Nacido y criado en Crisólogo Larralde y Capdevila, conserva la propiedad que perteneció a sus padres y no descarta regresar a Villa Urquiza en un futuro próximo. Tras sufrir un ataque cardíaco en julio, causado por el vértigo de los últimos años, modificó sus hábitos. “Entendí que las dificultades y los obstáculos son una oportunidad para el cambio”, asegura el prestigioso abogado penalista. Analiza sin eufemismos el contexto político, económico y jurídico del país y rememora el caso Ángeles Rawson.

Por Marcelo Benini y Tomás Labrit
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“Soy abogado especialista en Derecho Penal, pero de civil y comercial sé mucho más. Lo que pasa es que me gusta el quilombo”. Quizá por haber comprendido el valor que tienen los medios de comunicación, Miguel Ángel Pierri (62) es una máquina de tirar títulos. Tiene el mérito de no discriminar a los medios por su alcance o tamaño: atiende sin distinciones a América TV y a El Barrio a lo largo de una misma jornada. A los enviados de este periódico los recibe un día feriado, durante dos horas, en su imponente mansión ubicada en un barrio cerrado de Pilar. Allí convive desde el año pasado con su flamante esposa Vanina Hussein y Sparsky, un adorable perro labrador.
Una de las series preferidas de la infancia de Pierri, acaso por la similitud del nombre del personaje protagónico con su propio apellido, era Perry Mason. La cadena CBS emitió 271 capítulos entre 1957 y 1966: contaba las desventuras de un abogado criminalista que ejercía su profesión en Los Ángeles, California. La mayoría de sus clientes habían sido acusados de homicidios. Nuestro entrevistado transitó un camino similar, defendiendo a imputados por asesinato o bien a familiares de quienes resultaron muertos en hechos delictivos. Por ejemplo Diego Ferrón, una de las víctimas del triple crimen de General Rodríguez.
Pierri –Chochi para sus íntimos- nació el 3 de abril en 1955 en Villa Urquiza. Hijo de Juan y Elvira, su casa paterna estaba en Republiquetas 5230, entre Capdevila y Triunvirato, frente al antiguo Vivero Municipal y actual embajada china. Allí se crió con su hermano Juan Alberto, ya fallecido. Es uno de los alumnos fundadores del Instituto Dulcísimo Nombre de Jesús. “Me inicié con el Padre Horacio Colavecchia cuando el colegio tenía apenas un aula de jardín de infantes: yo llegué con menos de tres años. Éramos seis chicos con dos maestras: Beatriz Dorta y la señorita Susana, profesora de dibujo”, contaba en una entrevista anterior con este mismo periódico.
Los últimos tres años no fueron sencillos para Pierri. Una separación traumática y una conflictiva defensa del único acusado por el asesinato de la adolescente Ángeles Rawson hicieron mella en el abogado y el cuerpo le pasó factura: “Entendí que las dificultades y los obstáculos son una oportunidad para el cambio”.

 -¿Cómo está de salud? Nos enteramos de que sufrió un ataque cardíaco.
-La profesión te cobra. Tuve un infarto, pero nunca me di cuenta. Aparentemente fue el último viernes antes de la feria judicial (N. de la R.: Un mes antes de la nota). Me vine a mi casa a la tarde, sentí un poco de ardor en el pecho y me fui a acostar. En un momento me preocupé porque tuve un sudor frío en la frente y la espalda, que es una de las características de los problemas cardíacos. Había tenido una discusión, pero ni pensé que podía ser un infarto. Salí de casa a las cuatro de la tarde, me fui al gimnasio y después me tiré en la pileta. Cuando entré al agua sentí que un tipo me metió una piña en la frente. Me acuerdo como si fuera hoy: abrí los ojos tranquilamente, me fui hasta el otro extremo de la pileta, me agarré de uno de los costados y salí. Me sequé, me até las zapatillas y me vine caminando a casa. Subí la escalera, me fui al cuarto, me tiré en la cama y ahí sí sentí un poco de calor en el pecho. Lo único que hice bien del protocolo fue acostarme, pero no llamé a un médico. A las dos horas estaba transpirando mucho, la avisé a mi mujer pero, como buen vasco que soy, pensaba que no era nada. Me quedé en la cama, dormí más o menos, pero dormí. Al otro día me levanté, hacía mucho frío y me quedé todo el sábado en la cama. Vomité y pensé que me había caído mal algo, pero me equivoqué porque en estos problemas tenés falsos síntomas. El domingo a la tarde llamamos a la emergencia de la zona y me hicieron un electro, que me dio perfectamente bien. Pero la médica le avisó a Vanina, sin que yo me enterara, que el electro podía estar ocultando algo y que tenía una arritmia que no era normal. Le pidió que fuéramos al médico. El lunes, como buena bestia, me fui a trabajar y el martes a la mañana fui a ver a mi cardiólogo. “Vos no estás bien”, me dijo. Me hizo un electro y me dijo que estaba cursando un infarto. Pensé que me estaba jodiendo. Como estaba sin prepaga porque me había peleado con Belocopitt, dueño de Swiss Medical, me tuvieron que llevar al Hospital Ramos Mejía, donde me atendieron de primera. Me pusieron un stent y comprobaron que había tenido un infarto. Lo grave es que por el tiempo transcurrido me hizo una lesión enorme en el corazón. Ahora estoy a dieta y cuidándome. Ya empecé a trabajar, pero por supuesto con otro ritmo. Nunca tuve nada en mi vida. Salvo el cigarrillo, lo demás lo dejé todo. Comía desordenadamente y mal. Cuando me voy de vacaciones no fumo, lo hago por la locura y el estrés del trabajo. El diagnóstico fue acumulación de placa en arteria, algo muy complicado.

