Es el territorio abierto o cerrado en donde cualquier persona tiene derecho a estar y circular libremente. En los últimos años se ha visto avasallado por desarrollos privados, que le sumaron más cemento a la Ciudad. También están los casos de uso indebido, como el estacionamiento que se montó alrededor de la Estación Coghlan.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Desde la prehistoria surge en el hombre la necesidad de unirse en comunidad. Fue precisamente durante el período neolítico cuando se volvió imperioso crear un lugar colectivo, que podría ser parecido a lo que hoy conocemos como espacio público. Este siempre ha ocupado un lugar preponderante a lo largo de la historia, tanto que las ciudades clásicas le daban primacía. Las ágoras griegas y las plazas romanas reunían al ocio y al comercio y allí se desarrollaban los actos políticos, ámbitos donde se consensuaban y debatían las decisiones y normativas por las cuales se iba a administrar la ciudad. Además actuaban como centros de cultura: por ejemplo en las ágoras se reunían filósofos y maestros que realizaban sus tertulias y enseñaban a sus discípulos, transformando al espacio público en una base fundamental de la vida cívica y el desarrollo urbano. En definitiva, en la antigüedad la esfera pública fue un ámbito abierto a debate donde se podía interactuar entre iguales.
A diferencia de esto, durante la Edad Media el espacio público cambia de forma y función y desaparece el ágora. Se pierde ese sitio como lugar de debate y ahora esas decisiones quedan en manos del clero. El rol principal del ámbito público medieval era para el funcionamiento de mercados, para alguna declaración pública del rey y para fines religiosos, generalmente en el lugar que quedaba delante de la iglesia.
Durante el Renacimiento, el espacio urbano vuelve a tener preponderancia. El hombre se convierte en el centro de todo (antropocentrismo) y esto se trasmite al urbanismo. Es así como en Buenos Aires encontramos espacios públicos con tradiciones renacentistas, ya que las ciudades latinoamericanas importan esa tradición de España.
La concepción urbana colonial seguía los principios pactados por las Leyes de Indias, con forma ajedrezada de calles y manzanas. Una de las huellas más importantes fue el establecimiento de la Plaza Mayor, actual Plaza de Mayo, rodeada por el Fuerte, la Iglesia y el Cabildo. A partir de allí el damero se fue extendiendo, estableciendo qué era lo público y qué lo privado. Ahora bien, ¿a qué llamamos espacio público? Corresponde a aquel territorio en donde cualquier persona tiene derecho a estar y circular libremente, ya sean espacios abiertos, como plazas, calles y parques, o cerrados, como bibliotecas, mercados y centros comunitarios.

Su importancia
El espacio público es un componente de armonía social, referente primario y sustancial de una ciudad, un atributo para la atracción de inversión y una condición para el mejoramiento de la calidad de vida. Estas son causas suficientes para haberse transformado en un tema estratégico y prioritario en las agendas pública y privada de los últimos años en Buenos Aires. Además, el espacio público es organización, progreso y gestión.
Tengamos en cuenta también que en la esfera pública se definen las raíces de una ciudad, su carácter o -más profundamente- su alma. Asimismo, es en el espacio público en donde se conforma la ciudad, pues se va configurando la cultura de esa comunidad. Se puede pensar que la imagen de la ciudad se expresa con sus íconos arquitectónicos, pero los edificios destacados son sólo las joyas que la adornan, nunca su carácter esencial.
Convendría acotar entonces que entendemos por espacios públicos no sólo a las plazas y parques, ya que esta es nuestra primera visión, sino a todos los lugares de encuentro en los que se establece una forma de relación ciudadana y en los que se va configurando la cultura propia de esa comunidad. La esfera pública influye sobre la construcción de la identidad colectiva de una sociedad. Según el filósofo Henri Lefebvre, “la ciudad es la proyección de la sociedad global sobre el terreno”.
La posmodernidad ha provocado importantes modificaciones sobre el espacio público y en ciudades como Buenos Aires parte de sus funciones e identidad se han visto afectados. Por ejemplo, la aparición de los barrios cerrados y shoppings ha originado un cambio sustancial en el uso de los lugares públicos tradicionales. Les ocurrió a las galerías comerciales, que perdieron el consumo habitual como paseo callejero. Por otro lado está la inseguridad, que también limita el uso de lo público.

Pérdida constante
A través de los años el espacio público porteño se ha visto avasallado por emprendimientos privados, que en muchos casos sólo nacen de la especulación inmobiliaria. Esto se nota principalmente en parques y plazas, que fueron cediendo terrenos a particulares. El caso más emblemático de nuestra Ciudad es el del Parque 3 de Febrero, de Palermo, que desde sus orígenes fue perdiendo metros cuadrados, ocupados a través de concesiones por determinación propia o por entidades privadas. Pero el problema no son las entidades privadas, sino el Estado que en ocasiones termina por privatizar el espacio público y en otras hace la vista gorda.
Son los vecinos y las diferentes asociaciones vecinales las que siempre terminan por defender el espacio público. Incluso hay casos en lo que buscan no sólo que no se pierda sino que pugnan con las autoridades y logran que los terrenos estatales se conviertan en espacios verdes. Así ocurrió con la manzana 66 del barrio de Balvanera, donde se iba a construir un microestadio para shows musicales, pero gracias a la lucha vecinal se convertirá en una plaza.
Como ya hemos adelantado en ediciones anteriores, en el barrio de Saavedra los vecinos han denunciado que prácticamente tres cuartas partes del Parque Sarmiento están siendo usufructuadas por privados, todo esto promovido por el mismo Gobierno de la Ciudad. Pero hoy también la noticia viene de Coghlan, ya que un grupo de vecinos denunció hace unos meses la usurpación del espacio público ubicado en la plaza de la estación, en el lado oeste sentido Retiro-Bartolomé Mitre. Un sector del predio fue alambrado para ser usado como estacionamiento de automóviles, algunos del propio Gobierno porteño (foto de portada). Debemos recordar que el lugar ocupado en derredor a la estación está zonificado como urbanización parque desde los años 90, según ordenanza 44.412. Además, en el año 2007 -Ley 2482/07- la estación ferroviaria y el sector circundante fueron declarados APH48 (Área de Protección Histórica).
Ante esta situación, la Asociación Civil Amigos de la Estación Coghlan (ACAEC) presentó notas de reclamo ante la Comuna 12, a la espera de una pronta solución, e inició un reclamo ante la Defensoría del Pueblo de la CABA por uso indebido y ocupación ilegal del predio.
Como reflexión final, vale recordar aquella frase del afamado urbanista catalán Jordi Borja: “Se puede valorar al espacio público por la intensidad y la calidad de las relaciones sociales que facilita, por su capacidad de mezclar grupos y comportamientos, para estimular la identificación simbólica, la expresión y la integración cultural, dándonos el privilegio de ejercer la ciudadanía”. Todo esto es posible si quienes administran la Ciudad son coherentes con este pensamiento.

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