Talentoso pianista y autor de la música de “Misión: Imposible”, atendió a El Barrio desde su residencia en Los Ángeles. Seis veces nominado al Oscar, ganador de cuatro Grammys y un Emmy, quien fuera amigo de Groucho Marx es el único argentino que tiene una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. El año pasado cumplió medio siglo la obra que lo hizo famoso en todo el mundo.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

La carrera de Boris Claudio Schifrin (84) es tan amplia y ecléctica que normalmente no cabría en una vida; tampoco en un solo ser humano. En el resumen biográfico oficial, que puede leerse en su página web (www.schifrin.com), se lo define como un “verdadero hombre renacentista”. “Pianista, compositor y director de orquesta, puede dirigir una orquesta sinfónica, actuar en un festival de jazz internacional o componer para una película o programa de televisión”, dicen acerca de Lalo, el sobrenombre con el que este artista trascendió al mundo. Luego de haber escrito música para más de 100 largometrajes, unos 75 proyectos de televisión y numerosos álbumes de jazz, continúa en actividad alimentado por una pasión que lo acompaña desde los seis años, cuando empezó a tocar el piano.
En Argentina, antes de los 20 años, recibió formación clásica en música y estudió derecho. Hubo una fuerte influencia familiar: su padre, Luis Schifrin, fue el concertino de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón. Tras ganar una beca, Lalo continuó su educación de música formal en el Conservatorio de París entre 1952 y 1956. Simultáneamente, se convirtió en un pianista profesional de jazz, compositor y arreglista, tocando y grabando en Europa.
Cuando regresó a Buenos Aires, a mediados de la década del 50, formó su propia gran banda. Fue en 1956 cuando el trompetista norteamericano Dizzy Gillespie quedó boquiabierto tras presenciar una actuación y le pidió que se convirtiera en su pianista y arreglista. Schifrin, que ha sido nominado a seis premios Oscar y se alzó con cuatro Grammys y un Emmy, lleva casi seis décadas viviendo en los Estados Unidos: unos pocos años lo hizo en Nueva York y luego se radicó en Los Angeles, en la casa de Beverly Hills que perteneciera a Groucho Marx. Con el actor, uno de los cómicos más influyentes de todos los tiempos, mantendría una entrañable amistad.
El año pasado cumplió medio siglo su obra más conocida, para la serie de televisión Misión: Imposible. Lalo tardó tres minutos en escribir su famoso tema. Hace dos años, en una entrevista con Dana Schuster para New York Post, minimizaba su trabajo: “La orquestación no es un problema para mí. Es como escribir una carta. Cuando escribes una carta, no tienes que pensar qué gramática o qué sintaxis vas a usar, simplemente escribes una carta. Y así fue”.
También se restó importancia cuando dialogó con Jon Burlingame para Los Angeles Times: “Era sólo trabajo. Me gusta lo que hice, pero no creo que sea una obra maestra. Es una tontería tratar de escribir un hit. Si a la gente le gusta, hasta el punto de abrazarla, genial. Eso no ocurre con demasiada frecuencia. Le sucedió a David Raksin con Laura y a Henry Mancini con dos o tres temas”. Lalo también cuenta que Bruce Geller, el productor de la serie, le pidió que escribiera una obertura emocionante, que cuando la gente esté en la cocina preparándose algo y la oiga sepa al instante de qué se trata. “Quiero algo identificable, reconocible”, le encargó. Según parece, lo ha logrado.
El 21 de junio de 1988, justo el día que cumplía 56 años, recibió como regalo una estrella en el Paseo de la Fama, la única hasta el día de la fecha -de las 2.500 colocadas en el Hollywood Boulevard- que honra a un argentino. En diálogo telefónico con El Barrio, a 10.000 kilómetros de distancia, Lalo Schifrin parece emocionado de volver a hablar para un medio argentino. Durante más de 40 minutos repasaremos juntos algunos momentos inolvidables de su vida y obra.

