplar al vecino del lugar. El trabajador pasó de vivir en una casa chorizo, con ambientes amplios, a una de estas pajareras donde los muebles casi no entran, los espacios son minúsculos y el hacinamiento se volvió costumbre.
Por su parte, los emigrados de Palermo “Viejo” optan por achicarse y eligen zonas alejadas del ruido, como Villa Urquiza o Villa Pueyrredon. Pero la “gentrificación” no tiene frenos y hoy también llega a nuestros barrios. En Coghlan se está viviendo desde hace algunas décadas la desaparición de edificaciones emblemáticas y el reemplazo de las mismas por cubos insulsos y carentes de armonía. Un ejemplo es el de la fábrica Nestlé, situada en el límite del barrio, que luego de ser desafectada y usada por diferentes inquilinos terminó por convertirse en un complejo de lofts de lujo que nada tienen que ver con los alrededores de la zona.
El viejo depósito de Fate en Roque Pérez y Jaramillo, Saavedra, rediseñado como loft, tampoco termina de encajar en el paisaje de un barrio en el que aún se puede ver los cielos con gran amplitud. Actualmente, en sectores como el del bulevar San Isidro Labrador, el Parque Saavedra y en derredor al Dot Baires están desapareciendo del mapa un gran número de casonas y propiedades más humildes. En definitiva, la “gentrificación” es un desafío aún no resuelto para las teorías tradicionales sociológicas y las políticas urbanísticas, ya que mencionar a este fenómeno como una renovación positiva, olvidándonos de los grupos más vulnerables, es una falacia.

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