Directivos de la institución que funciona hace 17 años en el barrio explican el método diseñado por el argentino Carlos Conti para seguir el “instinto animal” y evitar cometer errores en la vida. Su objetivo es ser incluidos en la matrícula escolar, que los jóvenes puedan formarse en valores y convivir pacíficamente en sociedad.

Por Pablo Riggio
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“Yo sabía que esto me iba a pasar”. El típico lamento que todo ser humano ha manifestado en más de una ocasión a lo largo de su vida. ¿A qué hace referencia? ¿Acaso es una suerte de conocimiento superior al que se le hace oídos sordos? ¿O es una predicción del futuro? La respuesta es mucho más simple de lo que parece: se trata de la intuición, el “saber interno” que tiene el hombre de un hecho antes de que suceda.
Estudiado a través de la historia por distintos filósofos -por ejemplo Platón, quien la consideraba la única manera de conocer la “verdadera realidad”-, seguir la intuición evitaría que los hombres cometan errores en su vida. “Te avisa que algo va a suceder, que vas a cometer un error antes de que lo cometas, es un mecanismo que protege, algo similar a lo que usan los animales y que los humanos también lo tenemos, pero no lo sabemos. La intuición es certera y hay un mecanismo que permite a la personas desarrollarla y mejorar su vida”, asegura a El Barrio Jorge Marxer, director de una innovadora institución educativa de la Argentina.
La primera y única Escuela del Estudio de la Intuición del país, fundada en el año 2000, se encuentra en Pico 3568 (Saavedra) y funciona como una ONG sin fines de lucro que, a través del estudio de un método creado por el argentino Carlos Conti, forma de manera gratuita a docentes, adultos y también a adolescentes “antes de que salgan a la sociedad y tengan que manejarse por sí mismos”. Brindan clases dentro de su escuela y en colegios; su objetivo es que la intuición forme parte de la currícula escolar. Además, han recorrido instituciones y establecimientos de todo el país llevando su novedosa metodología bajo el brazo.
Marxer, la vice directora Victoria Bonadeo y la encargada de nexo social Claudia Vattuone, entre otros profesionales, cuentan con materiales que fueron donados -ya que no manejan dinero- y con un aula por donde pasan los 1.200 alumnos que conforman la matrícula y que deben cursar tres años para graduarse. La mecánica de las clases es igual a la de cualquier escuela: se toma lista y se trabajan módulos de 40 minutos una vez por semana, divididos en teoría y práctica.

El método
Hay mucho escrito sobre la intuición, pero Carlos Conti fue el primero en desarrollar un mecanismo para estudiarlo y seguirlo. “La escuela enseña el método. Se trata de una secuencia de pensamientos que suceden en tu mente que permiten reconocer el instinto. Él veía que al ser humano le estaba faltando algo ya que todos pertenecemos al reino animal, pero los animales viven de una manera y nosotros de otra. Lo que nos faltaba era seguir nuestro instinto”, explica Marxer a El Barrio.
Y agrega: “Si se puede desarrollar ese saber interno podríamos evitar los errores que vamos a cometer en la vida. Es decir, tenemos un postulado diferente al que dice que ‘de los errores se aprende’; nuestra escuela dice que no hace falta cometer el error. Si seguís este mecanismo en un 100 por ciento podés prevenir el 100 por ciento de los errores”.

Jorge Marxer, Victoria Bonadeo y Claudia Vattuone están al frente de la única Escuela del Estudio de la Intuición del país, fundada en el año 2000 en Saavedra.

La intuición “aparece” todo el tiempo, pero la razón impide verla y de esa manera ocurren los errores, según explican los especialistas. Sucede en las decisiones más intrascendentes, como elegir entre un camino o el otro, y hasta en las más importantes, como decidir si comenzar una relación de pareja o decirle algo a una persona que puede llegar a lastimarla. “Cada situación está abarcada por la intuición, porque es la naturaleza la que maneja la vida de los seres vivos. Se puede tener errores, pero podés prevenirlos. Es imposible hacerlo si no conocés el mecanismo”, precisa Vattuone, también maestra de intuición, al igual que los otros entrevistados por El Barrio.
Lleva alrededor de cinco meses de clases comenzar a manejar el mecanismo “y a partir de ahí empieza el estudio de la vida desde otra mirada”. En ese sentido, precisan los especialistas y vecinos de Saavedra, con la intuición se pueden manejar los sentimientos y se aprende cuándo decir sí o no: “La intuición es certera, el que está ahí dudando sos vos”.

La igualdad como un valor
Los contenidos que se estudian en esta escuela están marcados por la enseñanza en valores: “Todo lo que enseñamos tiene que ver con el otro: el respeto, la dignidad y la solidaridad. Lo importante es la convivencia, porque tenemos la certeza de que ése es el problema que no puede resolver la sociedad; integrar valores es lo que soluciona el problema mundial del hombre”.
¿Qué quiere decir esto? Merxer lo explica con un ejemplo que, lamentablemente, los vecinos de Saavedra comprenderán: “La ciudad primero se inunda y después se trata de corregir. O uno comete la infracción y después le viene la multa. Nosotros tenemos un mecanismo que llega antes para evitar estas cosas. No sólo protege a la persona, sino también a las personas en relación con ella. Todos sabemos que queremos vivir bien y en paz, pero no sabemos cómo porque el ser humano ha aprendido a vivir como individuo. Entonces le cuesta la convivencia con el otro”.
Cuentan que durante su estadía en una escuela del interior lograron erradicar el bullying y que la policía deje de acercarse por las peleas los chicos. Asimismo, resaltan que en el último año lograron mejorar las calificaciones de un porcentaje importante de los jóvenes, así como muchos han dejado de fumar y tomar alcohol y mejoraron su convivencia familiar y social.
Es precisamente por la trascendencia de los valores en esta institución que sus servicios son totalmente gratuitos, ya que “el fundador de la escuela desarrolló un mecanismo para darle mejor vida al ser humano”. En caso de cobrarles a los alumnos, “pasarían a ser clientes y se pierde el valor de lo que se enseña”. Los maestros que se forman en la escuela deben esperar por lo menos 14 años para empezar a dictar clases, ya que instruir en valores e intuición demanda un cambio completo de la forma de vida.
Orgullosos por el trabajo que han hecho a lo largo de estos años, quieren que los más jóvenes puedan incluir estos estudios en su currículum vitae: “El trabajo es un lugar de convivencia muy grande, de relación con el otro. Buscamos que estos valores también los lleven allí para que sean buenos profesionales y no busquen sólo el beneficio propio”.

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