“Tenía abono con cuatro concesionarias, que pasaron de vender 300 a 30 autos por mes, y de 22 clientes gastronómicos me quedaron seis. El sector medio está golpeado”.

-¿El estrés fue acumulativo o por problemas del presente?
-Tiene que ver con todo. Las cosas se pagan con el tiempo. En mi caso, son temas que viví en los últimos tres años. Pero este año, en particular, fue muy complicado porque tuve problemas de costos laborales. Manejar un estudio con doce abogados es realmente complicado. No escapo a la suerte que las PyMES han tenido en este tiempo. Yo me dedico al Derecho Penal, Tributario y Federal, pero mi estudio se sostiene con la actividad de todos los sectores. Yo tenía abono con cuatro concesionarias que pasaron de vender 300 a 30 autos por mes. El sector medio está golpeado. También tenía 22 clientes gastronómicos y me quedaron seis, porque los demás cerraron. Sentís que las balas te pasan por el costado. Ni hablar de las dos constructoras que represento: recién ahora están tratando de salir del quilombo. Yo laburo con gente honesta, no con garcas, entonces estaba muy angustiado. Y mis corresponsales en el interior también. A la mañana abría el mail y eran lágrimas. Yo vivo tranquilo, mi laburo penal no está en problemas y puedo mantener la estructura. A esta altura de mi vida, con dos casos penales vivo tranquilamente y los dirijo con un pizarrón desde mi casa. Pero no tengo vocación empresaria para dejar doce empleados en la calle. Mi estudio no es uno cualquiera: tuve sólo dos juicios laborales en 30 años y porque me los inventaron. El estudio se mantiene, pero no es lo que tendría que ser. Puedo decir con orgullo que, hasta mayo de este año, pagué los mejores sueldos del país en materia de abogacía. Vivo bien, pero al día.

-¿Sigue reivindicando al kirchnerismo?
-Yo creía en el Gobierno anterior, pero el nivel de afano me decepcionó. Tengo amigos kirchneristas, que son los pocos honestos que había, y les decía es muy feo esto. Soy muy amigo de Gustavo López e íntimo de Daniel Filmus, tipos a los que podés revisar de arriba abajo porque no robaron una moneda. Yo fui abogado de Boudou: ¿de dónde carajo lo iba a defender? A mí eso me dolió.

-¿Qué opina de Macri?
-Tendrá las mejores intenciones pero le pegó a la clase media, que fue la que más lo ayudó. ¿Qué clientes del teatro voy a tener si la gente no tiene plata para pagar 300 pesos una entrada? Acá me vinieron 11 mil pesos de gas y mirá que nunca tuve subsidio. Vino a verme el director de Gas Fenosa y no sabía qué decirme. Me dijo que había gastado lo mismo de siempre, pero la mitad de la factura son impuestos. Eso impacta. Además veo una concentración económica muy peligrosa.

