Cuando en su adolescencia vivió en el barrio, un amigo lo llevó a la cancha de Comunicaciones y se enamoró a primera vista. En un extenso diálogo con este periódico, lamenta el desenlace de la final ante Riestra: “Fue una chanchada”, asegura. Además, habla de su presente actoral en la tira “Las Estrellas”, liquida a los políticos y cuenta cómo se lleva con su papá, Alfredo.

Por Tomás Labrit
tlabrit@periodicoelbarrio.com.ar

Sea de Boca, River, Independiente o Sacachispas, no hubo hincha de fútbol que no repudiara lo sucedido en la final entre Deportivo Riestra y Comunicaciones. La invasión del público local -incluido un jugador- cuando el partido estaba por finalizar provocó un rechazo unánime pocas veces visto. Más aún después de que la AFA desobedeciera su reglamento y resolviera jugar los cinco minutos restantes en un estadio neutral. La historia ya es conocida: la fugaz definición terminó en cero y Riestra ascendió a la B Nacional con un global de 2-1. Aunque no le salió barata, ya que en el próximo torneo sufrirá una quita de puntos, la inhabilitación de su estadio y una sanción económica.
“Es una lástima que, en algo que no está sujeto a muchas lecturas como es el reglamento de un deporte, se invente una definición de cinco minutos. Si iban a romper las reglas, hubiese preferido que se jugara el partido de vuelta, sobre todo porque los dos equipos tenían con qué. Pero con las injusticias de este país -por lo menos las que te dejan vivo, como ésta- hay que seguir adelante y no parar. Siento un poco de resignación y tristeza porque es una situación institucional a la que estamos acostumbrados”, se explaya Nazareno Casero, fanático de Comunicaciones y protagonista de la tira Las Estrellas (El Trece), quien presenció en Villa Soldati el partido del escándalo.
“A pesar de ser una final, estaba todo muy bien y había buena onda. No había algo que te dijera de que todo podía llegar a explotar -destaca el actor-. Pero en los últimos minutos desaparecieron los alcanza-pelotas y de golpe hubo una invasión. Una lástima que se empañe así un partido porque si esperaban unos minutos más lo ganaban e iba a ser una fiesta”.

-¿Cuándo nació tu pasión por Comunicaciones?
-Mi historia con el fútbol es bastante triste, porque en mi casa no se veía fútbol. Siempre hubo una idea bastante anti-sistema de que con el fútbol se distrae al pueblo y se gasta mucha plata. Entonces no tenía equipo. Mi abuelo me quiso hacer de River, Fabio Alberti me llevaba al Monumental. Capusotto me quería hacer de Racing y Mex Urtizberea de Independiente.

-¿Y tu papá?
-Es de Racing porque vivía en Avellaneda, pero nada. Un día, cuando recién había cumplido 15 años, dos amigos de Agronomía –Mariano y Eric– me llevaron a ver a Comu. Fuimos y dije quiero esto para mí. Y así me hice hincha. Fue de grande, no lo heredé. En un momento empecé a conocer a los hinchas y la gente del club, es algo mucho más íntimo y familiar. Es identitario, va más allá de lo que puede ser el negocio del fútbol. He ido a partidos en donde éramos 25 en la tribuna. El Ascenso es muy distinto y mucho más cercano. Hay pibes que llegan en bondi a jugar y además laburan.

-¿Y ahora? ¿Cómo sigue la vida de Comunicaciones?
-Lo importante es tratar de mantener la base del equipo y lo que se hizo, que fue mucho. Y después algo que digo siempre: nosotros perdimos el partido más importante cuando remataron el club. Lo iban a vender y no se sabía lo que iban a hacer. Después de eso, todo lo que venga no es tan terrible. En el torneo que viene Comunicaciones tiene que volver a mostrar que es un equipo con carácter y que juega lindo. No se ganó porque fue una chanchada, pero estamos en un buen camino.

-¿Qué recordás de tu etapa en Agronomía?
-Lo elegí como el barrio en el que eché raíces. Desde que nací, hasta los 14 años, me mudé seis veces y fui a muchos colegios. La verdad, mi vida fue bastante caótica y poco estable. Entonces cuando llegué a Agronomía no tenía un barrio con el que sintiera pertenencia, salvo el Bajo Flores, que fue donde nací.

-¿Frecuentabas los barrios aledaños a Agronomía?
-Callejeé mucho, todo lo que pude. Tengo amigos de Villa Urquiza, Villa Pueyrredon y San Martín. En Saavedra fui un tiempo a la Escuela 28, que queda en Crisólogo Larralde y Valdenegro y era nocturno. Sacando el casco antiguo, como pueden ser San Telmo y La Boca, donde también viví, Agronomía, Villa Pueyrredon, Villa del Parque y Saavedra son los barrios más lindos.

-¿Cómo analizás tu presente en “Las Estrellas”?
-Por suerte le está yendo muy bien. Tiene un gran recibimiento de un público muy variado: desde chiquititos hasta sus madres. Creo que la gente encuentra empatía en todos los personajes. Las chicas son brillantes, se las nota muy frescas y se matan de la risa. Todos están muy metidos y saben lo que hacen, entonces laburar así es una bendición. Dentro de lo que es la televisión, es una novela muy sana y familiar. Es multitarget y eso está bueno, porque no pasa muchas veces en la vida de un actor. Lo disfrutamos y la pasamos bárbaro cuando venimos acá. Nos llevamos todos muy bien.

