Vive en Saavedra, es hincha de Platense y una amante de Villa Urquiza. Fue discípula de Hugo Midón y debutó en televisión a los 16 años. Mantiene un perfil muy bajo, a pesar de haber participado en destacadas ficciones, obras de teatro y películas. Férrea defensora de los derechos de las mujeres, asegura que son habituales las situaciones de acoso en su rubro y relató una lamentable experiencia. La actriz fue una de las figuras de la TV Pública con su protagónico en “Cuéntame cómo pasó”.

Por Pablo Riggio
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A Malena Solda se la puede ver un día cualquiera indagando los negocios de Triunvirato y Mendoza, en alguna plaza del barrio con su hijo, comprando en la verdulería cerca de su casa por la zona de la Parroquia Dulcísimo Nombre de Jesús o tomándose el tren para ir a trabajar. Como una vecina más. Así es como se presenta en una pequeña confitería durante una mañana de enero en la que aún en las primeras horas del día el sol derrite el asfalto sobre Crisólogo Larralde. Bajo el refugio del aire acondicionado, se quita el sombrero de mimbre, las gafas de sol y, con un agua sin gas de por medio, cuenta y escucha con mucho interés historias de su barrio.

Raíces “calamares”
La actriz se crió en Florida, pero vivió seis años en Villa Urquiza y desde hace tres reside en Saavedra junto a su marido, el músico Mario Gusso, el niño que tienen en común, Teo, y el hijo mayor de su pareja, Paco. Mantiene un vínculo con el barrio “de toda la vida” por ser el lugar de origen de su padre. Y, al igual que él, lleva en su corazón los colores de Platense.
“Fui una vez a la cancha de chiquita pero me re aburrí. Viví durante un año afuera y cuando volví le dije a mi papá ‘¡no puede ser que no haya vuelto a la cancha!’ Así que fuimos a ver Platense contra Laferrere un día de semana, muy gracioso. No podían venir los visitantes y había uno solo que no sé cómo se metió y le gritaba sin parar a su arquero: ‘¡Horrible! ¡Sos horrible!’. Todo el partido igual. Por suerte ganó Platense, así que no soy yeta”, bromea en esta charla con El Barrio, medio que destaca por sus fotos históricas y porque “cuenta cómo es el universo de la zona”.
Formada en la escuela de Hugo Midón desde niña, debutó en televisión a los 16 años de la mano de la recordada ficción Montaña Rusa. Y nunca paró. En realidad sí: cuando se fue a vivir a Londres amenazó con cambiar el rumbo de su vida, pero no fue más que una breve crisis vocacional. Lo cierto es que participó en más de 15 ficciones en la pantalla chica, 12 películas, 19 obras de teatro y ganó numerosos premios, entre los que se destacan dos Cóndor de Plata: uno como “revelación femenina” en 2001 por su labor en el largometraje Nueces para el amor y otro como “mejor actriz de reparto” en 2009 por Cordero de Dios.
El año pasado fue una de las figuras de la TV Pública con su protagónico en Cuéntame cómo pasó, la ficción que, con imágenes documentales del archivo histórico del canal, planteó un debate sobre la última dictadura militar. Con un gran elenco integrado por Nicolás Cabré, Leonor Manso, Franco Masini y Candela Vetrano, tuvo un valor extra por ser una producción propia del canal estatal y lograr gran repercusión, algo que no sucedía hace tiempo. Y los exteriores se grabaron en Saavedra.

En 2017 protagonizó con éxito “Cuéntame cómo pasó”, por la TV Pública.

Cuéntame cómo era… el barrio
La actriz de 40 años dice que su primer contacto con Villa Urquiza fue hace mucho, cuando vivía en Chacarita y escuchaba FM Urquiza, “la única radio de jazz que conocía”. Luego se mudó al barrio, al que conoció muy bien por pasear con su bebé en cochecito. Pero más allá de lo que pudo observar, descubrió una historia de lucha vecinal que le fascinó.
“Lo que más me gusta es que tiene mucha identidad. Me encanta cómo lo defienden los vecinos. Además de los negocios y que podés resolver todo casi sin moverte, me gusta mucho el Teatro 25 de Mayo como emblema porque lo recuperaron los vecinos. Lo conocí cuando fui a ver a mi marido, que tocó con Diego Schissi. Con mi hijo recorrí mucho la zona y la conocí mejor”, cuenta Malena.

-Después te mudaste a Saavedra, ¿cómo ves el barrio?
-Los espacios verdes que tiene son un privilegio, no sentís que estás en Capital. En Villa Urquiza han tirado abajo casas que son hermosas; cuando caminaba por Juramento para el lado de Constituyentes veía cómo las iban destruyendo. Tendría que haber algún tipo de reglamento para eso. Los vecinos de Villa Pueyrredon pudieron parar un poco eso. Y en Saavedra la gente es súper amable. Tiene muy buenos accesos y opciones para moverse. Cuando me tocaba ensayar en el Teatro Cervantes o a veces en hora pico en Canal 7, me subía al tren y estaba feliz sin estresarme.