-¿Se considera peronista?
-Sí, pero en otros términos. Es como decir que sos de izquierda. Hoy hablar de izquierda o derecha es una utopía. El Gobierno que estaba no podía seguir. Y yo los voté, pero la corrupción me mata. Te puedo bancar lo que vos quieras, menos el choreo. El primer gobierno de Néstor me pareció muy bueno, lo defiendo a morir. Ese era el modelo, después lo desvirtuaron. Ahora Macri tiene todas las posibilidades de hacer las cosas bien. Acá el problema no es económico, sino judicial. Lázaro Báez, López, De Vido y compañía existen porque no hay justicia. El gran problema de la Argentina es la ausencia del Poder Judicial. Cuando vos hablás con la gente, ¿de qué está cansada? Dicen que los políticos roban todo, que los jueces son delincuentes y los abogados, garcas. Cuando la gente tiene un problema, va a ver al periodismo. Eso te marca la gran crisis del Poder Judicial. La cárcel está llena de pobres que no tienen defensa. La gente con poder económico no va presa y esa es la justicia que no sirve. Quiero una justicia independiente, con fiscales probos. Decime qué resultados trajo esta justicia cuando no esclareció el caso Candela o Melina.

-¿El problema no está en la Justicia Federal, donde se tramitan las causas por corrupción?
-La Justicia Federal es la del gobierno de turno. Si sos presidente querés tener jueces amigos, pero a mí no me sirven ni Oyarbide ni Bonadío. No son un modelo a seguir. Más allá de la mayoría automática de la Corte Suprema, una de las justicias más independientes fue la de Menem. ¿La servilleta de Corach? Sí, pero andá a ver los fallos de Comodoro Py y la cantidad de gente que fue en cana por narcotráfico. Yo defendí a Menem, pero no me bancaba la impunidad de su gobierno.

“Dicen que los políticos roban todo, que los jueces son delincuentes y los abogados, garcas. Por eso la gente acude al periodismo. El Poder Judicial está en crisis”.

-¿Cree que Cristina debería estar presa, como sostienen desde algunos sectores?
-Todo aquel que robó fondos públicos y se enriqueció con la guita de la gente, tiene que estar en cana. ¿Qué pasaría si Cristina fuera presa? Habría quilombo en la calle y al otro día pedirían que Macri vaya en cana. Algún día hay que cortar esto, pero tampoco quiero un partido judicial como hay en Brasil. Moro y los demás jueces brasileños son algo más que el mani pulite de Italia. El Gobierno (de Dilma Rousseff) fue desbancado por sectores económicos con la herramienta del poder judicial. No te creas que Temer es un tipo decente. Mi gran desilusión fue Lula, porque yo vi cómo millones de brasileños pasaron de la nada a la clase media. Acá no hubo eso, solo planes y un mejoramiento del consumo sin crecimiento de la infraestructura. Eso lo veo hoy y me duele. Y mirá que de gorila no tengo ni un pelo.

-En las PASO se iba a presentar en la Ciudad como candidato a diputado por el partido de los Rodríguez Saá. ¿Por qué se bajó?
-Me di cuenta de que era todo lo mismo. Cuando vi que Alberto Rodríguez Saá se iba de vuelta con Cristina, me bajé. No tengo nada contra ella, si es inocente que lo pruebe la justicia. A mí me dicen que la corrupción es mentira, que lo armó Clarín, pero los bolsos López los tiró. Estoy convencido de que la gente se cansó y que en octubre gana Macri. Con esto no me estoy volviendo macrista, porque discrepo seriamente. Pero eso no me impide ser objetivo. El peronismo atraviesa una crisis final: es la primera vez que no tiene un líder. El conductor nunca va a ser Urtubey.

-¿Ve una mayor intención de este Gobierno por derrotar a las mafias y el crimen organizado?
-Si fuera políticamente fanático, diría que es marketing. Pero la cuestión es que los procedimientos están, la droga se secuestra y los tipos van en cana. ¿A vos te parece que Vidal hace marketing viviendo en una base militar? Vidal es un dolor de cabeza para Macri. Y Carrió también. Si a estas chicas se les ocurriera hacer una broma y sacarse una foto juntas, los próximos despedidos son Macri y Cristina.

-¿Cómo analiza la política de seguridad del Gobierno?
-Creo que la gestión de Ritondo es muy buena, pero tiene a la peor policía. ¿Sabés lo que es combatir a la Bonaerense? También admiro y suscribo a la gestión de Patricia Bullrich, que tiene un estilo muy parecido al de Berni. ¿Por qué dicen que no está apta para el cargo? ¿Porque la primera vez que cortaron la 9 de Julio no aplicó el protocolo? Ahora, ¿cuando sí lo hizo violó los derechos humanos? Pongámonos de acuerdo. Restablecer el orden no es reprimir. Estoy preocupado por la inseguridad, pero creo que tenemos al mejor jefe de la Policía Federal de toda la historia: Néstor Roncaglia. Conoce sobre narcotráfico y secuestro extorsivo como nadie. No deja pasar una. Todos los ruidos que se escuchan vienen de la Policía Bonaerense y de la Policía de la Ciudad.

