Por Luis Alposta
luisalposta@fibertel.com.ar

Acerca del cafishio, el bacalao y un soneto de antología

La palabra cafishio, con la que designamos al rufián o proxeneta, proviene del italiano stoccafisso, que significa bacalao seco. Digamos de paso que el italiano tomó este término del alemán stockfish, literalmente pez palo, o sea, bacalao seco. En italiano se dice que un individuo “parece un stoccafisso” cuando es rígido y delgado y nosotros, por comparación, comenzamos a usarlo a fines del siglo XIX para designar a los rufianes por su andar tieso y duro. Y de la comparación pasamos a la metáfora. En lugar de decir “fulano parece un stoccafisso” comenzamos a decir “fulano es un stoccafisso”. Después, el término se aclimató y devino en cafishio. Y de cafishio derivan cafiolo, fiolo, cafirulo, canfinflero, canfle, canfunfa, canflinfa, caferata. Y las formas vésricas: shiofica y fioca. Y fioca le dio título a este soneto de Celedonio Flores:

Ha de vestir de negro, si no, no vale. / Camambuses de hule, medias de seda, / un lengue en el bolsillo que sobresale / y un moño que bastante grande le queda.
El mate bien peinado, con una onda / que es el gheite, sin grupos, de sus hazañas… / ¡Si por su cabellera sedosa y blonda / es que tiene los records de su campaña!
Esperando las cinco de la matina / aguanta hasta que sale la pobre mina / rengueando descolada del cabaret.
Se mandan un completo si sale sola; / pero si la percanta sale con cola / él dice: “¡Que paponia, me hizo un mishé!”…

Acerca de una filmación de Gardel poco difundida
El jueves 25 de abril de 1935 Gardel llega al Puerto de la Guaira (Venezuela), procedente de Puerto Rico, en la motonave “Lara”. Era un jueves inolvidable para millares de venezolanos. Una multitud, calculada en más de 3.000 personas, esperaba en los muelles desde las 9 de la mañana a “El Divino Carlos”, como lo había bautizado la prensa desde días antes.
A las once y siete minutos bajó Gardel del vapor “Lara” Fue recibido por Luis Plácido Pisarello. Este ciudadano argentino, con muchos años radicado en Venezuela, fue el gestor directo de la visita. Una limousine estaba preparada para trasladar al ilustre visitante y en ella partió junto a sus guitarristas: Riverol, Barbieri y Aguilar, así como también de Le Pera. Tras sortear las dificultades que produjo el hacinamiento ocasionado por la multitud de admiradores, los viajeros lograron ser trasladados al hotel “Miramar” en Macuto. Fue allí donde se realizó esta filmación que, muy gentilmente, me hizo llegar Hernán Sotullo. Fue difundida por un canal de TV rosarino y el presentador, uno de los más populares locutores de esa ciudad, es Raúl Granados, padre del cantor y humorista Pablo Granados.

Acerca de una chacarera lunfa
La tradición oral nos dice que la chacarera nació en Santiago del Estero, más precisamente en Salavina. El hecho de que haya algunas con letras escritas en quichua santiagueño es algo no desestimable a la hora de atender a esta teoría.
La mención más antigua que se registra sobre esta danza fue hallada por Isabel Aretz en las Memorias de Florencio Sal, publicadas en Tucumán en abril de 1913. En este libro se dice que la chacarera se comenzó a bailar en el noroeste de la Argentina, especialmente en la provincia de Santiago del Estero, y que hacia 1850 se bailaba en Tucumán.
Su nombre proviene del vocablo chacarero, “trabajador en una chácara o chacra” (chakra: “maizal”, en quichua santiagueño), porque generalmente se bailaba en el campo, aunque lentamente hizo avance y llegó a las ciudades.
Pero aquí la historia que nos ocupa es otra.Fue hace treinta y un años y en Coghlan, como respuesta a la sugerencia de un vecino que me invitó a escribir una chacarera “en lunfardo”. Y la escribí. A través de ella, un santiagueño nos habla de su viaje, de su aclimatación al ambiente tanguero de Buenos Aires y de su fidelidad al pago.
El vecino de la sugerencia fue Horacio Guarany.

Chacarera lunfa
Aunque mi parla es diquera / -lo está anunciando el rasguido-, / junen que a la chacarera, / muchachos, nunca la olvido.
En un tren de trote tardo / a Buenos Aires bajé, / y entre el gotán y el lunfardo / debute me aquerencié.
“Recuerdo fue en Balvanera” / (aunque suene conocido) / donde hablé por vez primera /
en lunfardo de corrido.
No piensen que es un renuncio / si es que cambié de tonada, / que igual las “eses” pronuncio / y aquí no ha pasado nada.
Siempre recuerdo a mi gente / y el canto de los coyuyos, / aunque role en otro ambiente / y hoy bata mosca y piguyos.
En el amor no ando en llanta. / Transito la misma costa. / Sigue siendo mi percanta / una santiagueña posta.
Cuando estoy con la viaraza / y empiezo a darme manija, / la bombacha bataraza / la saco de la valija.
Y si mi parla es canchera / y un poco me aporteñé, / junen que a la chacarera, / muchachos, no la olvidé.

Letra: Luis Alposta (1986)
Música: Aldo Videla

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2017/01/poesía-1-150x150.jpg