-Somos de Villa Urquiza, los pagos de Eddie Pequenino. Sabemos que compartió una banda con él. ¿Fueron amigos, lo visitó alguna vez en el barrio?
-Yo gané una beca, tras rendir un examen de música en la embajada francesa. Fueron muchas materias: composición, fuga, contrapunto, armonía… Me pagaron los estudios en París y cuando volví a Buenos Aires formé una orquesta de jazz, llamada Lalo Schifrin y su orquesta. Eddie Pequenino me gustó porque tocaba el trombón muy bien y cantaba en inglés. Debutamos en Radio Splendid, no me acuerdo bien la fecha, creo que en 1956. Le di una oportunidad para que tocara “a primera vista”. En este negocio no hay tiempo para perder. Y él era un verdadero profesional.

-¿De qué barrio es oriundo?
-Mi padre era el primer violín de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Trabajaba en el Teatro Colón y no le gustaba manejar. Quería vivir cerca del teatro para poder llegar caminando. Yo nací en un departamento de Uruguay 651. Después nos mudamos a Av. Córdoba 1336.

-¿Conoció los barrios periféricos, como Villa Urquiza o Saavedra?
-A mí me gustaba el fútbol. Cuando era chico un tío me enseñó a jugar. Por él soy hincha de Huracán y fui mucho a Parque Patricios. Además tenía amigos en muchos barrios y estudié piano con un maestro que estaba en Palermo. Anduve por todos lados.

-Hábleme de su simpatía por Huracán. ¿Qué jugadores y anécdotas recuerda?
-Recuerdo a Masantonio y Barrionuevo (N. de la R.: Los nombre elegidos no son casuales. Se trata del máximo ídolo del Globo, Herminio, tercer goleador histórico del fútbol argentino, y de Bruno, guardameta que cuidó durante más de una década el arco quemero). Si usted viniera a mi casa encontraría dos grandes cuadros con el Globo de Huracán. Mis amigos me traían distintivos y no los tengo guardados en un cajón, los exhibo en las paredes. Tengo un gimnasio en mi casa donde expongo esos recuerdos. Aquí aprendí karate con Bruce Lee, al que le compuse la música de Operación Dragón. Él me enseñó que “la mejor pelea es la no pelea”. Volviendo a Huracán, cuénteme cómo anda. No tengo tiempo de seguir los deportes en las noticias…

-Recientemente Huracán ganó dos campeonatos. La Copa Argentina en 2014 y la Supercopa en 2015, derrotando a River en la final.
-¡Ah, pero muy bien! Si tiene oportunidad, envíeles de mi parte a los dirigentes e hinchas mis saludos y felicitaciones.

-Sigamos avanzando en su carrera. ¿Podemos decir que el espaldarazo artístico se lo dio la leyenda del jazz Dizzy Gillespie, quien le pidió ser su pianista y arreglista?
-Fue una sorpresa muy agradable. Justo cuando volví de París y formé la orquesta él vino al país. En esa época el Departamento de Estado norteamericano enviaba orquestas americanas de jazz a hacer giras: Duke Ellington, Count Basie… Gillespie llegó por una semana y dio conciertos en el Teatro Casino, cerca de Corrientes y Maipú (N. de la R.: Fue en julio de 1956). Había un argentino amigo mío que me sugirió mostrarle a Dizzy cómo era el jazz argentino. Organizó una especie de recital en el que toqué varias de mis composiciones para Dizzy y sus músicos. “¿Quién escribió esa música?”, me preguntó Dizzy. “Yo”, le dije. “¿Y quién hizo los arreglos?”, volvió a preguntar. “Yo”, le volví a responder. “¿Te gustaría venir a trabajar conmigo a Estados Unidos?”, me propuso. Yo no lo podía creer. Fue el espaldarazo a mi carrera. No es fácil ir a Estados Unidos como inmigrante. Él me hizo los papeles en la embajada norteamericana en Buenos Aires y así fue cómo empecé a tocar con él.

