Lector del periódico y vecino de Villa Urquiza, es un reconocido consultor en temas de desarrollo agropecuario que desaconsejó invertir en Argentina: “Los costos internos son altísimos y la infraestructura en transporte está atrasada”. Siente aversión por la sociedad y debido a ello prefiere estar con su señora, su hijo y sólo un par de amigos.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

Llamó nuestra atención primero como lector participativo y crítico de El Barrio. Luego desde su cuenta de Twitter, a través de definiciones políticas y económicas cargadas de acidez. En la red social del pajarito, donde lleva publicados más de diez mil tweets pero apenas supera los 150 seguidores, se define como misántropo. Es decir una persona que huye del trato con otros seres humanos o siente aversión hacia ellos. Ya explicará las razones de ese rechazo social. Marcelo Posada (Buenos Aires, 1962) tiene una formación multidisciplinaria: empezó estudiando Geografía, después hizo la Licenciatura en Historia y finalmente obtuvo un Máster en Sociología.
Fue docente secundario y universitario (FLACSO y Universidad Nacional de Luján, entre otras sedes educativas) e investigador del CONICET. En cierto momento se abocó a la consultoría, su actual ocupación. Se especializa en temas de desarrollo económico agropecuario. Analiza las variables macroeconómicas y la institucionalidad, entre otros factores. Presta sus servicios a empresas y organismos nacionales e internacionales. Hace un tiempo llegó a pasar hasta cinco días de la semana fuera del país. “No sólo fue un trabajo sino un aprendizaje. Me empapé de la visión del empresario”, se presenta este interesante vecino que “nació, creció, se casó y se divorció en Villa Urquiza”.

-¿Cree que la coyuntura económica del país es propicia para el arribo de inversiones?
-Soy muy honesto: desaconsejé invertir en Argentina. Los costos internos son altísimos y la infraestructura en transporte está más que atrasada. Estando en Córdoba, te sale más barato llevar mercadería a Santiago de Chile que a Rosario. Tenemos un atraso de por lo menos 30 años.

-Es una falencia de la democracia, entonces.
-Hubo una mala asignación de recursos. A la clase política le importa la obra que se puede inaugurar en su período de gestión. No hay una visión a largo plazo.

-¿Es una tara de la política argentina o excede a nuestro país?
-Es netamente argentina. Chile funciona de otra manera, la expansión de infraestructura de Perú es otra cosa, en Colombia lo mismo. Brasil tuvo su época de gloria entre los 60 y los 80, en los 90 empezó a temblar. Desde que tengo memorial racional, ¿cuántas obras realmente grandes conocemos? ¿En momentos de bonanza económica -los 90, cuando entró mucha plata por las privatizaciones- qué hizo el Estado? Un viejo ingeniero me decía: “La civilización va de la mano del asfalto y los cables”.

-¿Qué le falta a la Argentina para crecer en términos de desarrollo?
-Infraestructura logística, básicamente, y una reforma educativa seria con un proyecto a 30 años. Y, como tercer elemento, el estímulo a la libertad económica. Fijate cómo, sacándole el pie de encima al sector agropecuario pegaron un salto el trigo, el ganado bovino, el pollo, el maíz… De ahí tenemos que sacar alguna lección: no se puede frenar el dinamismo económico.

-¿Nuestro modelo educativo atrasa?
-No solo el contenido sino la capacidad crítica del alumno, que no existe. Cuando dejé la universidad como profesor, en el año 2000, ya estaba saturado de los alumnos. No saben interpretar un texto, pero no es culpa de ellos. Estamos en desventaja respecto de Chile y Uruguay.

-Ahora entendemos un poco la personalidad que transmitís por Twitter: sos una persona escéptica, resignada con la sociedad. ¿No tenés expectativas?
-No, para nada. Mi horizonte es poder jubilarme y que no me jodan (risas).

-Te describís como misántropo. ¿Tanto te cuesta relacionarte con la gente?
-No tengo problemas desde el punto de vista laboral, porque mi profesión me lleva a interactuar continuamente. Pero prefiero estar con mi señora y mi hijo. Tengo un par de amigos, como mi compañero de pesca, Ricardo. Mientras tenga libros, música, cocina y pesca, no necesito nada más. Cocinar y pescar son mis dos cables a tierra.

-¿Cómo surgió tu vocación por la gastronomía?
-Desde muy chico me paraba al lado de mi vieja cuando cocinaba. Formalmente, nunca estudié. Empecé a cocinar cuando me divorcié. Con el tiempo comencé a leer y me formé en técnicas. Cuando tenía televisión -ya no tengo ni veo- miraba los programas de cocina. Ahora en YouTube tenés tutoriales de todo tipo y vas aprendiendo. En mi casa mi mujer no cocina. Lo que más disfruto es hacer pastas. También preparo bastante carne. Con este tema soy medio TOC: los miércoles planifico los platos de las dos semanas siguientes. Igual, si te gusta cocinar, tenés que improvisar. Hay que ser rígido para planificar, pero flexible si por ejemplo vas a la verdulería y encontrás berenjenas baby, que se consiguen poco en el mercado.

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