Luego de formarse en un conservatorio neoyorquino, este joven vecino creó una compañía teatral compuesta por actores argentinos y estadounidenses. En el marco de un festival de comedia musical, en enero llevará a los escenarios La Parka, de Diego Corán Oria. Actor, productor y director, aquí cuenta cómo es la vida en la ciudad que nunca duerme.

Por Tomás Labrit
tlabrit@periodicoelbarrio.com.ar

Malcolm March (26) estaba por terminar la carrera de Imagen y Sonido cuando, por curiosidad, se anotó en un curso de comedia musical. Fue tal el interés que le despertó que, pese a que le faltaban pocas materias para recibirse, decidió abandonar la universidad para abocarse de lleno al teatro, su verdadera vocación. Así fue como comenzó a tomar clases de actuación, baile y canto.
A los 23 dio el gran salto: luego de obtener una beca, dejó Donado y Los Incas para irse a estudiar a un conservatorio en Nueva York, donde se instaló en un barrio latino ubicado al norte de la isla de Manhattan. Además de la formación en el conservatorio, participó de diferentes obras, entre ellas Dos pícaros sinvergüenzas, que representó en Carolina del Sur. En sus tiempos libres daba clases de español a través de la música a niños de escuelas de Brooklyn, Bronx y Manhattan.
Una vez que concluyó los estudios, en octubre del año pasado creó la compañía “El laboratorio argentino de teatro”, integrada por actores porteños y neoyorquinos que conoció durante su estadía en el país del norte. El principal objetivo de la entidad -que ya está inscripta legalmente- es ser un nexo entre ambos países y adaptar al inglés los libretos de las obras argentinas para representarlas en los escenarios de Nueva York. No es una empresa sencilla: la puesta en escena incluye el alquiler de una sala teatral, aunque los elementos de utilería y escenografía son aportados por los integrantes neoyorquinos. Cuenta Malcolm que se trata de un proyecto completamente autodidacta y de financiación personal, con pocos antecedentes en el ámbito teatral.

-Volviste de Nueva York en julio, luego de vivir más de dos años allí. ¿Qué conclusión sacaste de esa experiencia?
-En Nueva York la gente va al punto: si te piden algo, no hay excusas. Es una sociedad que te demanda estar preparado todo el tiempo. Fui a Estados Unidos sin saber de la historia del teatro musical y de pronto me encontré con muchísimas obras que no conocía. Me cambió la manera de ver el teatro. Siempre pensaba que para ser actor hay que ir a clases y ver obras de teatro, pero va más allá de eso. Es necesario estar al tanto de la historia y de la actualidad y leer la mayor cantidad de autores.

Malcolm March, en escena.

Malcolm March, en escena.

-¿Nueva York es la meca del teatro?
-Sí, sobre todo de la comedia musical. El teatro de Nueva York es muy bueno, compite con el de Chicago.

-¿Tu género predilecto es la comedia musical?
-No, me gustan todos. Las obras que más me atraen son las que tienen mucho contenido. En el musical, en cambio, en una canción de tres minutos te ponés a llorar. Es muy rápido, no tiene mucha profundidad.

Luego de un breve receso en Villa Ortúzar, donde disfruta de estar con su familia y juntarse con amigos, ahora se prepara para un nuevo desafío. En el marco de un festival de comedia musical que se desarrollará en Nueva York, en enero del año próximo presentará el célebre musical argentino La Parka, de Diego Corán Oria, distinguido con un Premio Hugo en 2010.
Como meta a largo plazo, la compañía se propone contar con un centro propio para dar clases de teatro e intercambiar profesionales, un hito que sería inédito para el espectáculo argentino. “Romper las reglas no es lo correcto: hay que reinventarlas desde el conocimiento y las ganas de mejorar”, concluye Malcolm.

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