La hermana María Belén Martín fue famosa el año pasado debido su presencia en el Estadio Ciudad de Vicente López, a donde llegó desde la provincia de Misiones para ver al Calamar. “La monja de Platense” no se animó a una entrevista, pero envió un escrito para compartir con la gente contando su particular e inolvidable vivencia.

Por Julián Amerise
platense@periodicoelbarrio.com.ar

Los argentinos tenemos esa facilidad de rotular todo. María Belén Martín es, desde hace un tiempo, “La monja de Platense”. Ella es una joven religiosa que vive en el norte del país, bien al norte, en el pueblo de Puerto Esperanza, una localidad ubicada al noroeste de la provincia de Misiones. Es cabecera del departamento Iguazú y está ubicada aproximadamente a 60 kilómetros de las famosas Cataratas.
No obstante su nombre, el lugar se encuentra a unos cinco kilómetros del embarcadero sobre el río Paraná. La ciudad se extiende entre ese río y la Ruta Nacional N º12, que es también su principal vía de comunicación, enlazándola al norte con Wanda y Puerto Iguazú, y al sur con María Magdalena y El Dorado.
Desde ese punto geográfico, la hermana Belén vino a cumplir su sueño de conocer el Estadio Ciudad de Vicente López para ver a su amado Calamar. El año pasado pudo recorrer los casi 1.300 km para alentar al equipo, conocer al máximo goleador de la historia del club, Daniel Trapito Vega, llevarse su camiseta firmada y el pedido de una “bendición” para todo el plantel.
Ante la pregunta de todos sobre su lugar de origen, ella repite sonriente e incansablemente: “Soy de Puerto Esperanza, cerca de Iguazú, ahí en el medio de la nada”. Se la nota tan sorprendida como vergonzosa, así es ella. Los flashes, las cámaras, no esperaba todo eso y le cuesta… Sólo sonríe y parece disfrutar el momento. Ante la insistencia de El Barrio para una entrevista, en su momento pidió pensarlo, ofreció su contacto, pero la idea quedó ahí dando vueltas. Luego, más tranquila, se excusó y pidió disculpas porque no se sentía preparada para una nota, dado que aún se estaba acomodando en su nuevo hogar.
Hoy, un año más tarde, este medio volvió a insistir y nuevamente Belén volvió a meditarlo y a pedir que quedara para otra oportunidad. Siempre muy amable y cordial, se ofreció a conversar cuando se dé el momento, pero sin micrófonos, porque realmente “la parte mediática me cuesta, te pido que me perdones”. De todas formas, envió un texto a modo de relato personal acerca de lo vivido en aquellas jornadas donde fue noticia en medios partidarios y nacionales.

«La monja de Platense» vive en Puerto Esperanza, una localidad ubicada al noroeste de la provincia de Misiones (www.hermanasclarisasmoreno.com.ar)

Aquel día, con su presencia, Platense derrotó 2 a 0 a Deportivo Español, obteniendo su séptima victoria consecutiva, que lo llevaría a la postre a culminar definiendo mano a mano con Estudiantes para quedarse con el ascenso a la B Nacional. Compartimos las sentidas palabras de Belén, en primera persona:

Mi nombre es María Belén Martín, soy hermana franciscana, de las hermanas pobres de Santa Clara. Tengo 28 años y vivo en Puerto Esperanza, una ciudad preciosa envuelta por la tupida selva misionera y fundada sobre tierra roja. Hace seis años y medio que soy religiosa. Soy hincha del Calamar por mi viejo Felipe y sus hermanos, ya fallecidos. Hacía bastante tiempo que venía hablando con un gran amigo de hace muchísimos años, Marquitos Lafón, hincha del marrón también, para ir a la cancha algún día que podamos ambos y finalmente el año pasado llegó el día.
Fuimos Marcos (¡gracias por la entrada y por llevarme!), Francisco Toto Guiroy, un viajero itinerante que prontamente arranca el largo viaje hacia Rusia y yo. Para el segundo tiempo llegó otro gran amigo de la vida, Franchi de Carli.
El partido fue Platense de local contra Deportivo Español, el 13 de febrero de 2018. ¿Qué sentí al ir a la cancha por primera vez? Una inmensa alegría, todas las ganas de alentar como nunca al Calamar ahí en la popular y experimenté un punto de encuentro hermoso con mi viejo. Me canté todo, me salté todo y grité todo en medio de los abrazos de los dos goles que nos regaló Platense.
Sumarme a la pasión de la hinchada fue una gran alegría, acrecentó la mía y me llenó de ganas de que no fuese la única vez, así que gracias Toto por habernos regalado la entrada a mí y a Alan de Misiones para volver más adelante. Sé que vendrán muchos más partidos para vivir así, fue la primera de las que espero sean muchas más.
Y por si fuese poco, ese día me fui con la alegría no sólo del 2 a 0 sino con la de la firma del “contador de goles”, Daniel Trapito Vega, en la camiseta. ¡Gracias genio! Al salir, una de las primeras cosas que hice fue mandarles la foto a mis hermanos y a mis primos porque lo viví por nuestros padres y tíos. Fue una experiencia de encuentro.
Ir a la cancha me llenó de una alegría viva, creo que la pasión que despierta esa experiencia es hermosa y puede ser de mucho bien. El fútbol es un espacio que tiene mucho para aportar en la construcción del bien, ojalá no lo usemos para la violencia y el daño, sino que sea un espacio para el BIEN.
Les agradezco a mis hermanos Fran y Joaco por haberme hecho jugar al fútbol con ellos desde chicos, porque es algo que hoy sigo disfrutando inmensamente y se vuelve espacio de encuentro, y a mi mamá por alegrarse también. Gracias a las hermanas por el aguante que me hacen con Platense y gracias Matías, Marcelo y Julián, periodistas deportivos, por el interés en hacerme una nota. Disculpen que me ganó la vergüenza y me achiqué. ¡Vamos Calamar! ¡Qué lindo verte darlo todo!

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