Por Luis Alposta
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Acerca de un librero y editor de raza
Ser editor es concretar sueños, propios y ajenos.
Alguien dijo que el buen editor debe ser al libro como el pediatra al recién nacido, asumiendo su custodia inmediata después del alumbramiento.
Y ese es Manuel Pampín, quien fiel a una de las mejores tradiciones, fue creador de una editorial que logró conectar a miles de lectores a través de un ya tradicional sello: Corregidor.
El hombre que supo redescubrir y difundir, en memorables ediciones, a autores como Macedonio Fernández, Arturo Jauretche, Federico Pedrido, Jorge Montes, Luis Adolfo Sierra, Alberto Girri, Marco Denevi, Francisco García Jiménez, Enrique Cadícamo, Oscar Zucchi, Marcela Ciruzzi y muchos más. Autores que llegaron a ser también números uno en las listas de los más leídos y eso sin dejar de citar la ya mítica colección sobre La historia del Tango, coordinada por Juan Carlos Martini Real, con firmas que nos dan la justa dimensión de esta obra. Una colección de culto cuyos 21 volúmenes han tenido -y tienen- gran difusión entre los especialistas, los investigadores, los amantes del tango y los estudiosos de la cultura popular. Una auténtica obra de referencia.
¡Ese es Manuel Pampín!, cuya editorial cuenta con un catálogo con más de 3.500 títulos publicados, entre los que figuran Colecciones tales como Relieves de la literatura universal y la dedicada a la Literatura latinoamericana; quien, cuando ya avanzada la conversación y la confianza, café mediante, en su oficina, siempre atestada de papeles y libros, entre fotografías y recuerdos nos habla con candor de sus ediciones y de sus entrañables diálogos con Cadícamo, Julio Cortázar, Roa Bastos
El hombre que, pasionalmente, se entregó desde muy joven a una profesión que exige amor por las letras.
Manuel Pampín. ¡Librero y editor de raza!

Acerca de Trottoirs de buenos aires
Mi primer contacto a cielo abierto con el barrio se produjo en una vereda impar de Congreso al 5500. En ella “gambetié” incipientes pasos que me llevaron a reconocerla en cada una de sus baldosas.
Más tarde, la fisiología y los juegos se encargaron de que la vereda me resultara chica y el mundo alcanzó entonces la dimensión de una cuadra. La llegada de otros juegos me llevó después a realizar todo un estudio topográfico de la misma, hasta que a fuerza de sacarle punta un buen día le descubrí la esquina. Allí me habría de sorprender el tiempo del picado y del piropo y se comenzaría gestar en mí esa especie de segunda nacionalidad, que tarde o temprano sacamos a relucir: la del barrio (Parte del prólogo del libro Geografía Intima de Villa Urquiza, del cual soy autor. Editorial Aldea, Buenos Aires, 1981).
Y hablando de veredas, no puedo dejar de recordar Trottoirs de Buenos Aires, la tanguería que, el 19 de noviembre de 1981, abrió sus puertas en pleno corazón de París, en la rue des Lombards N° 37, con la actuación del Sexteto Mayor, uno de los mejores conjuntos de tango del momento. Era prácticamente la primera que se abría desde la gran época del tango en París de los años 20 y 30, marcada por numerosas tanguerías, entre las que se destacó El Garrón de la rue Fontaine.

Luis Alposta junto al cantor Raúl Funes y Tomás Barna, en Trottoirs (jueves 10 de abril de 1986).

Trottoirs de Buenos Aires bajó telón definitivamente el 15 de mayo de 1994. Fue el lugar donde se renovó en París una tradición que estaba adormecida desde hacía decenios: la de las salas dedicadas a la música porteña. Tras la exitosa actuación del Sexteto Mayor desfilaron por su escenario destacadas figuras como Salgán-De Lío, la cantante Josefina, Rubén Juáez, Guillermo Galvé, Raúl Funes, Susana Rinaldi, María Garay, Osvaldo Piro y Cuarteto del Centenario, entre muchos otros.
Su nombre le fue dado por el título de un tango de Julio Cortázar, padrino espiritual de la tanguería. Me contaba José Libertella, director del Sexteto, que el día del debut, dirigiéndose a Cortázar, le pidió que eligiera el tango que el conjunto le quería dedicar. El escritor argentino dijo sin dudar: El choclo.
Con mi esposa Vicky visitamos Trottoirs en 1986; actuaba entonces el Cuarteto del Centenario. Fuimos invitados por Tomás Barna, uno de sus fundadores, y su señora Celina Palacios, amigos entrañables y guías de lujo en París.

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