Es vecino de Parque Chas y con su libro “Una casa junto al Tragadero” obtuvo el Premio Tusquets de Novela, prestigioso certamen literario español. Coterráneo de Mempo Giardinelli, viejo conocido de este periódico por su vínculo con Coghlan, el joven escritor chaqueño descubrió en el barrio laberíntico un lugar incluso más tranquilo que su Resistencia natal.

Por Federico Chiapparrone
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Para los vecinos de Parque Chas, Mariano Quirós es un perfecto desconocido. Podría correr por el barrio o sentarse a escribir en un bar de la zona y pasar desapercibido. Pocos saben que es el último ganador del Premio Tusquets de Novela por su libro Una casa junto al Tragadero. Y que desde hace un año se mudó al pequeño barrio con calles circulares y fama de laberinto. Desde entonces, ese inesperado batacazo le ha otorgado otra proyección dentro de la literatura nacional. Menudo, con la pinta de un boxeador peso mosca, Quirós se salteó varias categorías de un tirón.
A pesar de que en su “prontuario” figuran otros galardones, entre los que se cuentan el Premio del Fondo Nacional de las Artes por su libro de cuentos La luz mala dentro de mí (Factótum Ediciones, 2016), ya no es el joven escritor chaqueño nacido en Resistencia en 1979. Una casa junto al Tragadero es la historia del Mudo, un personaje enigmático y multifacético que migra súbitamente de la ciudad al monte con lo puesto. Colonia Benítez es el escenario de su estadía circular. Tal como lo dice el título de la novela, una casa vacía e inhabitable y un río que se traga todo completan el cóctel. En los paisajes inhóspitos y aparentemente aterradores de Colonia Benítez, el Mudo termina siendo un ejemplar que altera la quietud del ecosistema.
Acompañado de su mujer y su hijo recién nacido, Quirós habló de todo en una extensa charla con El Barrio.

-¿Por qué te mudaste a Buenos Aires?
-La mudanza a Buenos Aires fue más que nada por aburrimiento de los dos. Si bien Resistencia me gusta, es la ciudad donde crecí, llegó un momento en el que se estaba repitiendo año tras año nuestra rutina, como que ya no había nada más que hacer; era sólo esperar de un año al otro. En realidad nunca había estado en nuestros planes Buenos Aires. A mí por lo menos me espantaba un poco. Y medio que de golpe, como todo, nos vinimos. Más que nada por eso, por aburrimiento.

-¿Y Parque Chas?
-Si bien veníamos muy seguido a Buenos Aires, no terminás de conocer Buenos Aires hasta que no te instalás. Para mí era como un amasijo, una gran pelota urbana, toda igual. Y una vez que nos instalamos acá aprendí a distinguir un barrio de otro y sus particularidades. Y la llegada a Parque Chas fue más que casual, porque nosotros no veníamos pensando en un barrio. De alguna forma nos daba un poco lo mismo. Buscábamos algo que estuviera cerca de nuestros trabajos. Medio que de última llegamos a Parque Chas. Y ¡wow! nos encantó de un saque. Nos alucinó.

-¿Por qué?
-Primero porque es objetivamente lindo. Después porque es muy tranquilo. Es como un pozo de silencio en medio del bochinche de la ciudad. Es incluso más tranquilo que donde vivíamos nosotros, en el centro de Resistencia. Y acá de golpe te metés y hay un silencio abrumador, que nos cae bien, nos gusta. Ahora estamos aprovechando más el barrio, para sacarlo a nuestro hijo y pasear un poco. Y más nos gusta el barrio todavía.

-Hay como un contraste entre tu mudanza y la novela. El Mudo, el personaje principal, se va de Resistencia al monte. Vos hiciste a la inversa.
-Es casual todo, pero algo debe haber. Me gusta pensar que la literatura está primero que la experiencia. Aunque sea casual, me gusta ver el hecho de que en esta novela hay un personaje que se muda, que provoca como un golpe en su vida. Casualmente yo hice lo mismo que ese personaje. Es como que primero escribís y después reproducís la experiencia de lo que escribiste. Primero está la literatura y después la vida práctica.

-¿Y cómo fue cuando te enteraste de que habías ganado premio tan importante?
-Ganar el premio que sea te pone en un lugar que no podés creer. En realidad, mandé la novela por el simple hecho de que podía enviarla por correo electrónico. No iba a ponerme a encuadernar y fotocopiar, era un gasto importante y para mí las chances eran muy pocas. Por el jurado, por ser en España. No tenía mucha expectativa, la mandé con menos expectativa que si la hubiera enviado por correo postal. Me dejaron temblando cuando me avisaron que había ganado el premio.

-Después de haberte mudado a Buenos Aires y ganar el premio, ¿cómo te recibió la escena porteña de la literatura? ¿Tuviste contacto con otros escritores?
-Muy bien, incluso antes de ganar el premio. Hay varios ámbitos literarios en Buenos Aires y en cada grupo siempre fueron muy amables. Desde las invitaciones a leer hasta las devoluciones por lo que uno escribe. Siempre con buena leche. Y además con ánimo de estrechar vínculos. Eso también forma parte de la literatura.

