Abogado, coleccionista y emblemático vecino del barrio, hace más de 50 años se instaló con su esposa en una tradicional casona ubicada sobre la calle Bucarelli. Nacido en Corrientes, es un apasionado de los autos históricos y la música: atesora aproximadamente diez mil discos. Como miembro de la Asociación de Comerciantes, habla del duro presente de la actividad. El día que lo elogió el presidente Juan Domingo Perón.

Por Tomás Labrit
tlabrit@periodicoelbarrio.com.ar

Según el diccionario de la Real Academia Española, un caballero es un “hombre que se comporta con distinción, nobleza y generosidad”. Y en una nublada y húmeda tarde de diciembre estamos frente a un fiel exponente de esa estirpe, que desde hace varias décadas se encuentra en peligro de extinción. Por cábala, Miguel Ángel Politis nunca dice su edad.  “Tengo muchísimos más de los que quisiera”, reconoce, esbozando una sonrisa. Nacido en la provincia de Corrientes, hace más de 50 años vive en Villa Urquiza, en una pintoresca casona ubicada sobre la calle Bucarelli. “Siempre fue un barrio lindo, pero ahora está hermoso”, describe con orgullo.
Además de su rol como abogado y miembro de la Asociación de Comerciantes, Politis es conocido en el barrio por su esposa Olga Alicia García, fallecida en 2005 y una de las fundadoras de la zapatería Olguimar. “Fue un golpe terrible para mí. Era una mujer excepcional, fuera de serie. No tuvimos hijos pero, si mirara para atrás, sería una de las cosas que corregiría. Tengo sobrinos, pero no es lo mismo. Los hijos son parte de tus entrañas”, confiesa, visiblemente conmovido.
Ante la ausencia física de su mujer, Politis encontró su cable a tierra en uno de sus hobbies: los autos antiguos. Miembro y ex presidente del Club de Automóviles Clásicos, desde hace dos décadas participa de una reconocida muestra que se realiza todos los años en el Hipódromo de San Isidro, en la que se exhiben los mejores modelos de colección del país y Sudamérica. En la última edición, que se realizó en octubre pasado, Politis expuso dos de sus reliquias. La primera, de color celeste, es un BMW 700 del año 59. “No es de gran precio, pero es una maravilla de la industria alemana”, la define.


La segunda es un Lancia modelo Lambda de 1930. Se fabricaron 400 unidades en todo el mundo y Politis es orgulloso dueño de una de ellas. Como perlita, se trató del primer auto en ser autoportante, un logro que marcó un hito en la historia del automóvil. De vez en cuando los saca a pasear por las calles de Villa Urquiza, ante la indisimulable sorpresa de los vecinos. “Cuando los miran, se entusiasman. El argentino es fierrero de alma. Preguntan qué modelos son y te felicitan: te hacen sentir importante”, cuenta.

-¿Cómo surgió su interés por los autos antiguos?
-No se puede entender la historia del siglo XX sin analizar la simbiosis entre el hombre y el automóvil. Los autos antiguos forman parte del patrimonio histórico de un país.  Los argentinos, como a tantas otras cosas, los hemos descuidado y perdimos parte de un material enorme que teníamos. Para fabricar los autos que tenemos ahora, se ha derrochado talento. El ingenio del hombre para dar soluciones te deslumbra.

-¿Qué características debe reunir un auto para ser considerado histórico?
-Según la Federación Internacional de Vehículos Antiguos (FIVA), debe tener más de 30 años de antigüedad. Pero no solo por el hecho de ser viejo un auto es valioso: hay que saber qué méritos tiene.

-¿Es costoso conservar este tipo de autos?
-Costoso no siempre es referente al dinero, sino también al tiempo y la dedicación. Si le brindáramos a nuestra patria tiempo y dedicación, ¡qué país tendríamos!

-¿Cómo se explica que los autos antiguos sean más vistosos que algunos modelos estrafalarios de la actualidad?
-En el prólogo de una de sus obras, José Ortega y Gasset explica que el ser humano y los animales se estremecen ante la vitalidad de algo que pasó.

El Lancia modelo Lambda, de 1930, con el que cada tanto Politis se pasea por el barrio. Se fabricaron 400 unidades en todo el mundo y el vecino es dueño de una de ellas.

Tango y Justicia
Luego de terminar la secundaria en su Corrientes natal, Politis se fue a vivir a Santa Fe para estudiar Derecho en la Universidad del Litoral, donde se recibió con apenas 21 años. “Como alumno no fui descollante, era lo normal”, aclara, con la tonada aún persistente. Además de los autos clásicos, otra de sus pasiones de siempre es la música. “Desgraciado el ser humano que no se dé cuenta de que es una de las maravillas de la vida. Así como se necesita una dosis de alimento para sobrevivir, también hay dosis de alimento espiritual que es la música que a uno le gusta. Tengo una colección de más de diez mil discos antiguos; una habitación entera. Escucho música en gramófonos, como se estilaba a principios del siglo XX. ¿Escuchaste alguna vez? Funciona sin electricidad”, cuenta con entusiasmo Politis, mientras hace sonar uno de sus antiquísimos reproductores al compás de Enrico Caruso.
Como se ve, su género predilecto es la ópera: admira a Verdi, Puccini y Wagner. Pero también aprecia el tango. Y fue así como, aprovechando su vocación por el Derecho, elaboró el artículo Gardel, el tango Pan y la seguridad jurídica. A simple vista, el título parece desconcertante, pero es un excelente juego de palabras. El tango Pan, que compuso el Zorzal Criollo en 1932, relata la historia de un hombre que es llevado preso por robar un pedazo de pan para darle de comer a su hijo hambriento.
Basándose en esa letra, Politis, especialista en Seguridad, la relacionó con el accionar de la Justicia ante el “estado de necesidad”. “¿Cómo juzgás a ese hombre? Por las leyes estrictas, del Derecho romano por ejemplo, debe ser condenado. Pero también se puede apelar a la Justicia del caso concreto. La única manera de tener seguridad jurídica es sabiendo de antemano cómo se va a solucionar el hecho. Si sé que robo el pan y voy preso, tengo seguridad jurídica, aunque sea injusto. Pero con la actividad política que hay hoy en día, la verdad no interesa tanto”, admite con resignación quien fuera fiscal de crimen en Corrientes.