-Fue casi como un padre para usted, lo ayudó en todo…
-Exacto. Yo no lo podía creer, para mí fue un sueño que se realizó. Yo era hincha de él antes de ir a Francia, coleccionaba sus discos. Trabajar con él fue una misión imposible que se convirtió en realidad.

Escuchando tocar el piano al trompetista estadounidense Dizzy Gillespie (1917-1993), cerca de 1960. La leyenda del jazz fue fundamental en su carrera.

-Tiempo después usted pegó un giro en su carrera. ¿Cómo fue que se convirtió en compositor de música para cine y televisión?
-Es una muy buena pregunta. Dizzy era muy famoso en todo el mundo y hacíamos giras por todas partes. El empresario de la gira se llamaba Norman Granz y organizaba así los shows: al comienzo del concierto había un conjunto de jazz más chico, un trío o cuarteto. Después venía el intervalo y a continuación íbamos nosotros, una orquesta con 16 músicos. En una de esas oportunidades, en Nueva York, el empresario de uno de los músicos que tocaba en la primera parte se me acercó en el aeropuerto y me preguntó: “¿Tú has escrito la suite Gillespiana?”. Fue una de las primeras obras que hice con Dizzy, en 1960, un gran éxito en todo el mundo. Me dio su tarjeta y me pidió que al regreso de la gira lo llamara. Lo hice y me invitó a almorzar. Me preguntó si siempre iba a querer tocar jazz. “Estoy muy contento con Dizzy”, le contesté. Me preguntó qué más me gustaría hacer. Le respondí que música de películas y de televisión. “Eso es fácil”, me dijo. El tipo tenía muchísimas conexiones, era mánager de grandes estrellas de béisbol y fútbol americano. Conocía al Director del Departamento de Música de la Metro-Goldwyn-Mayer. Me consiguió las primeras películas. Y así empecé, enseguida.

-Sin duda alguna, lo que le pasó no es suerte. Todos veían en usted condiciones fuera de lo común, por eso sobresalía.
-Puede ser, pero no sé si me lo merezco.

-Ha dejado su sello en las series Misión: Imposible (1966), Mannix (1967), Petrocelli (1974) y Starsky y Hutch (1975), y películas como La leyenda del indomable (1967), Bullit (1968) y Operación Dragon (1973). ¿Cuál ha sido su mejor experiencia?
-Es como preguntarle a un padre cuál de sus hijos es su preferido. Todas las composiciones me gustan.

-Aprovechando la analogía paterna, usted ha tenido un hijo no reconocido. La música para la película El exorcista fue rechazada por su excéntrico director.
-Es mejor olvidarse. Tuve un problema de comunicación con el director (N. de la R.: William Friedkin). No se supo expresar. Cuando un director de cine o productor trabaja con un compositor de música debe ser claro. Él no lo fue. La manera en que él hablaba era muy confusa. Creo que él mismo no sabía lo que quería. La banda que al final salió no era tan diferente de la música que yo escribí. Y se lo puedo demostrar.

-Véalo de esta manera. En 1973, cuando a usted le rechazaban su obra, Huracán salió campeón. Quizá su sacrificio personal contribuyó al éxito del Globo…
-Sí, además inmediatamente después de dejar El exorcista el mismo estudio me contrató para hacer Operación Dragón.

-Dijo no poder elegir la mejor composición, pero seguramente coincidiremos en que la música de Misión: Imposible ha sido la bisagra de su carrera.
-Me gustan todas, pero es la que tuvo mayor éxito en el mundo. Hasta en China la conocen. Además hay un detalle en esta composición que cualquiera que sepa de música podrá confirmar: está escrita en el mismo tono que La Cumparsita.

Lalo Schifrin (derecha) en 1968, al ganar el primero de sus cuatro Grammy por la música de “Misión: Imposible”. Lo acompañan los cantantes Glen Campbell y Bobbie Gentry.

