Hace 40 años, Platense y Lanús jugaron un desempate para ver quien caía a la B. Fue una noche lluviosa en la antigua cancha de San Lorenzo, con todos los condimentos. El ex arquero Calamar fue el héroe de la jornada al atajar cuatro penales. Te invitamos a recordar ese momento inolvidable junto al principal protagonista.

Por Julián Amerise
platense@periodicoelbarrio.com.ar

-Para empezar por el principio, ¿cómo llegó al mundo del fútbol?
-Nací en Necochea, me crié en Mar del Plata y a los 12 años jugaba en el “Campeonato Evita” al Baby Fútbol. Luego arranqué a jugar en San Lorenzo de Mar del Plata, en la Tercera, y a los 19 debuté en Primera. Desde los 18 atajaba en la Selección Marplatense. En esos años jugaba con todos los equipos de Capital, en algo que era parecido a la copa que hacen ahora en Mar del Plata. Ese año me vio acá el representante de Argentinos Juniors y viajé en el año 61, teniendo la suerte de pasar la prueba: sólo dos o tres lo conseguimos. Estaba el mendocino Juan Carlos Moreno, que se fue por un problema con el club, luego otro muchacho y por suerte empecé a jugar bastante pronto en Primera, anduve bien y fue el tramo más largo de mi carrera, hasta 1967.

-¿Qué es de su vida hoy en día?
-Estuve viviendo en Flores aquellos años, el club me pagaba el hotel, luego conocí a mi señora actual en Mar del Plata, nos casamos hace 54 años y vivo en San Justo centro. Tengo una inmobiliaria igual que Flavio, mi hijo mayor de 47 años, y tengo a mi otro hijo, Leandro, que es peluquero unisex, tiene 37. Tengo cuatro nietos que me tienen loco de amor. Ando por los 76 años, cumplidos el 17 de noviembre, y estoy muy bien.

-En el 63 ganó la medalla de plata en los Juegos Panamericanos, algo que hoy en día las selecciones de fútbol no toman muy en cuenta.
-Claro. Tuve la suerte de que estaba Ernesto Duchini en la Juvenil, fuimos al Panamericano de San Pablo. Conmigo fue, que en paz descanse, Agustín Mario Cejas. Estaban Ferrari, Barale, Guzmán y un montón de muchachos que jugaban en Primera. Salimos subcampeones, ganamos una medalla muy linda que tengo guardada. Por esos días estaba interesado en mí el Santos, pero lamentablemente no se hizo el negocio.

-Estamos hablando del mejor Santos de todos los tiempos si fue por esos años…
-Sí, estaba Gilmar en el arco, más los monstruos de Pelé, Gerson, Coutinho, Garrincha

-Luego jugó mucho en el exterior: Estados Unidos, Colombia, Chile, Perú. No era muy habitual que un jugador “yire” tanto.
-Claro, Junior de Barranquilla y Bucaramanga, ambos de Colombia, luego Deportes Concepción en Chile, Sport Boys de Perú.

-Decía esto porque hoy en día es más fácil ser conocido como jugador…
-Obvio. Antes el jugador estaba muy escondido, no había tanto videíto.

-¿Cómo fue la experiencia en Estados Unidos por aquellos años? ¿Fue la época del famoso Cosmos?
-A mi me compró Cerro de Uruguay y fuimos a Estados Unidos a hacer una gira de dos meses y medio. Éramos varios argentinos, teníamos un equipazo. Entonces fue un viaje para promocionar el fútbol, que no estaba ahí como ahora. Estaban invirtiendo con el Cosmos, que eran todas estrellas, con César Menotti, el hermano del Pinino Más y varios argentinos más. Nunca había imaginado jugar en esos estadios, con tanta atención y comodidad…

-Pero luego, sobre el cierre de su carrera profesional, como reza el nombre de un ex programa partidario calamar, “Llegó Platense”.
-Sí, tuvimos bastante mala suerte. Hicimos una campaña de regular para abajo. Hubo partidos que teníamos para ganar y los perdíamos, otros que teníamos para empatar y perdíamos también o íbamos ganando y nos empataban sobre la hora. Plantel había, estaba Juan Manuel Guerra, que ya no está más con nosotros pobrecito, era un lindo equipo, con Peremateu, Rivero, Pinasco, Juárez

-Platense recién había ascendido…
-Claro, yo venía de Quilmes, tuvimos mala suerte haciendo esa campaña. Cuando un equipo no puede ganar pasa eso. Así que llegamos a ese partido recordado con Lanús.

-Sí, 16 de noviembre de 1977, hace 40 años… Lluvia, tensión, estadio de San Lorenzo (Viejo Gasómetro), cancha repleta y una final por el descenso: el que perdía se iba.
-Un día antes de mi cumpleaños, con todos los condimentos. Estuvimos 23 días concentrados en “Luz y Fuerza” en la Ruta 3, practicando todo, hasta los penales.

-¿Cómo se prepara una final para no descender?
-Para el jugador, directivo, hinchas y cuerpo técnico es algo especial, porque estás supeditado a esos 90 minutos: ganás o perdés. Nervios, ansiedad, el partido que no llegaba nunca. Hasta que llegó y estábamos preparados mental y físicamente al 1.000%.