En exitosa tira de El Trece, Nazareno Casero interpreta a Daniel, quien tiene una historia de amor con Florencia (Violeta Urtizberea).

-¿Cuál creés que es la clave del éxito?
-En Pol-ka hay un trato al actor que está muy bueno. Te hacen sentir cómodo y se trabaja en forma armoniosa. Y eso, de alguna manera, predispone a que se pueda actuar mejor. Estamos todos muy contentos y que le esté yendo bien en el rating siempre es un aliciente. Lamentablemente es la única ficción nacional, pero tiene calidad.

-Hace poco levantaron “Fanny la fan”, de Telefe, por bajo rating. ¿Te alarma que abunden tantas tiras extranjeras en la TV argentina?
-Me da pena que al televidente se le dé cualquier cosa. No entiendo qué puede llegar a generar una novela turca, pero sucede. Es una lástima que se haya levantando un producto como ese, al que le habían puesto todos los cañones, porque hay actores que se quedan sin laburo. Este es un medio en el que se puede ganar o perder mucha plata. Son los riesgos que se corren.

-¿Te gusta la televisión actual?
-Solo miro dibujitos: Los Simpsons, Padre de familia, American Dad!, Futurama y varios de Cartoon Network.

-¿Querés decir que la TV es un desastre?
-No tengo tiempo real para ver la tele. Por ahí cuando me despierto miro el noticiero pero es horrible, por lo que está pasando en el mundo. No lo digo para hacerme el cool, sino porque hay otras opciones. Por eso el rating es distinto que hace diez años y los productos duran menos. Estamos en una época en donde hay muchas opciones para el televidente y está bueno.

-Es cierto, pero la política copó casi todos los programas…
-Todos están muy irascibles, tanto los de un lado como los del otro. Entonces miran para reforzar su pensamiento o para enfrentarse a otro pensamiento. En los programas de espectáculos también se habla de política, está todo muy mezclado. La política también es un gran show. La gente piensa que se les va la vida pero para mí son todos amigos. Es una gran pantomima que algunos se la creen y otros no. Yo ya perdí la esperanza.

-¿De qué lado estás parado?
-Los detesto a todos. Me caen muy mal, no les creo. Me parece que son una runfla de mentirosos. Decirte que apoyo a alguien me daría vergüenza, porque al toque se les ven los hilos. Ojalá que, los que se lo merezcan, vayan en cana. Celebro cuando un poderoso intocable va preso, porque lo veo como una revancha. Pero no me importa de qué color sea: poderosos hay desde Fidel Castro hasta Bush.

-Tu papá tiene una postura clara respecto del gobierno anterior y el actual. ¿Confrontás políticamente con él?
-No, somos de generaciones distintas. No sólo por el tiempo transcurrido sino por las épocas en las que vivimos. Yo nací en democracia, entonces es distinto desde dónde puedo discutir. No podría confrontar con él por el trasfondo de su opinión, porque realmente no sé qué vio y cómo lo vivió. Aparte él siempre ha sido un personaje polémico. Me parece perfecto que se rebele si le molesta algo. Después yo me puedo subir o no a sus pensamientos.

-Cuando tu papá opina de política tiene un rebote impresionante…
-Eso se llama ser influyente y por suerte no se vende: él no opera para nadie. Lo que más me molesta es cuando le dicen gordo falopero, porque están insultando a la droga. Personajes como Alfredo Casero hacen caer las caretas y eso es necesario. Te puede gustar o no, pero siempre ha promulgado la libertad de hacer lo que se te cante.

-¿Cómo te llevás con él?
-Súper bien. No tenemos más problemas de los que pueden tener un padre y un hijo. No hay competencia ni nada. Mis padres me han criado siempre con mucha libertad. Demasiada, diría yo: me hubiese venido bien un sopapo.

Nazareno Casero, de pequeño, actuando junto a su papá Alfredo y Mex Urtizberea.

-¿La vocación actoral viene por tu viejo o él no incidió?
Hacé lo que quieras, pero hacé algo, me dijo. Así de clarito. Digamos que, teniendo un referente tan importante como él, hubiera sido difícil dedicarme a otra cosa. Cuando tenía ocho años, faltaba al colegio y lo acompañaba a Canal 2. Me quedaba todo el día ahí boludeando con las cámaras.

-De alguna manera, tu carrera actoral surgió con tus primeras participaciones en “Cha cha cha”, interpretando al “Alumno Capusotto”.
-Sí. A los nueve años, participé de la película Buenos Aires viceversa, de Alejandro Agresti. Empecé con otros laburos y cuando tenía 18 años me encontré con que estaba viviendo solo. Me bancaba con la plata que ganaba y, si no, me cagaba de hambre.

-¿Cómo tomaste ser “hijo de”?
-Fue como empujar un carro. Al principio, cuando tenés que romper la inercia, es pesado. Pero una vez que está en movimiento es difícil frenarlo, entonces es una ventaja. Yo creo que me abrió más puertas de las que me cerró. La realidad, también, es que podés ser el hijo de quien quieras, pero te van a dar una o dos oportunidades para mostrar si tenés talento. Si no, te corren de un plumazo.

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