Es sorprendente ver cómo, gracias a la nueva tecnología de LED, calles y avenidas lucen casi de día en plena noche. Sin embargo, en oposición a esto, muchas cuadras y sectores de la ciudad todavía no la tienen y están en penumbras. A esto se suma, en algunos casos, la falta de poda, que no deja pasar entre sus ramas la mínima luz.

Por Sergio Calandra
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En casi todos los órdenes de la vida, la prevención y planificación es fundamental para atenuar males mayores. Si trasladamos estos conceptos al diario vivir ciudadano, la inseguridad debe ser combatida por una gestión ágil y eficiente por parte de las autoridades municipales, para así brindar tranquilidad a los vecinos de la Ciudad. La presencia policial es la forma más visible de disuadir a los delincuentes, pero sabemos que es técnicamente imposible que haya efectivos las 24 horas, custodiando cuadra por cuadra toda la Capital Federal.
Aunque se instalaron más cámaras de seguridad para monitorear la vía pública porteña, esta medida no es del todo efectiva ya que cuando sucede un robo se debe actuar de inmediato antes de que el delincuente escape. Una de las soluciones más directas para prevenir la inseguridad en las ciudades es contar con una iluminación potente en veredas, calles, avenidas, autopistas, plazas y parques.
Esto debe ser garantizado por las autoridades como un servicio público, en el marco del costoso impuesto municipal que incluye alumbrado, barrido y limpieza, conocido como ABL. Recordemos que la iluminación media y alta que abarca por donde circulan los automóviles es obligación exclusiva del Gobierno de la Ciudad. Este punto no le compete ni está al alcance de los vecinos. Sin embargo, además de esta iluminación, el propietario frentista puede colocar en su fachada un reflector o artefacto lumínico para de esa manera aumentar la visibilidad en la vereda de acceso a su inmueble.

Las farolas quedan escondidas dentro de las copas de los árboles si no se cortan las ramas que las rodean.

Bocas de lobo
Todavía en muchas calles de nuestra Comuna 12 las nuevas luminarias de LED de bajo consumo “brillan” por su ausencia. En consecuencia, transitar por algunas zonas de nuestros barrios en horarios nocturnos se torna una verdadera aventura, por la inseguridad y el cada vez más recurrente accionar de los “robaruedas”, puntualmente en el barrio de Villa Urquiza.
En estos casos, sólo los focos de los vehículos que circulan por la zona son los que ayudan a dar un poco de luz entre la oscuridad. Entendemos que el recambio de luminarias por la tecnología LED requiere tiempo, por la instalación de cableado nuevo y la colocación de postes más modernos que presentan un novedoso diseño y combinan luces bajas y altas para abarcar distintos tipos de alturas.
En muchas intersecciones de calles, como así también a mitad de cuadra, aún están presentes y funcionando las añejas farolas con lámparas amarillas de mercurio, que se entremezclan con las ramas de tupidas especies arbóreas y apenas pueden proyectar una tenue luz.
Los vecinos que viven en estas calles reclaman y reclaman, pero la poca iluminación parece no ser advertida, incluso en muchas cuadras históricas. Ni que hablar de cuando las luminarias directamente no funcionan durante la noche y la falencia se extiende durante varias jornadas. Paradójicamente, en otros sectores ocurre lo contrario: las luces quedan encendidas las 24 horas.

Así lucían prendidas, a las 9 de un día de julio, las viejas luces de mercurio a lo largo de toda la calle Díaz Colodrero.

Ejemplos en Villa Urquiza
Un caso ya crónico por la falta de iluminación, y que hasta el momento pareciera no estar contemplado dentro del plan de recambio de LED, se lo puede ver en la calle Bauness entre Le Bretón y Pedro Ignacio Rivera, justo en los alrededores de la Plaza Echeverría. Este tramo, particularmente, tiene un tránsito fluido e intenso ya que es la continuación obligada de la Avenida Triunvirato, que proviene desde Crisólogo Larralde hasta Congreso, para luego doblar en Rivera.
En horarios nocturnos, el caudal vehicular que pasa por allí al menos alcanza a iluminar la zona pese a la falta de alumbrado público, pero esto no es suficiente. Presenta la misma situación la calle Nahuel Huapí entre Díaz Colodrero y Bucarelli, con partes sombrías que adolecen de buena iluminación.
En contraposición a esta oscuridad, en reiteradas ocasiones se puede ver cómo, a plena luz del día, permanecen encendidas las luminarias centrales de toda la calle Díaz Colodrero, desde Roosevelt hasta la Avenida Congreso. Evidentemente, es una materia compleja la coordinación de la iluminación en la vía pública.

Falta de poda
Hay luminarias que pierden efectividad porque conviven entre ramas crecidas y copas de frondosos árboles, que no les permiten dejar pasar la luz en toda su plenitud. Es por esto que la poda debe ser más intensiva y continua, para evitar que sucedan estas situaciones. Las áreas de alumbrado y poda deberían trabajar en forma conjunta y coordinada en estos casos. Con una mayor organización, se podrían optimizar los costos y el dinero invertido para estas tareas.

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