Ubicada en Roosevelt 5463, cumplió 100 años de actividad en marzo pasado. Llegó a tener un centenar de empleados y un depósito de cinco pisos en la calle Cullen, donde se elaboraban doce millones de sobrecitos de semillas por año. Este desarrollo la convirtió en la empresa más grande del continente en su rubro y le permitió cotizar en bolsa. Con fotos históricas, evocamos los inicios de este imperio edificado por Sarmiento Bellotti, conocido por todos como “Don José”.

Por Tomás Labrit
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Pese a su incipiente fisonomía, en las primeras décadas del siglo pasado Villa Urquiza  ya presentaba una pujante actividad industrial. La famosa cigarrería Avanti, la licorería Pedefloux y la Sociedad Cooperativa de Cristalería, entre otras, convocaban a la mayoría de los habitantes de la zona, muchos de ellos inmigrantes europeos.
En marzo de 1918 se sumó la semillería La Germinadora, única de las empresas mencionadas que actualmente sobrevive. Asentada en Guanacache 5459 (hoy Franklin Roosevelt), a una cuadra del ya activo Círculo General Urquiza, fue fundada por Sarmiento Victorio Bellotti, hijo de un inmigrante de Lombardía que había llegado al barrio a fines del siglo XIX, cuando aún se llamaba Villa Las Catalinas.
Cuenta la leyenda familiar que el local comenzó a funcionar dos años antes, como una pequeña carbonería, pero lo cierto es que en los registros oficiales figura 1918 como la fecha inaugural. Desde  un primer momento el negocio se destacó en el rubro de la semillería y, con el correr de los años, fue incorporando la venta de flores naturales, hortalizas y bulbos, al punto de convertirse en una potencia comercial.
Según consta en una publicidad del año 1945, que hoy luce enmarcada en la entrada del local, en aquel tiempo La Germinadora era “la semillería más grande de Sudamérica, con una red de agentes y viajantes en todo el país y el mundo”. Además de la casa central de Villa Urquiza, ya contaba con sucursales en Ramón Falcón 7138, Niceto Vega 6091, Anchorena 487 y Alem y Basavilvaso. Dentro de sus productos se resaltaba la venta al por mayor y menor de semillas en general y bulbos de flores, además de alimentos para pollos, palomas y pájaros. “La Germinadora se enorgullece de haber nacido en el barrio y de haber llegado a ser lo que es. Continuaremos siempre adelante y siempre en la Villa”, se destaca en el antiguo cartel.
En esa época de esplendor, la firma llegó a tener 100 empleados, un depósito de cinco pisos en la calle Cullen, hoy devenido en complejo edilicio, y al lado un vivero.  El paisaje de la vieja Guanacache era muy colorido. La calle propiamente dicha tenía unos siete metros, obviamente sin el bulevar, mientras que las veredas ostentaban unos espectaculares 12 metros, parquizados y con árboles. En su amplio frente el local exhibía cajones con su mercadería, que emulaban una suerte de pequeño jardín.

La empresa tuvo un particular “germimóvil” en la puerta del local y hasta stand en la Exposición Rural.

El Imperio
Hasta la década del 70, la empresa de Bellotti era prácticamente la única del país en su rubro. Suena irreal, pero desde Villa Urquiza se abastecía a toda la Argentina de semillas, bolsitas de tierra, plantas, alimentos para animales y otros productos de jardinería. La firma también contaba con campos propios donde se producían bulbos y semillas y tenía agencias -hoy conocida como franquicia- en numerosos municipios del interior bonaerense.
Por ejemplo, si viajabas a Saladillo, Mar del Plata, Miramar o Necochea allí verías una sucursal de la empresa. También tenía presencia en provincias importantes en términos comerciales, como Córdoba, Mendoza y Río Negro, y fue abriendo locales en distintos puntos de la Capital Federal. Uno de ellos, ubicado en Av. Corrientes 312, tiene unos 60 años y todavía se conserva como sucursal en el Centro porteño.
En los años dorados, La Germinadora también exportaba su mercadería a los Estados Unidos, principalmente semillas de cebolla, que eran muy requeridas en el país del norte. Así como la Argentina supo ser el granero del mundo, bien podría decirse que la firma de Bellotti fue el gran semillero nacional. Este poderío económico le permitió, hasta la década del 80, cotizar con fuerte presencia en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Y se dice, incluso, que le financió a la Municipalidad de la Ciudad Buenos Aires la instalación del empedrado en la calle Roosevelt. Se trataba de una empresa creíble y muy arraigada en los hogares, que despertaba simpatía entre sus clientes.

