Nacida el 27 de diciembre de 1914, hace 102 años, recuerda con ironía cómo festejaba inocentemente en la calle el desfile de militares y caballos, tras el golpe a Yrigoyen en 1930. Trabajó casi 40 años en la industria textil y asegura que el gran problema de los argentinos es que “no hacemos el esfuerzo por la Nación, queremos todo para uno”.

Por Pablo Riggio
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Dos guerras mundiales, 20 Copas del Mundo de fútbol, 40 presidencias argentinas. Tan solo algunos de los hechos históricos de los que fue testigo María Cesarea Toffe -o simplemente Mary, para sus seres queridos- a lo largo de sus 102 años de vida. “Se dice ‘Cesarea’ como el puerto de Palestina, no ‘cesárea’ como la operación”, aclara. Hija de inmigrantes españoles, recibe a El Barrio en la residencia de Villa Urquiza donde pasa sus días compartiendo vivencias con sus compañeros, escribiendo sus “memorias y pensamientos” y caminando. Atenta, locuaz y enérgica, responde sin tapujos y también pregunta mucho, curiosa, sobre los cambios en un mundo cada vez más acelerado.
La vecina nacida el 27 de diciembre de 1914 en Jujuy remueve el baúl de los recuerdos hasta llegar a las memorias más profundas, siempre intentando prevalecer las buenas por sobre las malas. “Por suerte mi vida no fue nada triste”, admite la mujer que conoce la Comuna 12 desde hace 40 años, cuando sus sobrinos se mudaron a Parque Chas.
Sus padres llegaron al país alrededor del 1900 y se casaron en 1910. Juntos, recorrieron varias ciudades del país dándole vida a almacenes de ramos generales. “Mi abuelo y mi padre fueron benefactores de la Nación, donaron los terrenos de la estación de Salta, la luz del pueblo y la usina. Hice la escuela primaria en Bragado y a los 14 años vine a Buenos Aires a terminar con mis estudios en el Colegio San José de Guruchaga y Castillo; yo vivía en Malabia al 600, en Villa Crespo”, cuenta Mary, que poco tiempo después comenzó a trabajar como diseñadora textil.
Fueron 39 años en el rubro, la mayoría de ellos en indumentaria vinculada al deporte, precisamente en la empresa Puma. “Nunca me casé, no tengo hijos y vine acá porque mis sobrinos son de Parque Chas y sus hijos han ido a colegios en Villa Urquiza. No sé cómo se quiere a un hijo, pero ellos para mí lo son todo. Tomé la decisión de venir acá porque ellos tienen que vivir su vida y están pendientes de mí. Es la única familia que me queda: mi hermano mayor murió y el menor también, en el avión que cayó en 1960 en Azul con trabajadores de YPF, entre los que se encontraba él. Sus hijos viven en Comodoro Rivadavia y a veces los veo”, dice a El Barrio la centenaria vecina.

“Radical hasta la médula”
Mary ha sido testigo de innumerables hechos históricos en la Argentina. Al ser consultada sobre el más feliz para ella, no duda: “La vuelta de la democracia con Raúl Alfonsín; para mí fue increíble. Soy radical hasta la médula y fue una etapa que recuerdo con mucha alegría, pero no la pudimos sostener. Los argentinos somos así, ¿será posible? No hacemos el esfuerzo para la Nación, todo lo queremos para uno y ya, no para mañana. Las naciones no se hacen así. Se hacen con el esfuerzo humano, día a día. A nosotros nos han cortado muchas veces las alas”.
En ese sentido, explica una gran diferencia entre el europeo y el argentino. “Ellos están preparados para lo que pueda pasar. En mi época, nosotros no teníamos idea de nada cuando éramos jóvenes”, dice. Y llega hasta uno de sus recuerdos más escondidos, mirando al cielo con una sonrisa irónica: “A nosotros nadie nos contaba nada. Cuando voltearon a Hipólito Irigoyen en el 30 había soldados en la calle y con mi hermano y otros amigos salimos a festejar ¡creyendo que era algo bueno! Estaban los soldados con sus caballos y todos los chicos festejando. No teníamos ni idea de lo que pasaba”.
Buscando en el baúl de los recuerdos se adelanta unos años en la línea de tiempo, hasta la primera presidencia de Juan Domingo Perón: “Las leyes laborales que ahora tienen ustedes son de Perón, antes no había ninguna que nos protegiera. Fue todo gracias a él, hasta que murió Evita. Después de ahí, el pobre hombre desbarrancó”.
“Todas las primeras presidencias fueron buenas; las segundas, no. Ocurrió con Irigoyen, por ejemplo. Deberían ser de seis años (los períodos presidenciales) como antes. Una lástima que los militares estuvieron tanto tiempo”, se lamenta Mary, parándose frente a las puertas a una etapa de su vida que prefiere no abrir. Con la voz entrecortada, agrega: “En el 78 trabajaba para Puma, cuando fue el Mundial. Trabajábamos con militares adentro de la fábrica. Pero no quiero hablar mucho de eso. Fue una debacle total de la libertad. ¿Quién sabía lo que hacían? Por lo bajo se comentaba, pero no vale la pena hablarlo, me hace mucho daño. Mejor recordar lo bueno”.
Entre esos agradables recuerdos se encuentra la primera vez que las mujeres pudieron votar, en septiembre de 1947: “Íbamos tan emocionadas. Separaron a las mujeres y a los hombres en hileras ¡y éramos más las mujeres porque nunca habíamos votado! Nunca falté a una elección, porque creo que es un deber como ciudadano: si le querés pedir algo al país tenés que votar. Tengo mi libretita llena”.

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