El artista y vecino Gustavo Reinoso llevará al Centro Cultural Borges su último trabajo, “Aromas de mercado”, en el que recrea la atmósfera del emblemático predio de Triunvirato y Monroe. “Con mi obra trato de registrar detalles y recuerdos olvidados”, dice el autor. Fundado en 1929, desde hace tiempo el edificio se encuentra en estado de abandono.

Del 20 de julio al 6 de agosto Gustavo Reinoso presentará su último trabajo, “Aromas de mercado”, en el Centro Cultural Borges, Viamonte 525. La muestra busca rescatar el espíritu del Mercado Urquiza, donde los padres del artista plástico tuvieron una fiambrería durante 20 años. La exposición constará de una serie de obras realizadas en técnica mixta, donde se destacan la luz y textura. Allí se podrán apreciar la fiambrería “El Rey Gustavo”, el puesto de diarios de Carlitos y otros escenarios del mítico predio.
“Dibujo desde que tengo uso de razón, siempre fue el primer divertimento al alcance de mi mano -cuenta Reinoso-. De pibe, solía pasar muchas horas en la fiambrería de mis viejos, en el popular Mercado Urquiza, un lugar lleno de amigos, cosas inimaginables y posibilidades de diversión. Ese mundo mágico me rodeó por casi 15 años, la extensión del patio de juegos de mi querida escuela Ejército de los Andes”.
Recuerda Reinoso que su primer trabajo allí fue como vendedor de jazmines, en un improvisado puesto de un amigo florista, y luego como ayudante de mozo en la vieja pizzería Giuseppin. “Con mi obra trato de registrar detalles, olores, situaciones, sonidos, palabras, recuerdos y esas cosas que se nos pueden pasar por alto u olvidamos, sin perder la mirada de ese pibe que vendía jazmines”, reflexiona el también arquitecto y Director de Arte.

La fachada del Mercado Urquiza es testigo del paso de los años.

Un emblema del barrio
Propiedad de Lorenzo Molteni, el Mercado Urquiza fue fundado en Triunvirato y Monroe a mediados de 1929. Al momento de su apertura, las crónicas señalan que allí funcionaba una treintena de puestos en donde se vendían principalmente productos frescos, artículos de almacén, mercería y aceite suelto, entre los principales rubros. Además contaba con los adelantos propios de la época: ventiladores de techo marca Siemens y cinco cámaras frigoríficas instaladas en el subsuelo, con un depósito aledaño. Desde hace años, este edificio está lejos de aquellos días pujantes: el deterioro de las instalaciones y la falta inversión derivaron en una apariencia decadente.
“Tristemente, la economía de fines de los 80 y principios de los 90 abrió la puerta para la llegada de las grandes cadenas de hipermercados, que hicieron eclipsar esa maravillosa comunidad, mi mundo, ese que quiero rescatar”, concluye Reinoso. Su obra puede ser consultada en www.gustavoreinoso.com.

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