A sol y sombra
Hace 70 años, en el país se vendían unos 30 millones de sobres de semillas por año, de los cuales la firma urquicense producía cerca de 12 millones. Por este motivo, en el depósito de Cullen las máquinas funcionaban las 24 horas del día e inclusive no llegaban a cubrir toda la demanda, por lo que el trabajo restante debía hacerse a mano, con una cuchara a medida.
Como se necesitaba mucha mano de obra, los jóvenes del barrio también colaboraban haciendo changas y se ganaban unos pesos. Uno de ellos era Luis Alposta, hoy conocido historiador y escritor de Villa Urquiza, quien trabajó de adolescente en otro de los depósitos que La Germinadora tenía en el barrio, en Bebedero (actual Pedro Ignacio Rivera) entre Altolaguirre y Burela. “Trabajaba de 8 a 11 de la mañana, vestido con overol, envasando semillas en sobres -evoca el colaborador de este periódico-. Éramos unos cinco pibes, todos del barrio, ubicados en una larga mesa. Nuestro jefe era uno de los cuñados de Don José, como se lo conocía a Sarmiento Bellotti. Cuando terminaba mi tarea me iba a cambiar a casa, en Av. Congreso y Burela, y a la tarde cursaba la secundaria en el Colegio Nacional Sarmiento”.
Alposta trabajó en ese depósito entre los años 50 y 55, cuando fue transferido a la casa central de la calle Guanacache. Allí se desempeñó hasta el 56, ordenando recibos, boletas y otros papeles de archivo, a la par que cursaba la carrera de Medicina. Por aquellos años, recuerda, la firma también tenía un depósito en la esquina de Nahuel Huapí y Andonaegui, donde todavía se puede leer, en borroneada tipografía, la inscripción “Semillas La Germinadora”. Prácticamente no había vecino que no trabajara en la poderosa compañía.

Empleados de la empresa trasladan mercadería del depósito de Bebedero 5535 (hoy Pedro Ignacio Rivera), donde de joven trabajó el historiador Luis Alposta

Cambio de manos
El último familiar que formó parte del negocio fue Aldo Bellotti, nieto del fundador, quien se retiró a mediados de la década del 70.  Sin embargo, sus descendientes conservan cariño por el local y suelen pasan a saludar a los empleados, que hoy totalizan unos 25. Uno de ellos es Luis Pietrobon, el más antiguo, quien trabaja allí desde hace casi 50 años y alcanzó a conocer a Don José.
“Me acuerdo que, hasta los ochenta y pico de años, todas las mañanas iba con su Ford Ranchero a la zona de Pacheco, donde hay muchos viveros mayoristas, a comprar plantas para el local”, ilustra del alma mater de La Germinadora, recordado por todos como una persona laboriosa y esforzada.
Oriundo de Garín, Luis ingresó a la empresa por intermedio de un tío que trabajaba en la sucursal del Centro. Primero arrancó en un local que la firma tenía en Puente Saavedra, luego pasó por Flores, La Paternal y Villa del Parque, hasta que desembocó en Villa Urquiza, la meca. Otro de los empleados de extensa trayectoria es Eduardo Álvarez, hoy encargado de la parte comercial junto con Luis, que entró en 1992 con la compleja misión de informatizar la empresa.
También están en actividad Orlando Tolaba, desde hace 30 años responsable del depósito y de toda la operación de la compañía; en la parte administrativa las señoras Alejndra Cifarelli y Adriana Pintos, con más de 21 años de antigüedad; y Rubén Maldonado, a cargo de las ventas en el local del Centro desde los 18 años y ya próximo a jubilarse. Todos ellos son los pilares en los que se sustenta la empresa.

La Germinadora nació en Guanacache 5463 (hoy Franklin Roosevelt). Fundada por Sarmiento Bellotti, es una de las compañías más antiguas de Villa Urquiza.

La Germinadora, hoy
En la década menemista, con la masiva llegada de supermercados, La Germinadora debió adaptarse a los nuevos modos de comercialización. Además de la diversificación de los viveros, en el mercado se sumaron nuevos competidores y, por practicidad, entre los clientes comenzó a estilarse la compra de semillas sueltas.
No obstante, el fuerte de la empresa siguió siendo la comercialización de sobres, que hoy en día ofrece en más de 100 variedades con una producción anual que ronda los tres millones de ejemplares. Los distribuye en los supermercados Walmart, Changomas, Easy y Vea, entre otros, y en empresas de las 24 jurisdicciones argentinas. Además el local vende semillas florales, aromáticas, hortalizas y de césped (que en los años 90 lucían los estadios de River, Vélez y Huracán); bulbos importados de Holanda, Sudáfrica y Estados Unidos; fertilizantes, tierra negra, turba y resaca; y herramientas especiales para césped, huerta y jardín.
Como en casi todos los rubros de la economía, la suba del dólar impactó significativamente en los costos de la empresa, a lo que se suman las imprevisibles condiciones climáticas. Pese a todo, las perspectivas son optimistas: “La economía no está funcionando como corresponde y hay mucha incertidumbre. Pero si pudimos llegar a los 100 años tenemos que continuar”.

Foto de portada: Un avión de la desaparecida Pan American carga semillas de cebolla de La Germinadora con destino a Estados Unidos.

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