-¿Cómo recuerda el caso Ángeles Rawson? ¿La entrevista en la que su hijo dice textualmente que “Mangeri mató a Ángeles” fue un quiebre para usted?
-Más allá de los interpretaciones que se puedan hacer, Juani nunca supo qué hizo y cómo Mangeri mató o no a Ángeles. Juani estaba contaminado por la situación, porque iba al colegio o llegaba a casa y se encontraba al padre en la televisión. Lo que pasa es que Ángeles fue un fenómeno mediático muy especial. Rodrigo, Soldán y las barras bravas, tres casos en los que actué directamente, habían captado en seis meses un promedio de dos horas de atención por día en los medios. Ángeles, en la primera semana, tomó 400 horas en los medios porque, a diferencia de los otros, era un caso de la televisión. Fue un fenómeno que estalló y se tornó inmanejable.

-¿Se arrepiente de haber aceptado la defensa de Mangeri?
-No sé si fue oportuno o no. Lo volvería a hacer, pero desde otro lugar. Fue un caso muy complejo. Mis colegas iban a la televisión a criticarme, por envidia. La abogacía es muy cruel, hay mucha competencia. Me pasa todos los días en Tribunales: a veces los colegas vienen a ganarme a mí. El caso de Ángeles fue aberrante, terrible. Si bien siempre tengo la postura de que soy un defensor técnico, llegaba a mi casa a la noche, la miraba a Ángeles y se me caía la cara. No es casualidad que el día que exhumamos su cuerpo me caí en la escalera de mi casa y me fracturé la pierna. Evidentemente yo estaba queriendo decir basta de alguna manera, pero seguí hasta donde pude. Y además, más allá de la inocencia o culpabilidad de Mangeri, se había generado toda una tensión en torno al caso que era ajena a la búsqueda de la verdad. Yo salía de casa y todas las mañanas me encontraba con treinta tipos en la puerta. Había días en los que no tenía argumentos o no quería hablar porque tenía una problemática personal. Había perdido mi intimidad, con lo que eso implica en la vida de una familia. Además estaba la relación con mis otros clientes del estudio, que me decían que no les daba bola. Era mentira, porque de 11 a 19 siempre estoy en el estudio.

“Vidal y Carrió son un dolor de cabeza para Macri. Si a estas chicas se les ocurriera sacarse una foto juntas, los próximos despedidos son Macri y Cristina”.

-Hace unos meses dijo que la investigación del caso Ángeles estaba incompleta. ¿No le convenció la sentencia que condenó a Mangeri a perpetua?
-No. Yo tengo una confesión, la de Mangeri, que no es ni de culpabilidad ni de inocencia. Hablé con él a solas y te puedo asegurar que la investigación está incompleta. Para mí, a esta mesa por lo menos le falta una pata. ¿Eso podría haber cambiado la suerte de Mangeri? Sí. Pero no porque quiera beneficiarlo, que es lo que mucha gente no entiende. Después de tres años y un infarto, te puedo asegurar que si yo hubiera corroborado y sabido que Mangeri quiso violar a Ángeles no lo hubiera defendido. Esa fue mi primera pauta en la relación de trabajo con el cliente. Yo digo que la causa es nula, no que Mangeri es inocente.

-Pasando a su faceta personal, hoy tiene un perfil muy activo en las redes sociales, especialmente en Twitter, con muchos seguidores…
-Y también enemigos (risas). Estoy aprendiendo, porque es un mundo que le pertenece a los jóvenes. Ahora me estoy calmando, pero me apasiona. Para mí Twitter es el baño de la comunicación. En general es muy guarango y bizarro. Sacando a mis amigos, que los tengo individualizados, a los demás no les creo ni las críticas ni los elogios.

-¿Sigue volviendo a Villa Urquiza?
-Sí, claro. Voy a lo de mi colega y amigo Diego Storto y además estoy construyendo en lo que era la casa de mi vieja, en Crisólogo Larralde y Capdevila. Creo que cuando pase mi etapa en Pilar voy a volver al barrio. Estoy muy arraigado, lo quiero mucho. Mi cuñada y mis sobrinos también viven en Villa Urquiza. De vez en cuando vamos a comer a la Cantina Guapa, de Olazábal y Mariano Acha, y soy cliente de la Joyería Lorenz. El barrio ha cambiado, pero lo veo muy bien. Espero que se resuelva el tema del Parque Sarmiento: tiene que volver a ser lo que era. Es una picardía.

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