-Hace ya varias décadas, uno de los principales problemas de nuestro país es la inseguridad. ¿Qué está fallando para que nunca se termine de derrotar a este flagelo?
-Siempre se encara mal la lucha contra el delito. La seguridad tiene tres aspectos que, para tener éxito, deben cumplirse conjuntamente: la captación del delincuente, su juzgamiento y condena y el cumplimiento de la pena. Argentina está fallando en los tres… A veces me sonrío cuando se dice que se van a sumar más móviles y efectivos. Así captás más delincuentes, pero tenés que juzgarlos y condenarlos en una Justicia en la que entrás y salís.

-¿La puerta giratoria existe?
-En alguna medida, sí. Quizás se exagera un poco, pero nuestra Justicia es permisiva. Hay una falla en la concepción de la lucha contra el delito y sobre todo en la protección del inocente, que puede morir sin ser culpable de nada. En cambio, hemos hecho hincapié en la protección del delincuente, que me parece muy bien. Pero primero me interesa el inocente, me horrorizan que lo toquen. Me duele la injusticia.

-¿Habría que endurecer las penas, mejorar la reinserción laboral de los detenidos?
-Cuando un país anda bien y hay trabajo sustentable para que la comunidad pueda desenvolverse honorablemente, eso ayuda mucho para que haya menos delincuencia. Pero eso no es todo: también hay que dar el ejemplo y nosotros permanentemente tenemos muy malos ejemplos. No quiero personificar en nadie, pero los ejemplos de nuestros gobiernos no son los mejores. Por eso hay que tener buenos jueces.

-¿Argentina los tiene?
-Algunos. Hay gente de la Justicia que es honorablemente aceptable y digna de nuestro respeto, pero no son todos. Se necesita ser un gran hombre para ser juez. La posibilidad de juzgar a los demás es una de las cosas más comprometidas para un ser humano.

Firme junto al comercio
Otra de las tantas aristas de Politis es como miembro y ex presidente de la Asociación de Comerciantes de Villa Urquiza, a la que llegó patrocinando a los dueños de los locales de la zona. Se trata de una entidad gremial y patronal, hoy presidida por Héctor Ginanni, que agrupa a los comerciantes y defiende sus intereses. “Tiene otra característica notable -agrega Politis-. En sus estatutos, que datan de 1949, figura que además de esa actividad gremial los miembros deben fomentar el bienestar de la comunidad. Es un reglamento sabio”.

-El año que acaba de terminar ha sido muy duro a nivel económico. ¿Cómo percibe la actividad comercial en Villa Urquiza?
-Ha venido todo muy mal, la actividad desde hace mucho tiempo viene complicada porque se encareció todo. El comercio está un poco castigado en Villa Urquiza. Además están los manteros que se les ponen delante y no pagan nada. Son competencias desleales. Un comerciante tiene que pagar infinidad de cosas y además hay muchas inspecciones, que están muy bien.

-¿Hay perspectivas de reactivación de cara a 2017?
-Espero que sí. Es un tema que preocupa porque lo hablo con los comerciantes. Estamos en un momento en donde el que tiene, se queja. Entonces, ¿qué dejás para el que tiene poco o nada? Es muy complejo lo que recibió este gobierno y no es fácil de solucionar.

-¿Cerró algún comercio en Villa Urquiza este año?
-Supongo que sí, porque los gastos son muy pesados y los impuestos muy fuertes.

La charla va a llegando a su fin y, justo antes de que se apagara el grabador, Politis despliega un as que tenía guardado bajo la manga de su impecable saco. “Conocí a Perón”, suelta, casi al pasar. La historia fue así: en los 70, el presidente Juan Domingo Perón le encomendó a Politis, que en ese momento era Ministro de Gobierno de Corrientes, que viajara a Paraguay para investigar qué opinaban los paraguayos sobre él y la Argentina. Con la directiva del General, viajó al país vecino y se reunió con el presidente Alfredo Stroessner. De regreso a Buenos Aires, Perón le agradeció la gestión y le regaló un retrato suyo con una dedicatoria: “Al Dr. Don Miguel Ángel Politis”. “¿Por qué agregó Don?”, preguntó con timidez Politis. Perón le respondió: “Doctores hay muchos, pero Dones hay pocos”.

-¡Vaya elogio! ¿Cómo son sus días actualmente, Don Politis?
-Felices. Estoy tranquilo porque nunca le hice el mal a nadie.

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