Este artefacto para azuzar ganado, devenido instrumento de tortura, podría tener un origen barrial si consideramos que su creación fue difundida en 1917 por el periódico zonal Crónica. Lo único cierto es que fueron los señores Lacoste y Celery sus inventores y no Polo Lugones, hijo de Leopoldo, como suele atribuírsele.

Hace un siglo exacto, en su edición del 22 de julio de 1917, Crónica -el periódico más antiguo de Villa Urquiza- anunciaba el patentamiento de la picana eléctrica. Por tratarse de un medio local, suponemos que el origen de este aparato podría tener algún vínculo con la zona. Este hallazgo nos fue facilitado por Luis Alposta, vecino, colaborador e historiador de nuestro barrio. En la noticia se menciona a los señores Lacoste y Celery como sus inventores, pero no se aclara si son vecinos. El breve artículo informa que este objeto estaba llamado a suplantar al viejo instrumento de martirio utilizado hasta hoy en nuestra tierra para azuzar al ganado vacuno.
“Esta picana consta de dos púas que han sido construidas teniendo en cuenta que no deben penetrar en el cuero del animal y por las que atraviesa una corriente eléctrica, lo suficientemente fuerte para hacerle experimentar, al ser tocado con ella, una conmoción que se traduce en actividad”, describe el texto. Culmina la columna afirmando que la picana eléctrica, “que resulta sencillísima en su manejo y muy módica, ha merecido un informe de todo punto favorable del Sr. Federico Wagner (hijo), subinspector de la Dirección General de Ganadería, quien ha tenido el encargo de ensayarla prácticamente en el bañadero oficial de Maciel, provincia de Santa Fe”.
Sin embargo, su uso se vería distorsionado y décadas más tarde ganaría una triste fama como instrumento de tortura. Fue utilizada en algunos momentos históricos por la policía y el ejército en Argentina y en algunos países de Sudamérica. Se cree que fue Polo Lugones, hijo de Leopoldo Lugones y jefe de policía durante la dictadura de José Félix Uriburu, quien la introdujo como método de tormento, aunque la información del periódico urquicense permite confirmar que no fue su inventor. Ampliamente utilizada por los grupos de tareas del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura militar que gobernó la Argentina desde 1976 a 1983, los testimonios acerca de su utilización y efectos físicos y psicológicos están ampliamente recogidos en el informe Nunca Más.

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