-En tus cuentos de La luz mala dentro de mí ya se pueden ver los primeros gérmenes de la novela, ¿cómo fue surgiendo?
-En realidad muchos de esos cuentos los escribí en el medio de la novela. La corté exactamente por la mitad para terminar de armar el libro de cuentos. Y en el cuento que lleva el nombre del libro, en el que ya se nombra al río Tragadero, tomé la historia que ya estaba narrando y la incluí dentro del cuento. En realidad, el río Tragadero es un río precioso que está en el Chaco y desemboca en el Paraná. Y que no es el río siniestro de la novela. La idea surgió a partir de que un amigo, Luciano Acosta, me empezó a romper con que tenía que escribir algo que se llamara Tragadero. Y así jodiendo con el Tragadero fui armando algo, al principio con la idea de armar como una especie de Martes 13, con un personaje como el loco enmascarado que andaba con una sierra, pero después se fue acomodando a medida que iba armando la historia y la iba pergeñando.

-¿Catalogás a la novela como “de terror”?
-Tiene elementos de literatura de terror, pero también hay otras cuestiones que están presentes. Siento que el personaje tiene algunos rasgos tiernos, por ahí miradas si no poéticas pero que tienen un halo de ternura. Sobre ese monte, sobre los otros personajes. Entonces me parece que ahí la idea de terror se distorsiona un poco. Tampoco es que sea un gran conocedor del género. No soy un lector ni un escritor de género.

-¿Y el Mudo por qué se escapa de Resistencia?
-En algún momento me preguntaba si tenía que contar la historia anterior a su llegada al pueblo. Pero después me di cuenta de que tenía la posibilidad de ir directo a la historia. No quería replicar ni reproducir esas historias del personaje que por alguna razón protagoniza una tragedia a lo Paul Auster, que le sale tan bien. Quería pasar al Mudo y a su situación actual. Y que su historia anterior quedara sobrevolando simplemente. Lo que me interesaba narrar era lo que le pasaba ahí, una vez instalado en Colonia, y que lo otro quedara como algo del pasado que tenía que ver con el personaje. Me parecía mucho más interesante así que narrando una historia previa. Él es como un forastero, que acaba de llegar a un pueblo. Por lo general, ese nuevo que llega siempre está obligado a contar de donde viene, qué hace, qué le pasó. Y este tipo, en el empeño por no contar una historia, lo que hace es despertar otras historias que son la que se inventan alrededor de él, que por lo general son inventadas por Insúa, el almacenero.

-¿Cómo lo definirías?
-De alguna manera tiene el tono de quien las pasó todas y mira las cosas con un poco de cansancio. Y a la vez con melancolía y ternura. Lo que también me interesaba era que su manera de hablar, de narrar, se vaya haciendo tosca a medida que pasara más tiempo en Colonia y, a la vez, más poética, que le despertara otra manera de ver las cosas.

-Además del léxico lugareño y regional que utiliza el Mudo, en la novela aparecen dibujos que interrumpen la narración ¿Cómo crees que funciona este recurso?
-Los dibujos fueron por ahí lo más jugado. Me interesó que el Mudo tuviese alguna expresión artística, además de escribir. Simplemente probé cómo dibujaría el Mudo. Primero los incluí con cierta reserva y después me encantó. No tiene mucho misterio.

-¿Qué escritores actuales te gustan?
-No sé, hay un montón. Luis Sagasti. No tiene nada que ver con lo que escribo, pero los últimos libros que leí, Bellas artes y Una ofrenda musical, me parecieron una maravilla, una cosa rara. Después hay muchos de mi edad que son buenísimos. Samanta Schweblin y Federico Falco son escritorazos. Y de mi región siempre nombro a Orlando Van Bredam, Miguel Ángel Molfino y Mempo Giardinelli, que tiene otra proyección (N. de la R.: Mempo tiene su departamento en Coghlan y fue entrevistado varias veces por este periódico).

Además de ser un escritor multipremiado, desde hace cinco años Quirós gestiona la Editorial Mulita junto a su colega Pablo Black. En principio, la idea original del proyecto era editar escritores regionales del nordeste argentino. “Nos empezaron a llegar libros de Buenos Aires y de otros lados, que no podíamos no publicar por una cuestión estúpida de circunscribirte a una geografía. Entonces hicimos volar esa idea original y comenzamos a editar lo que nos interesara”, explica.
A pesar de que la gestión del proyecto editorial continúa, Quirós asegura que las condiciones se han ido modificando. “Ahora la cuestión está mucho más jodida, hay muchas limitaciones económicas. A nosotros nos liquida la cuestión de la distribución. Tenemos que traer los libros desde Resistencia para acá y después moverlos en Buenos Aires. Ese movimiento económico nos cuesta el doble. Es inevitable venir a Buenos Aires por la cantidad de lectores que hay. Ahí está la importancia del Estado cuando tiene que ponerse a plantear políticas de desarrollo cultural”, reflexiona.

Crédito de foto de portada: Ricard Cugat, El Periódico de Catalunya.

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