-Supongo que habrás ido al Parque Sarmiento alguna vez.
-Sí, pero no me gusta cómo está, me deprime. Iba con el colegio para hacer educación física y mi tío me llevaba a la pileta con mis primos. Era muy distinto: evidentemente no les interesa cuidarlo porque la fachada está divina, pero cuando entrás… Fui con mi hijo muy chiquito y eran un peligro los juegos, todos oxidados y rotos: en cualquier momento podía haber un accidente. Y lo que no está descuidado está privatizado. El parque es de los vecinos, no tiene por qué estar así. Prefiero ir a otras plazas.

-“Cuéntame…” tiene mucho de barrio, porque muestra cómo eran los vínculos en aquella época: los fines de semana se pasaban en el club, los vecinos y la gente que atendía los negocios se conocían entre todos y los amigos eran los de la cuadra.
-Sí, mi mejor amiga, por ejemplo, es de Florida, donde me crié. Aunque después la vida me llevó para otros lugares. Me gustaría que Teo, que tiene cuatro años, tenga sus amigos y sus actividades por el barrio. Vamos mucho por la zona del Club Arquitectura, ese pulmón es hermoso y veo que está todo muy cambiado. Volviendo a Cuéntame… ¡se grababa acá! En el Barrio Presidente Perón. Elegimos ese lugar para los exteriores en los que se mostraban la fachada de la casa de los Martínez (N. de R.: La familia que formaron su personaje y el de Cabré) y la iglesia, porque es difícil encontrar casas que no tengan rejas, como en la época de la serie.

-¿Se viene una segunda temporada de “Cuéntame…”?
-No se sabe, pero es un contexto difícil, de achique de presupuesto, así que no me hago muchas ilusiones.

-Hace mucho que una ficción de la TV Pública no tenía tanta repercusión, ¿a qué se debe?
-Estuvo muy bien planteada y pensada desde del canal. Por un lado, la idea de contar a través de una familia cómo nos afectaron las cosas que sucedieron en el país. Que los miembros de esa familia sean personas reconocibles también fue importante. Ves cómo se llevaban la mama y la abuela, la forma en la que el padre trataba a los hijos varones y la diferencia con las mujeres. La serie tocó fibras que eran de la idiosincrasia argentina. Sobre todo, gente de una generación se sintió muy identificada con eso.

“Me gusta de Villa Urquiza que tiene identidad. Me encanta cómo lo defienden los vecinos”, dice.

-El elenco tiene mucho que ver también.
-Al convocar a actores como Franco Masini o Candela Vetrano, se atrajo a un púbico que no sabe de qué estamos hablando porque nació después de aquella época. Eso le permite a los padres, que sí lo son, tener una conversación con los hijos sobre cómo eran las costumbres y la vida en ese momento. También juega la parte de la nostalgia de cómo era vivir en un barrio y en una comunidad en la que había lazos que se rompieron con la dictadura militar. Y el material de archivo es muy grande y te coloca en el lugar. Lo ves y decís “ah, esto era lo que pasaba”.

“¡Yo a vos te conozco!”, interrumpe una vecina que estaba comprando facturas en la confitería de la entrevista. Malena no se sonroja, pero sonríe tímidamente. “Sí, soy de un programa de televisión”, le contesta. “Dale, decime. ¿Quién sos?”, insiste. Se presenta, la señora le da un beso y se retira exclamando: “Te tenía vista de algún lado. ¡Una artista en Villa Urquiza!”. Continuemos…

-En este último tiempo a las ficciones “vintage”, por decirlo de alguna manera, o las que hacen referencia al pasado, les ha ido muy bien. El caso más emblemático fue el éxito de “Graduados” en Telefe.
-Es cierto, tal vez porque es una forma de hablar de nuestra identidad y entender quiénes somos. El desafío es confiar en que la gente no va a cambiar de canal y eso se pudo hacer con Cuéntame… porque hay contenido y un mensaje. Eso falta hoy en día en la televisión: excepto en Un gallo para Esculapio y alguna que otra cosa en particular, falta un contenido, contar algo, valores…

-Vos eras muy chica, ¿pero en tu casa se hablaba sobre política en épocas de la dictadura?
-Yo nací en el 77, así que no recuerdo mucho. Pero con la vuelta de la democracia te puedo decir que sí se hablaba. A mí me interesa la historia argentina y en mi casa siempre hubo una conciencia política al respecto.

-Jugando con lo que pensás en “la vida real”, ¿cómo sería un “Cuéntame…” de estos últimos dos años?
-(Risas) Si querés que te diga si estoy a favor de Macri o no, me lo guardo. Prefiero transmitir mis ideales a partir de mi trabajo. Si leés y ves la línea que sigo desde hace muchos años, hay una coherencia. Prefiero que mi trabajo hable para que escuchen todos, si no te deja de escuchar un sector y no está bueno para mí.

