Por Luis Alposta
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Acerca de voces y expresiones del box
Ringsai (Ringside): zona de los asientos ubicados más próximos al cuadrilátero.
Cuadrilátero o ring: lugar en el que se llevan a cabo las peleas o combates, con cuatro lados y cuerdas que lo delimitan.
Asalto o round: cada una de las fases de un combate. Son periodos de un par de minutos seguidos de pausas en las que los boxeadores descansan. / Cualquiera de los períodos de tres o dos minutos que comprenden un combate. Cada asalto es separado por un minuto de descanso.
El tercer hombre: es una forma coloquial de llamar al árbitro, ya que es la tercera persona que hay dentro del cuadrilátero o ring.
Pelea limpia: se dice de los combates en los que no se infringen las normas. En los que no hay ‘golpes bajos’ ni artimañas.
Contra las cuerdas: cuando el boxeador es acorralado contra las cuerdas que delimitan el ring, no pudiendo escapar: / “Estar contra las cuerdas” significa estar en apuros, en aprietos; es una metáfora que hace referencia a un boxeador arrinconado entre las cuerdas del ring y su oponente.
Dar un golpe bajo: se trata de un golpe dado por debajo de la cintura. / Acción malintencionada con la que se pretende dañar a alguien.
Salvado por la campana: expresión usada para decir que uno de los contrincantes, en clara desventaja, ha evitado perder porque sonó la campana señalando el final de un asalto. / Cuando ha comenzado la cuenta a un boxeador noqueado y la campana interrumpe el conteo para dar término a ese asalto, librándolo así de ser declarado perdedor.
Tirar la toalla: acción de admitir, por parte de una de las “esquinas”, que un boxeador ha sido superado y por tanto debe finalizarse el combate. Es lo que se llama Nocaut Técnico. / Rendirse; dar, automáticamente, la victoria al oponente.
Besar la lona: expresión, que alude a la situación de nocaut en el boxeo, en el que el boxeador ‘besa la lona’ al caer tras el golpe de su oponente. La frase se utiliza popularmente para referirse a un fracaso o a una derrota.
Colgar los guantes: abandonar la práctica del boxeo o de cualquier otra actividad.

Acerca de los fueyes picados

La tuberculosis, más exactamente la localización pulmonar de esta enfermedad, se traduce al lunfardo como “tener los discos o los fueyes picados”. Muchas heroínas de novelas de la época victoriana padecían de esta enfermedad, lo cual se explica por la frecuencia de la tisis en aquellos tiempos. Las tuberculosas más célebres de la literatura fueron Margarita Gauthier, Mimí, la esposa de David Copperfield y la pequeña Eva de La Cabaña del Tío Tom. No menos famosa, entre nosotros, fue la obrerita que tosía por las noches mientras pasaba un hombre pregonando con una cotorrita.
En el libro de Carlos de la Púa o el Malevo Muñoz, que es lo mismo, La Crencha Engrasada, encontramos un solo caso de tuberculosis y no se trata precisamente de una jovencita grácil, de cutis fresco y ojos brillantes, sino que esta vez el personaje es “El vago Amargura”:

“Y volvió de Ushuaia con la conocida
tos envenenada que atrapa el canero,
y olvidando todo se engrupe la vida
mandando a bodega su troli cabrero”.

Y casi con seguridad, el mencionado Vago padecía también su buena cirrosis hepática:

“Mandando a bodega su troli de vino
junto con la mugre de un bar mishiadura,
está siempre escabio el vago Amargura,
que en tiempos pasados fue un gran malandrino”.

Acerca de la poesía de Xiul Lasopat
Xiul Lasopat, a quien bien puedo considerar mi “negativo”, mi “otro yo” a la hora de ponerse “él” a escribir, es alguien a quien puedo convocar frente a un espejo y verlo en el límite de lo borroso sin llegar a desestructurar su imagen.
Su poesía es lógica y es no-racional, para no emplear el término equívoco de irracional. Confinado al espejo, Xiul Lasopat, que viene ser “el otro”, podrá parecer el poeta del apartamiento, de la soledad o el de la existencia incumplida, cuando, en realidad, es alguien que buceando en lo desconocido pretende vivir una nueva experiencia poética. Lo que “él” busca es el lenguaje de lo inexpresable y la única norma que acepta es la de la libertad total, la de una poesía sin cánones.
Y es en ese ir y venir de imágenes frente al espejo que, para “el otro”, que es el que escribe los poemas, el “Otro él” soy yo. Y como yo soy el que después los termina firmando y da la cara, tengo la sensación de que, en alguna medida, soy alguien que está consumando un plagio.

“Otro él”

Su realidad
y el eco del silencio
en un espejo cóncavo.

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