La estación del tren Mitre ramal Suárez, ubicada en Villa Urquiza, todavía presenta zonas cerradas en el andén sentido a Retiro, donde se observa un estado de abandono total, y otras a medio terminar en el sector trasero, que es a su vez la entrada desde Donado y la vinculación con el CBC. Escombros, pastizales y basura por doquier.

Por Sergio Calandra
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Toda gran obra vial debería llevarse a cabo, en lo posible, sin interrumpir el normal funcionamiento de una ciudad, especialmente en lo referido al servicio de transporte, ya que de lo contrario se generan trastornos en la operatividad del lugar afectado. Esto último fue lo que ocurrió con la puesta en valor de las estaciones Coghlan y Drago, donde los tiempos de obra fueron larguísimos. Además de las complicaciones por la inflación, se llegó a decir que en medio de las tareas los contratos con las empresas estaban caídos por efecto de la asunción del nuevo gobierno, allá por el año 2015.
Al margen de las cuestiones políticas y económicas, las demoras se pueden dar en algunos casos por retrasos en los procesos legales. Recordemos que, para encarar cualquier nueva obra, refacción o ampliación en la Ciudad, entre la habilitación, el pago de los cánones y su permiso correspondiente, los tiempos se pueden extender mínimamente entre dos y tres meses. Esto pudo haber ocurrido en el caso específico de las estaciones ferroviarias mencionadas, donde claramente se vieron afectados los plazos fijados originalmente.

Escaleras a medio hacer en la estación Drago, anuladas por falta de andenes.

SOS estación Drago
Se está llevando a cabo desde hace varios años una gran transformación en toda la red de ferrocarriles, tanto metropolitanos como de larga distancia y de carga, a través de la inclusión de nuevas formaciones, estaciones y molinetes electrónicos, además de aplicaciones móviles que informan al usuario sobre los tiempos de llegada exacta de los trenes y el estado general de la red.
La estación Coghlan, después de muchos años de trabajo y varias idas y venidas, pudo terminar integralmente sus obras de renovación, algo que lamentablemente no sucedió con su vecina estación Drago. Se trata de una terminal con gran circulación de personas, ya que en sus cercanías cuenta con la nueva Sede Comunal 12, el Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA, el colegio Morazán, la escuela de Capacitación de Educación Especial para docentes, los viaductos (también llamados sapitos) de Holmberg y Donado, las nuevas viviendas sociales y los emprendimientos privados del corredor. Por todo esto, la estación es utilizada a diario por una importante cantidad de pasajeros que viajan tanto hacia Retiro como José León Suarez y también descienden en todas las estaciones intermedias del ramal.
Las demoras en esta parada contrastan con lo que se pregona oficialmente en materia de movilidad sustentable: utilizar menos los automóviles, para no saturar la ciudad y no contaminar el medio ambiente, y en cambio optar por el transporte público y más recientemente la bicicleta. Pero predicar con el ejemplo parece ser difícil y Drago todavía presenta zonas cerradas en el andén sentido a Retiro, donde se observa un estado de abandono total, y otras a medio terminar en el sector trasero, que a su vez es la entrada desde Donado y la vinculación con el CBC.
Mallas con hierros oxidados, arbustos altos que crecen tipo pastizales, maderas descoloridas y degradadas por el paso del tiempo, basura y escombros acumulados por doquier, vallados precarios que impiden el acceso al andén por Donado y escalinatas a medio hacer (sin pisos, explanadas ni barandas), que deberían comunicar con el acceso directo al CBC, conforman un escenario verdaderamente desolador.
Ni que hablar del tiempo en que se tardó en poner en funcionamiento los molinetes para las tarjetas SUBE en el acceso y la salida desde la calle Mariano Acha. Parece mentira, pero al día de hoy no hay ningún control del pasaje con lectores electrónicos si se ingresa por Donado desde la calle Rivera.

Mallas oxidadas que sirven de baranda provisoria: ¿quién se haría cargo si un pasajero se lastimara con ellas algún día?

Qué es lo que falta
Este triste panorama que presenta la estación lo deben padecer a diario los pasajeros de manera silenciosa. Pareciera que de un día para otro las tareas fueron abandonadas y todo quedó a la buena de Dios. Lo que resta hacer, por otro lado, no aparenta ser de un gran costo, ya que no es necesario utilizar materiales de origen importado (afectados por la suba constante del dólar) ni el empleo de mano de obra muy especializada. Sólo falta un pequeño empujón y en poco tiempo ponerle un punto final.
Lo primordial, ahora, es colocar losetas para poder bajar y subir por las escaleras (que sí están realizadas en hormigón), además de barandas e iluminación acordes para las diferentes horas del día. Realmente es muy poco creíble que no existan fondos para pagarle a los contratistas responsables por estas tareas y así entregar definitivamente el trabajo. Un argumento que puede explicar las demoras tiene que ver con las obras en los viaductos del ferrocarril Mitre y San Martin, que podrían haber absorbido más personal y cantidad de recursos pero no resulta muy creíble. Deben las autoridades de Trenes Argentinos dar una respuesta concreta a estas situaciones irregulares, porque los que quedan en el medio, como siempre, son los vecinos y pasajeros, que tienen que tomar como costumbre moverse entre obras precarias y servicios mal prestados.

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