-Entiendo. La grieta está presente no sólo en los actores sino en los espectadores…
-Es sano tener discusiones. Pero me gustaría que podamos escucharnos: que mi punto de vista invalide el del otro es muy inmaduro. Falta mucho todavía para madurar. Hay cuestiones de racismo que pareciera que son innatas y a la gente no le parecen raras.

-¿Racismo?
-Sí, “estos negros de mierda” y esas cosas. Un horror. En otro lugar te meten en cana por decir algo así. Mismo en el barrio lo escucho y digo “wow”, cuánto prejuicio.

-Teniendo una postura tomada, ¿cómo hacés para abstraerte de lo ajeno e interpretar un personaje? Más aún con temas tan delicados de por medio como los derechos humanos en “Cuéntame…”.
-Más que abstraerme, busco elementos que me ayuden a concentrarme en eso. Es otra mecánica. Tengo que hacer un personaje que tiene 40 años en 1974, o sea que se casó en la década del 50. Las costumbres en aquella época eran de tal y tal manera, la relación con su marido era que él trabajaba y ella se quedaba en la casa, no había ningún electrodoméstico. Llegó desde España de chiquita. Y ahí empieza la imaginación. Después viene la vestuarista y ya empiezo a decir “ah, yo no me visto así”. Me hacen un peinado de la década del 60 y ya no soy yo: es mi tía abuela o la gente de las fotos familiares en blanco y negro que veía en mi casa.

“Me encantaría trabajar alguna vez en el Teatro 25 de Mayo”, confiesa. Foto: Alejandra López

Time’s up
La industria cinematográfica argentina y en todo el mundo se encuentra en un momento histórico de lucha a favor de la igualdad de género y en contra del acoso sexual. Así quedó demostrado en una edición que será recordada por mucho tiempo de los premios Globos de Oro llevada a cabo a principios de año en Los Ángeles, en donde actores, actrices y directores fueron vestidos de negro a la Alfombra Roja para demostrar su apoyo a la campaña Time’s up (se acabó el tiempo), cuyo objetivo es terminar con los abusos y que aquellas que los sufrieron salgan a contarlo para que no siga ocurriendo.
“Creo que hay grandes diferencias entre el hombre y la mujer en el trabajo. Son códigos en los que las mujeres a veces no entramos. Una cuestión de idiosincrasia, tal vez. Con todos estos temas que se están denunciando espero que cambie un poco. Los casos de abuso no pueden quedar impunes”, dice la actriz.
Ella lo vivió en carne propia. Según contó, a los 20 años sufrió una situación de acoso con el director de una película que estaba grabando: “La típica de ‘yo soy el director y vos sos la actriz’. Le paré el carro rápido porque son cagones. Creo que lo mejor es exponer a la persona que abusa de su poder simplemente porque tiene poder. Como cuando alguno se hace el vivo en el colectivo y te quiere tocar, le decís: ‘¿Qué te pasa? ¿Qué querés? ¿Qué hiciste?’. Ahí ya empieza a recular, dice que estás loca. Sí, yo soy la loca pero vos me metiste una mano. De chica lo aprendí”. Según su testimonio, el acoso en el mundo cinematográfico “es mucho más habitual” de lo que parece.
Además de la concientización sobre la igualdad de género, en el último tiempo se reavivó el debate sobre el aborto por una discusión entre Facundo Arana y Muriel Santa Ana: él dijo que una mujer “se realiza” cuando se convierte en madre -después salió a pedir disculpas por sus declaraciones- y ella le contestó confesando que había abortado hace muchos años. “Los conozco a los dos y me siento más cerca del pensamiento de Muriel -opina Malena-. El aborto es un tema híper tabú en esta parte del mundo, pero creo que también hay mucha hipocresía. Se mueren las mujeres pobres, las que no pueden pagar un aborto seguro. Pero una mujer que quiere o se tiene que hacer un aborto se lo va a hacer igual: la que tiene plata no se muere y la que no la tiene, sí”.
Y explica: “Educación sexual para decidir, preservativos para no abortar, aborto legal para no morir. Esto empieza desde antes, desde la educación, y para eso hay que sacar un poco a la Iglesia del medio. Pero es muy difícil, más aún con un Papa argentino”.
Perfil bajo, ideas claras, mucho trabajo. Conceptos que describen a la perfección a la vecina que se prepara para interpretar La tempestad, la famosa obra de William Shakespeare, que se presentará a partir de mayo en el Teatro San Martín con dirección del británico Penny Cherms y un elenco integrado por Osqui Guzmán, Iván Moschner, Martín Slipak, Alexia Moyano, Marcelo Xicarts y Gustavo Pardi. Una larga carrera por delante con varios sueños por cumplir. Uno de ellos, en su querida Villa Urquiza: “Me encantaría trabajar alguna vez en el Teatro 25 de Mayo”.

Foto de portada: Alejandra López

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