Jorge Guillermo Bonicalzi es un hincha que está viviendo en Angola desde hace un tiempo. Calamar de sangre y agregado en la embajada argentina de ese país africano, se hizo viral en las redes sociales por enfundar con la marrón y blanca a cuanto angoleño pueda. Crónica de una pasión que no conoce fronteras.

Por Julián Amerise
platense@periodicoelbarrio.com.ar

-¿De dónde sos, en qué barrio te criaste?
-Viví hasta los 30 años en Florida, Partido de Vicente López, en los monoblocks del Banco Hipotecario, al costado de las vías del tren.

-¿Cómo te hiciste hincha de Platense?
Por amigos del barrio, en mi familia no había hinchas de Platense. Padre de River, madre de Boca, tío de San Lorenzo, pero Calamar ninguno, hasta que antes de los diez años uno de mis mejores amigos me contagió esta pasión. Él y toda su familia son de Platense. Su padre y sus tíos nos llevaban a la cancha. A los doce años ya nos íbamos solos; si éramos locales en cancha de Atlanta, nos tomábamos el colectivo 184 o el 19, nos bajábamos en Lacroze y caminábamos. De vuelta, la gran condición era comprar churros para comer en el viaje de vuelta mientras comentábamos el partido. Me gustaría mencionar a ese amigo, hoy seguimos compartiendo la pasión y vamos a la cancha cada vez que voy a Buenos Aires: él es Marcelo Leffler. Un hermano de la vida. Con él y con mi hermano Fabián hemos visitado infinidad de lugares, ciudades, estadios. En esa época había público visitante y nosotros, que éramos jóvenes y estudiantes, no íbamos a bailar para ir a la cancha. La plata no alcanzaba para todo.

-¿Desde cuándo estás en política, si es que de eso se trata tu trabajo?
-No soy político, soy Agregado Administrativo de la Embajada Argentina en Angola. Trabajo en la Cancillería hace 31 años y este es mi segundo destino. Estuve siete años en la Embajada en Chile y tuve muchos desplazamientos para la apertura de embajadas o para cubrir lugares donde no había administrativos: Ucrania, Etiopía, Nigeria, Qatar. Todos ellos vieron la bandera y la camiseta de Platense.

-¿Cómo se ve el país a la distancia? ¿Existimos para un angolano?
-En mi caso en particular, a muchos argentinos que viven en el exterior también les pasa, que, a veces, viviendo en Argentina, la criticamos, no disfrutamos de ella, pero estando lejos la extrañamos, necesitamos estar en nuestro barrio, con nuestra familia, nuestros amigos, nuestro club de fútbol, las pequeñas rutinas que nos fueron formando y educando desde niños y que tanto se extrañan cuando estás lejos. Con relación a la percepción que tienen los angolanos sobre nosotros es muy relativa. Cuando uno dice que es argentino, la primera y única relación que tienen ellos es con el fútbol: según su edad te nombran a Maradona o a Messi. También conocen a casi todos los jugadores argentinos que se desempeñan en el fútbol europeo, el portugués principalmente.

-¿Cómo ves el futuro inmediato del país o que opinión tenés al respecto?
-Nuestro futuro como país está en nuestras manos, tenemos todo para salir adelante: materia prima, lugares hermosos para explotar turísticamente, gente amigable. Uno siempre piensa en hacer bien su trabajo, mejorar como ser humano, para dejarle un país y un mundo mejor para nuestros hijos. Todo es posible y, con 57 años, sigo pensando que se puede.

-¿Cómo llegaste a Angola y que función administrativa cumplís?
-Se abrió una licitación en Cancillería para cubrir lugares, como administrativo, en diversas embajadas y consulados y, como ya había estado ocho veces en Angola, me gustó la idea y, después de consensuarlo con mis hijos, acepté. Poder recorrer África es atractivo. A nadie viviendo en Argentina se le ocurre visitar, y me incluyo, este continente, por lejanía, por economía y porque “garpa” más ir a Estados Unidos, Brasil o Europa. Hoy, casi dos años después, no me arrepiento. He recorrido muchas provincias de Angola, visité, junto a mis hijos, Namibia, estuve en Mozambique, en Sudáfrica y con ganas de seguir recorriendo este continente, siempre acompañado de la bandera y de la camiseta de Platense.

-¿Cómo es Angola?
-Angola es un país pobre, a pesar de ser uno de los países de África con más recursos naturales, como petróleo y diamantes. Sus políticos no han logrado transformar su capital natural en mejoras para el desarrollo humano, social y económico del país. En Angola las posibilidades de supervivencia de un niño hasta los cinco años es de las más bajas del mundo.

