Productor audiovisual, pudo cristalizar a los 45 años su vocación literaria. Primero publicó “Aspirinas y caramelos”, en el que despunta su pasión por Independiente y recuerda a su papá, prematuramente fallecido, y luego la novela “Largavistas”. “Los libros me ayudaron a hacer el duelo”, dice este vecino “enamorado” de Saavedra.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

-¿Cuándo llegaste a esta zona de Saavedra, aledaña al Parque Mugica?
-Se van a cumplir diez años. Un día un amigo me contó que se iba a mudar para acá, pero me resultó muy lejos porque yo vivía por Colegiales. Poco después, ya instalado, me invitó a comer un asado y cuando llegué dije qué es esto. ¡Me maravilló! Al poquito tiempo me dijo que había en venta una casa en la esquina y cuando vine a verla pensé me tienen que matar para que yo no me mude acá. Me enamoré del barrio.

-¿En qué calle vivís?
-Sobre Guttero, la del colegio. Salgo a correr y caminar por el Parque Mugica y todos los domingos voy a tomar café a E’Arrivato. Uso a full el barrio.

-Yendo a tus libros, el fútbol -y sobre todo Independiente- los atraviesa fuertemente.
-Sí, me gusta muchísimo. Empecé a ir a la cancha con mi papá a los 5 años y seguimos yendo hasta los 13, que fue cuando murió. Él era de esos padres lejanos, serios, muy chapados a la antigua, entonces el fútbol era nuestro punto de contacto.

-En nuestra generación, los abrazos entre padre e hijo eran por el fútbol.
-Hay un cuento que escribí hace un tiempo, y publicó Infobae, que se llama 1978, donde hablo del famoso partido que Independiente le ganó a Talleres con ocho jugadores. Es uno de los pocos recuerdos de abrazo que tengo con mi viejo.

-Tu abuelo era periodista del diario Crítica, ¿no?
-Sí, y mi viejo también. Laburó en La Razón, La Opinión, Radio Rivadavia, Radio Mitre y Canal 9. Vivía en los medios.

-O sea que la escritura la heredaste de ellos.
-Sí recuerdo a mi viejo como un tipo que estaba todo el tiempo sentado delante de una máquina de escribir. Yo veía eso y me encantaba. También me gustaba escucharlo contar historias de mi abuelo, a quien no conocí. Por ejemplo, que el padrino de su boda fue Natalio Botana, director de Crítica. Siempre digo que me crié entre tintas.

-Sin embargo, tu primer libro, Aspirinas y caramelos, llegó bastante después tus 40 años. ¿Te demoraste por falta de tiempo o por no tener una historia que contar?
-Por un lado, creo que con los libros tenemos como un respeto ceremonial, algo que me parece correcto. Yo durante muchísimos años tuve ese respeto y hoy lo sigo teniendo. A veces escribo textos que los miro y digo esto no lo puedo publicar. Por otro lado, sí creo que todos tenemos una historia para contar. Para mí, todas las vidas son una historia, no hay que creerse un personaje único. Ahora, decidirse a que eso se convierta en libro requiere de un trabajo de introspección para que no termine siendo un material menor.

-Claro, es riesgoso lanzarse a la aventura de escribir si no tenés un plan.
-Coincido. Sin embargo, en Aspirinas y caramelos traicioné eso porque no tenía un plan.

-Creo que la clave de su repercusión fue haberlo escrito visceralmente.
-Sin dudas. A esta altura, creo que mi yo escritor es visceral, aunque técnicamente no sé si eso es bueno.

-Sos autobiográfico.
-Sí. Siento que, hasta acá, tuve una vida con un montón de cosas interesantes para contar, entonces no veo por qué tener que inventar cuando puedo acudir a mis cajitas mentales y buscar ahí adentro.

-Un vecino nuestro, el escritor Hernán Casciari, hace esto mismo.
-¡Claro! Lo leo muchísimo y en general me gusta todo lo que escribe.

-Creo que todos tenemos vidas apasionantes, aunque algunos más sensibilidad que otros para notarlo.
-Es cierto. El otro día, en uno de los talleres de literatura que doy, leía un ensayo de Cortázar sobre lo fantástico. Él dice que no hay que crearse un mundo, sino estar sensible para detectar algo que dentro de lo normal tenga una pequeña desviación fantástica. Con lo biográfico pasa lo mismo. Confío mucho en la vida real como combustible de la literatura.

Olivera junto a Ariel Holan, el DT que obtuvo la Sudamericana 2017 con Independiente.

-Para ser un autor futbolero, parecería que la simpatía por Independiente es un ingrediente importante. ¿Cómo fue que esa pasión, también narrada por Eduardo Sacheri, te impulsó a escribir un libro?
-Como te contaba, mi viejo se murió de joven, a los 52 años, y yo me quedé mucho tiempo enojado con eso, sin poder entenderlo. Cuando se fue el Rojo a la B, en 2013, me conecté otra vez con él y necesité llamarlo. Empecé a anotar muchos de los recuerdos que tenía reprimidos y de a poco los fui escribiendo, sobre todo en Aspirinas y caramelos. Eso me ayudó a hacer el duelo que no había hecho.

-¿Tu público es básicamente hincha de Independiente o hay un lector heterogéneo?
-Es muy diverso, pero obviamente el de Independiente se conecta más. Además hay muchísimas mujeres futboleras, lectores que no tienen nada que ver con el tema y también hinchas de otros clubes, en especial de Racing. No sabés la cantidad de gente que me escribió para contarme que estaban duelando a sus papás a partir de mi libro.

-Sos muy respetuoso cuando hablás de Racing en tus textos.
-Totalmente. Yo crecí en la zona de influencia -soy de Lomas de Zamora- y en esa época Racing no era un enemigo. Nunca lo viví así. Es el clásico, por supuesto, le querés ganar todos los partidos, pero me crié rodeado de chicos con la camiseta de Racing. Mi viejo, por ejemplo, admiraba a Perfumo.

-Le fue muy bien a tus libros, evidentemente supiste generar algo en los lectores.
-Por suerte, sí. El primero se agotó muy rápido, se reimprimió varias veces y después lo reeditó Tusquets. Con Largavistas, el segundo, hubo un efecto saga, porque lo pensé como una precuela.

-¿Vivís de vender libros?
-No, para eso hay que ser un bestseller -y sobre todo un longseller-, algo que le sucede a muy pocos escritores en el mundo. Lo que sí, la mayoría de los trabajos que hago tienen que ver con mi creatividad, entonces eso me tiene muy activo. Doy clases de literatura y tengo una productora de comunicación que ofrece contenidos audiovisuales, textos y piezas de redes. Hago tele desde los 20 años.

-¿Tu historia de vida todavía tiene cosas para contar o vas a dar paso a la ficción?
-Todavía tiene, pero ya no me ato sólo a eso y me estoy dejando llevar por la ficción. De hecho, ahora estoy escribiendo una novela. También me gusta muchísimo escribir cuentos. Trato de, todos los días, reservarme una o dos horas para sentarme y escribir. En cuanto dejás de hacer eso, perdés el tono.

-¿El canon literario admite a los autores futboleros o hay una mirada prejuiciosa?
-Hay algo de eso, pero me tiene completamente sin cuidado (risas).

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