En 1902, cuando Villa Urquiza tenía apenas quince años, José Álvarez decidió abrir el bar y almacén El Tropezón en la esquina de Monroe y Bauness. Luego se sumó su primo, Celestino Ramos, y juntos administraron el negocio durante décadas. Ambos eran oriundos de España y cada familiar que inmigraba se incorporaba al local. A mediados de los años 30 llegó Ángel Álvarez, sobrino de José, quien permaneció en el almacén durante seis décadas.
Con el paso del tiempo, la esquina de Monroe y Bauness se transformó en uno de los puntos de encuentro del barrio, sobre todo por el exquisito jamón crudo que allí se servía. A fines de la década del sesenta, el edificio estaba muy deteriorado y la familia tuvo que abandonarlo. Pero El Tropezón no dejó de existir: el 7 de octubre de 1968 reabrió sus puertas en el nuevo local de Bucarelli 2154, en esta oportunidad como un pequeño supermercado.
Con los años, bajo la administración de María Ramos, hija de Celestino y la única que está trabajando desde 1968 en forma ininterrumpida, junto a su esposo Carlos Sánchez, se afianzó entre los vecinos como centro de compras. Luego se anexaron unos 2.150 metros cuadrados y se agregaron nuevos sectores de carnicería, verdulería, fiambrería y panadería. El mes pasado, El Tropezón cumplió 49 años de vida como supermercado, pero conserva el espíritu del viejo almacén que supo ser hace más de un siglo.

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