Por Luis Alposta
luisalposta@fibertel.com.ar

Acerca de Iván Diez
Iván Diez, cuyo verdadero nombre era Augusto Arturo Martini, vivió cincuenta y seis años que compartió armoniosa y equitativamente entre la calle y la literatura, entre el arrabal y el “trocén”, entre el goce del lenguaje culto y de sus versos lunfardos.
La zona de El Faro marplatense lo vio nacer, en la época de los “bondis” a caballo; pero el destino quiso que se criara y creciera en el porteñísimo barrio de San Telmo. Sus primeras creaciones literarias fueron versos y novelas breves de tono romántico. Ejerció el periodismo y trabajó en la radio “como cronista deportivo y cinematográfico, actor y libretista, locutor y cantante”. Él mismo nos cuenta que publicó en diarios y revistas, dentro y fuera del país. Colaboró en Última Hora, y fue allí, precisamente, donde comenzó a destacarse como poeta lunfardo, firmando con el seudónimo de Iván Diez.
Tal vez el más difundido de sus sonetos sea Amablemente, aquel que nos habla de las “34 puñaladas” y que cantó Rivero. Pero hoy, el soneto que quiero recordar se llama:

El caballito
Un cabayo, compá”, -dijo la hijita-. / El drepa, campaneándola angustioso, / por más que pretendía hacerse el oso, / lloraba al encontrarse ya sin guita. / La yeta lo tenía medio loco. / Estaban por piantarlo del convento. / ¿Comprarle un cabayito? ¿Con que vento? / Si apenas le quedaba pal marroco. / “Yo quelo un cabayito” -continuaba-. / Entonces, besuqueando a la que hablaba, / rajó de su bulín pegando un grito. / Y el pobre, no canchero y poco rana, / a los veinte minutos iba en cana / por haber afanado un caballito.

Acerca de las voces de alerta en lunfardo
Así como los monos prorrumpen en gritos de alerta a sus compañeros, avisándoles de algún peligro inmediato, y las aves de corral ante el más mínimo gesto de agresión se ponen a cacarear alertando a todo el gallinero, el más lejano de nuestros antepasados, seguramente, imitó el gruñido de una bestia salvaje para avisarle así a sus congéneres sobre la naturaleza del riesgo. Esto habría sido quizá el primer paso dado para la formación de un lenguaje. Desde entonces, a medida en que se comenzó a usar más y más la voz, los órganos vocales se fueron desarrollando y perfeccionando como respuesta a los efectos heredados del uso, lo que habría de reaccionar, cerebro y siglos mediante, sobre la facultad del habla.
Y así hasta llegar al lunfardo, al que, el homo-malandra enriqueció sumándole voces de alerta y de advertencia, tales como:

Ancú o ancún. interj. (origen desconocido). Voz de atención o alarma. – ¡Ancún, la cana!, ¡cuidado, que hay peligro! (JAS), (AD).
Araca. interj. (del uajili haraka: ¡rápido!, ¡rapidísimo!, ¡ahora! (LA) // del caló aracatanó: guardián -palabra que los presos empleaban para prevenirse ante la cercanía de un guardián-.). Voz de alarma, de prevención (LCV). ¡Cuidado!
Atenti. Interj. (del siciliano. attentu: atento). Voz de alerta, de advertencia; ¡cuidado!.
Dequera. Interj. (de la exp. Ingl. take care: ten cuidado). Cuidado, recelo, precaución. Acción de prevenir un daño, riesgo o trampa. Señal de alarma en caso de peligro.
Dequerusa. Interj. Forma fest. de dequera. “Una explicación: los policías de civil recorrían las calles (“hacían calle”) de a dos; como se los denominaba “pescados” o “pescaos”, en el ambiente delictivo nació la expresión que luego habría de popularizarse: Dequerusa la merluza, isolina la corvina.” (EG).
Guarda. Interj. (del ital. guardare: mirar) ¡Ojo! // ¡Cuidado con…! // Expresión que denota amenaza, precaución o aviso de un peligro o daño (JAS).
Isa. Interj. (del maltés / siciliano issa: ¡ahora! (LA) // del gen. Isa: ¡ánimo!, ¡fuerza!) (G.P.). Poner sobre aviso, voz de alerta, advertencia.
Isolina. Igual que isa.

Acerca de la poesía de Xiul Lasopat
Xiul Lasopat, a quien bien puedo considerar mi “negativo”, mi “otro yo” a la hora de ponerse “él” a escribir, es alguien a quien puedo convocar frente a un espejo y verlo en el límite de lo borroso sin llegar a desestructurar su imagen.
Su poesía es lógica y es no-racional, para no emplear el término equívoco de irracional. Confinado al espejo, Xiul Lasopat, que viene ser “el otro”, podrá parecer el poeta del apartamiento, de la soledad o el de la existencia incumplida, cuando, en realidad, es alguien que buceando en lo desconocido pretende vivir una nueva experiencia poética. Lo que “él” busca es el lenguaje de lo inexpresable y la única norma que acepta es la de la libertad total, la de una poesía sin cánones.
Y es en ese ir y venir de imágenes frente al espejo que, para “el otro”, que es el que escribe los poemas, el “Otro él” soy yo. Y como yo soy el que después los termina firmando y da la cara, tengo la sensación de que, en alguna medida, soy alguien que está consumando un plagio.

“Otro él”

Su realidad
y el eco del silencio
en un espejo cóncavo.

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2017/01/poesía-1-150x150.jpg