-Fue nominado seis veces al Oscar, la misma cantidad de ocasiones que Ennio Morricone. Él lo ganó finalmente a los 87 años y se convirtió en el músico más longevo en obtenerlo. Usted tiene 84, ¿cree que finalmente logrará esa distinción?
-Los premios no tienen nada que ver con el valor de un compositor. Lo esencial es la música. Yo soy miembro de la Academia de Cine y voto, no por mí por supuesto. A Morricone lo voté alguna vez. Ennio es un fenómeno, igual que Michel Legrand. Como me arreglo bastante con el italiano y hablo francés, puedo dialogar con ellos. A mí me interesa la cuestión artística: no es una preocupación para mí ganar un premio.

-Fue amigo de Groucho Marx, el primer habitante de la casa de Beverly Hills donde usted reside. Imagino lo gratificante que habrá sido tratarlo.
-Por supuesto, a pesar de la diferencia de edad. Era muy simpático, venía a casa, traía música para que toque en el piano y él cantaba. Una vez me contó cómo empezaron los Hermanos Marx (N. de la R.: La historia la narró durante la visita a un programa de Susana Giménez, hace 21 años. Eran cuatro, hacían vodevil y cantaban. Una vez en Texas, en el medio del campo, montaron un teatro y cuando empezaron a cantar los caballos se escaparon. El público se dispersó intentando recuperar a los animales y ellos empezaron a hacer chistes. Entonces empezaron a aplaudirlos y descubrieron que tenían más éxito como cómicos). Cuando Groucho terminó de contarme esa historia, un día que vino a cenar, le dije que había pasado una de las noches más entretenidas de mi vida gracias a esa historia de cómo se habían iniciado en el show business. “You ar very easily amused”, me dijo irónicamente, lo cual significa “vos te divertís muy fácilmente”. Tenía esas salidas inesperadas, era un genio.

-Próximo a cumplir 85 años, ¿continúa trabajando como siempre?
-Sigo escribiendo música, no tanto para cine. He escrito dos conciertos para guitarra clásica y orquesta, ya estrenados. El primero fue grabado con la Orquesta Filarmónica de Londres por Angel Romero, uno de los más grandes guitarristas clásicos del mundo, bajo la dirección de Jesús López Cobos. Podría decirse que un Ángel con la guitarra fue dirigido por Jesús (risas). También escribí una sonata para piano, que será grabada en mayo por la argentina Mirian Conti.

A fines del año pasado recibió la insignia de Comendador de las Artes y las Letras de manos de la ministra de Cultura, Audrey Azoulay. Vivió en Francia entre 1952 y 1956.

-Supongo que le resulta cada vez más difícil venir a la Argentina. ¿Eso se debe a la edad, a las dificultades de agenda o a que lo tenemos un poco olvidado?
-¡Usted sigue haciendo muy buenas preguntas! (exagera Lalo). Terminé una sinfonía en cuatro movimientos llamada Sinfonía Argentina. Estoy casi seguro que se va a estrenar el 21 de agosto de este año en el Teatro Colón. Lo que pasa es que ahora tengo 84 años… Antes jugaba al fútbol, practicaba karate, pero ahora no tengo equilibrio y entonces no dirijo más. Tampoco puedo viajar mucho, pero en noviembre del año pasado la Ministra de Cultura de Francia me dio una medalla y fui a recibirla (N. de la R.: Recibió la insignia de Comendador de las Artes y las Letras de manos de la ministra de Cultura, Audrey Azoulay. Recordemos que Lalo vivió en Francia entre 1952 y 1956). El problema es que para viajar a Buenos Aires no hay vuelo directo, debo hacer escala en Miami. Pero si presentan mi sinfonía, allí estaré.

-Le dejo la posibilidad de expresar un saludo a los vecinos de los barrios de Buenos Aires, que ha visitado tantas veces.
-Tengo una gran emoción de poder dar este mensaje a los barrios porteños, sobre todo Parque Patricios y Villa Urquiza, donde tengo tantos amigos. Un gran abrazo a todos, espero verlos pronto.

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