Integró uno de los mejores equipos de toda la historia de Platense, que quedó a las puertas de la gloria una noche de 1967 ante Estudiantes de La Plata, en la Bombonera. Hoy, desde Francia, habló con El Barrio y recordó momentos de su carrera, donde descolló en el Calamar con 39 goles en 139 partidos.

Por Julián Amerise
platense@periodicoelbarrio.com.ar

-¿Cómo arrancó en el fútbol?
-Comencé en mi ciudad, Bragado, en la escuela. Ahí hacíamos campeonatos intercolegiales y cuando tenía 15 o 16 años mi papá agarró un equipo de grandes, del Club Mariano Moreno, y jugué con ellos, donde todos parecían padres con respecto a mí. Tuve la suerte de salir goleador de ese campeonato y fue un honor aún mayor porque me dirigía mi papá. No sentía presiones, mis compañeros me cuidaban. Luego había un conocido nuestro que era camionero y viajaba al Mercado de Liniers, donde solía haber dirigentes de Vélez. Él les habló de mí y le dijeron que fuera a hacer una prueba. Cuestión de que camino a Mar del Plata, yendo a visitar a una tía, paramos en Liniers. Siempre hay un equipo de chicos que se van a probar y otros que juegan contra el equipo del club. Ese día justo faltó el 10 del equipo y me pusieron a mí. Jugué dos tiempos de 30 minutos e hice tres goles. Me dijeron que cuando volviera pasara otra vez para probarme con el equipo más grande. Yo iba a cumplir 17.

¿Y qué pasó?
Me pusieron en un equipo para la Tercera contra la Reserva, más complicado. En un momento recibo la pelota, gambeteo al arquero y hago el gol. Los compañeros del arquero decían que estaba fuera de juego. Ahí el maestro Victorio Spinetto, hombre muy conocido en el fútbol argentino y en Vélez, dijo: “Ya sé que estaba offside, pero quería ver como terminaba la jugada el pibe”. Pasó un tiempo de incertidumbre, pero un mes después la gente de Liniers llegó a Bragado. Hubo una coincidencia: mi papá había jugado con Victorio un año en la Primera de Vélez. Resumiendo, mi viejo sólo quería que terminara el último año del Comercial. Así arranqué con las Inferiores, luego un jueves jugué con la Reserva y Spinetto me dijo “el domingo jugás en Primera”. Debuté contra el Rosario Central de César Menotti, 1 a 1.

Una familia de jugadores… Su hijo hasta jugó un Mundial.
Claro. Empezó mi papá, seguí yo y luego mi hijo Néstor, que jugó el Mundial de Estados Unidos 1994 para la Selección de Suiza porque se casó con una francesa de origen suizo. Ganó de todo, jugó Champions League, una carrera muy linda.

Usted salió de Vélez, luego pasó por Colón, Platense, Millonarios de Colombia y el Sochaux de Francia. ¿Hizo plata jugando al fútbol?
Los números de hoy son “distintísimos”. Pero hay otra cuestión. En el único club donde cobré siempre al día, sin problemas, fue Vélez. Platense para mí fue el club donde jugué mejor, con el gran equipo de 1967. Ahí nos debían uno o dos meses, pero eso no influía en nada dentro de la cancha. Era que el club no podía tenernos al día y nosotros lo entendíamos. Luego de cuatro años tuve la suerte de que Millonarios se interesara en mí y ahí pude recuperar. Hoy en día un jugador no puede decir que no a una oferta, ante semejantes cifras. Antes ganábamos para vivir bien, no más que eso.

¿Por qué se quedó a vivir en Francia una vez retirado?
Porque terminé de jugar en el Sochaux y se interesó por mí el Mulhouse, club donde me retiré. Antes de eso yo pedí aunque sea ir a un club de la segunda o donde sea para poder tener más minutos. Todo esto porque mi hija más grande, que tenía ocho años y medio, me dijo: “¿Papá, nos vamos a ir de nuevo ahora que hablo bien el francés, que tengo amigos franceses?”. Ahí le dije a mi señora que nos quedábamos.

Hablemos de Platense. ¿Qué recuerda de aquel equipo de 1967?
El recuerdo más hermoso de toda mi carrera fue el momento en el que mostré el máximo de mis condiciones. Ese Platense fue algo extraordinario, Ángel Labruna armó un equipo al que luego los resultados le dieron la razón. La delantera era Miranda, Muggione, Bulla, yo y Medina. Tres días después de conocernos todos, tuvimos un amistoso con Atlanta: ganamos 5 a 2 en cancha nuestra y todos nos dijimos que parecía que hubiésemos jugado toda la vida juntos. “Tac-Tac-Tac-Tac”, ya se vislumbraba algo. El técnico para nosotros era un ídolo. No sé si los jugadores de hoy sienten eso cuando los dirige una figura así. Había mucho sentimiento por la camiseta que vestíamos, no quiero decir que hoy no lo haya, pero creo que era diferente. Una vez Alejandro Apo me pidió que le cuente qué nos decía Don Ángel en el túnel antes de salir a jugar: “Hagan un gol más que ellos”. Así de sencillo. Imaginate cómo entrábamos de inflados con la pasión y confianza que nos transmitía.

