El periodista y abogado rosarino Luis Novaresio lleva tres décadas en los medios, pero alcanzó notoriedad poco antes de cumplir 50 años. Tras acompañar durante un lustro a Mariano Grondona en “Hora Clave”, programa que abandonó tras una polémica, tuvo un paso por Radio 10 y desde hace tres años conduce la primera mañana de La Red. Es uno de los pocos comunicadores que intenta no caer en la “grieta”.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

-¿Qué significó haber llegado a la masividad, a partir de una radio nacional como La Red, luego de varias décadas ejerciendo la profesión en Rosario?
-Antes de eso estuve dos años en Radio 10 a la tarde, haciendo el regreso. Se lo debo a la generosidad de Daniel Hadad, que me vio trabajar en el programa de Mariano Grondona los domingos y me convocó a la radio cuando aún le pertenecía. Los últimos años fueron de mucho trabajo y progreso. Estoy muy contento.

-¿Es válida en tu caso la metáfora del futbolista que pega el salto a la primera división con una madurez y una trayectoria ya consolidadas? Porque llegaste a las grandes ligas después de los 45 años…
-El aprendizaje que te da trabajar fuera de la Capital Federal o de los grandes medios es muy importante. Yo hice absolutamente de todo en Rosario: atender teléfonos, móviles, edición, lo que se te ocurra. Eso te da una ventaja por encima de quien nunca lo hizo.

-Hoy el periodismo se ha transformado en una gran avenida. Por la mano izquierda circula un grupo de periodistas encabezado por Roberto Navarro, Víctor Hugo Morales y Gustavo Sylvestre. Por la derecha van Jorge Lanata, Luis Majul y Alfredo Leuco como abanderados. Y hay un carril central, menos transitado, por el que se mueven vos, el también rosarino Reynaldo Sietecase y unos pocos colegas más. ¿Estás de acuerdo con esta analogía?
-Salvando los nombres, está bueno decir que hay un modo de hacer periodismo que es el intento de pararte ante cada hecho o situación con rigurosidad profesional. Si uno parte de prejuicios sobre tal gobierno o facción política es complicado trabajar. Milito todos los días porque mi periodismo sea consecuente con lo que pienso y que sea regido por tres principios elementales: la duda, la incomodidad hacia el poder y la posibilidad de argumentar. Cuando uno opina debe fundamentar.

-Además de periodista sos abogado. ¿Cuánto ayuda esa formación académica?
-Estudié Derecho por una necesidad, porque en mi tiempo la Facultad de Periodismo había sido cerrada por la dictadura. Estoy feliz de haber adquirido esta formación jurídica, que para el periodismo es esencial. El 90 por ciento de la información está atravesada por alguna cuestión judicial.

-La influencia del Derecho debe ser inevitable en quien lo estudió. En algún punto te debe comprometer más, porque te resultará imposible prescindir del concepto de justicia a la hora de analizar una noticia o realizar una entrevista.
-Sí, me doy cuenta de que cuando opino lo hago por deformación de la Facultad de Derecho. Eso está bueno; ayuda a pensar, a buscar el argumento, a rebatir. Definitivamente, ser abogado me ha ayudado e influye mucho en mi trabajo.

Novaresio 2
-Es famoso tu último programa con Mariano Grondona, donde disentiste con él y la entonces diputada de la Coalición Cívica Fernanda Gil Lozano cuando hablaron del proyecto de ley sobre la extracción compulsiva de sangre a posibles hijos/nietos de desaparecidos (N. de la R.: Puede verse el video en YouTube). ¿Abandonaste el ciclo como consecuencia de tu postura, discordante con el pensamiento del conductor?
-Tuve una gran experiencia trabajando con Grondona. La pasé muy bien y aprendí un montón. Me hacen gracia las críticas recibidas de muchos que -antes que yo- trabajaron con él, como Héctor Timerman, Tuny Kollmann, Gerardo Rozín y Gisela Marziotta. Parece que se olvidaron de ese pasado. A mí me tocaba hacer las preguntas y Mariano opinaba. Nunca tuve condicionamientos. Yo creo que había cumplido un ciclo y mi alejamiento fue una decisión conjunta. Terminé un domingo y al siguiente ya estaba trabajando en Radio 10.

-¿Cómo es la experiencia de hacer primera mañana en una radio líder?
-Estoy muy contento con la radio y mis compañeros. Tengo una libertad de trabajo soñada. La única gran contra es levantarse temprano. El resto es todo positivo.

-También hacés Desayuno con Pamela David, por América. ¿En la televisión te ves más forzado a construir el personaje?
-Me costó al principio. Es un magazine en el que finalmente encontré un lugar. Debo agradecerle a Pamela, que descubrió una veta para que podamos divertirnos.

-Este gobierno cumplió ocho meses de gestión y remarcás siempre que ya va siendo hora de mostrar resultados. ¿Creés que los casos de corrupción del kirchnerismo le permitieron al macrismo ganar algo más de tiempo?
-El gobierno de Mauricio Macri asumió con una posibilidad inédita de mejorar las cosas, exceptuando el caso de Raúl Alfonsín. El de Cristina Fernández de Kirchner ha sido el gobierno democrático con más alto índice de corrupción y, por lejos, el de mayor vocación autoritaria que haya existido. Con sólo mejorar las condiciones republicanas y combatir la corrupción, el gobierno de Macri podría ganar un espacio inmenso. El dilema es que mientras tanto la situación socieconómica se ha complicado. Hoy se está peor que hace un año, en muchos casos por torpeza y obcecación del gobierno. No alcanza con el pésimo segundo gobierno de Cristina para justificar la imposibilidad de mejorarle la vida a los argentinos.

-Sin ser un militante de la causa, te preocupa la defensa de los derechos humanos. ¿Se ha perdido esa sensibilidad en esta etapa política del país?
-Para el gobierno de Mauricio Macri los derechos humanos no son una prioridad, entendida ésta como la reivindicación jurídica de las víctimas de las atrocidades ocurridas entre 1976 y 1983.

-La grieta que divide a kirchneristas de antikirchneristas -o a macristas de antimacristas- no sólo está lejos de desaparecer, sino que parece haberse acentuado. ¿Qué gesto, político o civil, sería necesario para pacificar a la sociedad?
-Creo que va a tomar mucho tiempo. Esto es cultural. Hubo 12 años de convertir al que disentía en un enemigo. No se cambia eso de un día para el otro, muchos se han criado bajo esa lógica. Aunque muy alejado de lo que era el kirchnerismo, el actual gobierno también tiene atisbos de intolerancia. La verdad, no sé cómo se desactiva la grieta.

-¿Cómo hacés para dividirte entre Rosario y Buenos Aires? Entiendo que seguís compartiendo residencia entre ambas ciudades…
-¡Como se puede! Es absurdo que no exista un tren como cuando era chico, que permitía llegar en tres horas y media. El avión es ridículo: 30 minutos de vuelo contra una hora de preembarque. Hay que ir en auto por una pésima ruta, donde por ejemplo se murió mi amigo Tomás Bulat. Ir a Rosario es una aventura y yo la vivo semanalmente. Con Reynaldo Sietecase, con quien me suelo cruzar, decimos que nuestra vida es muy parecida a la orden que da el asistente cuando vas a salir al aire en la tele: “¡Vamos que venimos!”.

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2016/09/Novaresio-1-1-150x150.jpg