-¿Sabés que causaron furor tus fotos con los muchachos de la embajada?
-Es difícil medirlo, la verdad es que algunos amigos me habían comentado. Sé que fueron muy vistas, pero uno lo hizo por amor a esos colores. Desde hace años, cada vez que viajo, lo primero que guardo en la valija es la bandera y la camiseta de Platense, después la ropa. Tengo fotos con la bandera en más de quince países y me sigue acompañando. Ya está para un museo.

Jorge junto a sus hijos, la bandera Calamar y nativos de Angola.

-¿Cómo se dio la situación de vestirlos a todos de blanco y marrón?
-Desde que llegué a Luanda no pude disimular mi afecto hacia Platense y ellos, sin quererlo, lo fueron internalizando. Por ese motivo, cada fin de semana me preguntaban cómo habían terminado Platense. Supieron que utilizaba mis vacaciones para viajar a Argentina para visitar a mis hijos e ir a la cancha para ver al equipo de mis amores. Todos los martes nos juntamos a jugar al fútbol y es muy loco ver tres o cuatro camisetas de Platense en una cancha en Luanda.

-¿Lo hiciste con todos? ¿Cómo se llaman los más fanáticos?
-En la embajada hay nueve empleados locales angolanos. Cinco varones son admiradores del futbol y poco a poco fueron tomando cariño por Platense, hasta llegar a pedirme que les trajera las camisetas, cosa que hice con gusto. Es increíble que se interesen por los resultados, que se alegren si gana o se entristezcan si pierde. Acá me di cuenta de lo que es la pasión: nunca lo vieron, pero le tienen afecto. Me preguntan sobre los jugadores, qué día juega, cómo está la tabla de posiciones. Los más fanáticos son Agostinho y Manuel, pero Pedalé, Telmo y Bernardo también están atentos.

-¿Los vas a traer a ver algún partido o es medio imposible?
-No es fácil, pero alguno de ellos tienen ganas de conocer la Argentina. Si es necesario lo ayudaré: ellos tienen ganas de estar ahí, en el Templo. Ese lugar donde todos somos uno, donde el sentimiento es compartido. Quiero que vayan conmigo, quiero que sientan lo que es compartir este sentimiento. Lo intentaré.

-¿Cómo viviste el ascenso desde tan lejos?
-Lo seguía por Platense a lo Ancho, por las redes sociales, por donde fuera, porque TyC Sports, aunque soy cliente de Cablevisión, no me permitía verlo porque estoy en África. Triste porque sigo pagando el cable en Buenos Aires. No me perdí ningún partido y cuando pude viajé para verlo. El día contra Talleres fui a la Argentina por tres días, pensé que era el partido del ascenso, pero el domingo empató Estudiantes y se prolongó la espera. El día de la fiesta del ascenso y aniversario del club tuve la suerte de que mis hijos y mi sobrina, que estuvieron presentes, lograran que los jugadores me enviaran sus saludos.

-¿Cuál creés que fue la clave para lograr el campeonato?
-Cuando comenzó el torneo, me ilusioné. Había un muy buen plantel, un buen técnico y la vuelta del Trapo Vega, “el” ídolo, aunque muchos fueran renuentes con su regreso. Considero que había plantel para ser campeones cinco fechas antes. Aún así, por el ascenso, banco a morir al técnico y me ilusiono con una nueva alegría que sería ver a Platense en Primera. Lugar al que pertenece por historia y por futbol. Espero poder estar ese día acompañando a mis hijos, que me preguntan si es verdad que jugamos con Boca y con River. Yo les contesto que sí y les muestro los videos en YouTube, pero no es lo mismo. Deseo entrar al Estadio Ciudad de Vicente López acompañado de mis hijos para ver un partido estando en primera división. Lo sueño, lo imagino.

-¿Cómo se conforma tu familia en Argentina?
-Mi hermano Fabián, que trabaja en la Embajada Argentina en México, es de Platense. Mi hijo mayor Diego, de 24 años, es simpatizante del Calamar y mis dos hijos menores, Joaquín de 16 y Manuel de 14, son enfermos por estos colores. Joaco va a todos los partidos de local, sigue la información de Platense por redes sociales y está atento a todo lo que pasa en el club. El resto de la familia (hermana, sobrinos, cuñados) se fue contagiando y, poco a poco, encariñándose.

-¿Cómo ves el futuro inmediato de Platense en la B Nacional?
-Lo veo con mucho optimismo. Es una categoría diferente, más cercana al nivel que nos merecemos, sin ofender a los equipos de la B Metropolitana. Tenemos un gran plantel con jugadores de mucha jerarquía y de gran experiencia mezclados con jóvenes muy talentosos. Tendrán que acostumbrarse, pero este plantel está a la altura: lo demostró contra Belgrano de Córdoba por la Copa Argentina.

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