Bulla, Subiat y Valdez.

¿Qué dibujo táctico usaba aquel equipo?
El Gringo Topini o el Flaco Hurst al arco; Aranda, Mansueto, Togneri y Murúa; Recio; Muggione de “8” y yo de “10”; Miranda, Bulla y Medina. El dibujo era 4-1-5, pero cuando defendíamos Muggione y yo dábamos una mano.

Sería un 4-1-5 atacando, pero 4-3-3 cuando defendían…
Claro, el ejemplo de eso era que todos los de arriba terminamos con 6, 7, 8, 9 goles. Convertíamos todos. No es que no sabíamos defender, sino que no nos interesaba. Teníamos un ataque con una fuerza que era difícil agarrarnos. Ese equipo era una cosa de locos, al final Labruna en las charlas técnicas nos decía sólo “jueguen como de costumbre”. Porque todos sabíamos lo que teníamos que hacer, nos mirábamos y listo.

Ahora sí, hablemos del partido con Estudiantes. ¿Cómo lo vivió?
Tengo recuerdos muy tristes, pero lo viví con mucha emoción porque perdíamos 1 a 0 y luego lo pasamos a ganar 3 a 1. Justamente en un salto conmigo se lesiona Barale, un central, y en esa época no había cambios. Mirábamos el banco y Don Ángel nos decía “vayan, vayan”. Nunca nos quedamos a ver qué pasaba, era así nuestro juego. Por eso hay una nota del uruguayo Diego Lucero, de esa época, hermosa nota, donde decía: “Platense murió con la suya: siempre fue a atacar, siempre buscó el gol”.

Platense ganaba 3 a 1 y usted pudo haber liquidado el partido…
Hice una pared con Carlitos Bulla, había llovido y el terreno estaba un poco graso. Cuando me salió Poletti se la toqué de zurda y la pelota iba picando despacito. Pero apareció Pachamé no sé de dónde, la sacó y se pegó la cabeza contra el palo. De esa jugada vino el 3 a 2, esa jugada podría haber cambiado el rumbo de la historia.

Uno no vivió aquel partido, pero le pregunto sin vueltas. ¿Cree que alguno de sus compañeros no estuvieron a la altura o, cómo se suele decir, “fueron para atrás”?
No, para nada. No te digo que pudimos ser más inteligentes, pero si nos hubiéramos quedado más atrás no sé qué pasaba. Pero así jugaba aquel equipo. Yo me pongo la mano en el corazón y te digo que nadie fue para atrás. Lo ganaron ellos y lo perdimos nosotros. Mérito para ellos, que después indiscutiblemente ganaron todo. Me encontré muchas veces acá en Europa con Carlos Bilardo, Madero y Pachamé, pero recuerdo una puntual antes del Mundial de Italia 90, que estaban acá cerca de Suiza. Me invitaron a comer con Burruchaga y con Diego y fui con mis hijas. Ese día los tres me dijeron que Estudiantes fue lo que fue porque nos pudieron ganar a nosotros aquella noche.

¿Si Platense hubiera ganado ese partido, le daba el resto para ganar todo lo que obtuvo Estudiantes de La Plata en los años subsiguientes?
No te puedo decir que si ni que no. Ese año mostramos el valor que teníamos. Diría que hubiera sido posible.

¿Qué le puede decir al hincha que lo quiere y lo recuerda, pese al momento triste que vive el club?
Hablo mucho con los hinchas, sobre todo con los del interior, como Horacio Barros, que es como el alma, que vive en Mar del Plata. Siento que hoy viven una frustración porque los que pudieron participar aquellos años tienen esos recuerdos y les cuesta transmitir a los más jóvenes como para que sientan que se puede salir adelante. El hincha de Platense es sufrido, estoy admirado de tantos que he encontrado por todos lados. Estoy triste pero con confianza. Me gustaría estar ahí para hablarle a los muchachos, al cuerpo técnico y darles fuerzas, contarles nuestras experiencias. Nada está perdido, todo es posible, faltan algunos partidos. La motivación es importante, tenemos un equipo un poco irregular pero interesante, tengo mucha fe de acá al final. Los hinchas tienen que seguir alentando.

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