-El partido y el alargue terminaron 0 a 0. ¿Fue miedo a perder?
-No, para nada. Fue un ida y vuelta permanente, los dos queríamos ganar. Pero bueno, no entró la pelota, fuimos al alargue y lo mismo. Hasta que fuimos a los penales y Dios y la suerte estuvieron de mi lado.

-Fueron a penales, terminó ganando Platense 8 a 7, ¿cuántos atajó Osmar?
-Atajé cuatro penales.

Hace 40 años, Osmar Miguelucci se convertía en héroe.

-Una noche dramática que empezó pasadas las 21 horas y terminó en los primeros minutos del día siguiente…
-El estadio estaba repleto de hinchas de ambos equipos, pero mucha gente curiosa fue también a la cancha para no perderse este partido. También hubo muchos que se fueron de los nervios porque no podían aguantar. Por ejemplo mi familia, que después me enteré que estaba afuera. Nerviosismo puro.

-Hasta que llegaron los penales. ¿Eran su especialidad?
-Mirá, cuando llegaron los penales dije “que Dios me ayude”. Practiqué tanto, estaba tan metido… Pero te digo la verdad, esto de la especialidad, que uno adivina… Nada, es factor suerte. Uno mira al rival, cómo se para, estudió como pudo los pateadores, todo puede ser, pero sin la suerte y el instinto de ese segundo puntual… Gracias a Dios salió todo a favor de Platense.

-No había tanta facilidad para estudiar videos, como ahora que uno con YouTube puede hacerlo tranquilamente…
-No, en ese momento no se usaba nada, no había videos. Yo guardaba los recortes de diario donde decía quien pateó el penal de Gimnasia, cuando me tocaba con ese equipo el domingo siguiente miraba quien pateaba y según el recorte iba a la derecha.

-Según cuenta la cronología, usted atajó un penal en la serie de cinco, luego otro en una extraña serie de dos, pero llegó un momento clave en series de uno. Tiró Peremateu y lo erró, por lo que si no aparecían las manos de Miguelucci se terminaba todo.
-El Flaco, cuando erró, agachó la cabeza con lágrimas. Me acerqué y le dije “quedate tranquilo que papá te va a salvar”. Cosas que uno dice en esos momentos en caliente, pero tuve la suerte de ponerme en el arco y atajarlo. Yo estaba tan motivado, con tanta adrenalina, que sentía que tenía que salvar esa noche, no nos podíamos ir al descenso.

-Hubo una polémica esa noche, porque Lanús decía que tendría que haber pateado usted y no lo hizo. ¿Cómo fue esa situación?
-No fue como decían, porque cuando pateó Rubén Sánchez, el arquero de ellos, Crespo no había querido patear y se fue. Después pateó Sánchez, por eso decían que yo tenía que patear. Yo pensé, “si me lo hace Sánchez y no ganamos él queda en la historia y yo fusilado”. Se lo atajé y tuve un mal gesto contra él, pero cuando me di cuenta que se había ido Crespo le pedí disculpas, porque el Loco es una gran persona. Pero en ese momento estábamos a mil por hora, los nervios, vos no te das una idea de lo que fue eso. Me acuerdo que Horacio García Blanco me dijo “quedaste en la epopeya”. Nunca se había visto algo igual en el fútbol.

-¿Qué sintió en el momento que atajó ese último penal a Cárdenas y que todo había terminado?
-Había un directivo de Platense que me había dado una virgencita de San Nicolás y me dijo “esta virgencita va a salvar a Platense y vos vas a ser el héroe, porque esta virgencita salvó a mi hijo”. El destino de Dios fue que yo puse la virgen donde fue el último penal. Entonces yo me tiro, cuando agarro la pelota y estoy en el suelo me acordé de la virgencita y veo el malón de compañeros que venía corriendo. Ahí me di cuenta de que habíamos terminado. Me paré y me empecé a golpear el pecho sin parar. Al otro día me dolía todo el pecho y no me acordaba por qué era. Pudimos borrar muchas pavadas que se hablaban, no sé si fue gloria, pero pasaron 40 años y jamás pensé que ese partido iba a significar tanto. Todos los años se acuerdan.

-Imagínese que los hinchas de Platense lo tenemos como uno de esos cuentos que escuchan los niños por parte de sus padres o abuelos antes de dormir…
-Mirá, yo guardo todo para mis nietos. Por eso te pido que me guardes un ejemplar por favor. Yo he recibido cartas, no sé cómo han sabido de mi domicilio, te las quisiera mostrar algún día. Una es de un médico hincha de Platense, que el padre lo hizo hincha. El doctor estaba imposibilitado en la cama pobrecito, 92 años, me mandó una carta que cada vez que la leo lloro, conmovedora, no sabés las cosas que dice esa carta, te mata. En la inmobiliaria por ahí estoy hablando con una persona y les digo cualquier cosa, llame y pregunte por Osmar Miguelucci. “Igualito al arquero”, me dicen. Cuando les digo que soy yo, se vuelven locos, me dicen que son hinchas del Calamar. Yo me quedo helado después de 40 años. Me los encuentro y me abrazan, me besan…

-¿Qué le puede decir al hincha de Platense que lo quiere tanto?
-Sigo siempre al equipo por televisión y me da mucha lástima que esté como está. Platense tiene un regio estadio, una hinchada tremenda, la gente de la zona que puede llenar la cancha tranquilamente. Pero bueno, debe armar un plantel sólido y tener suerte. En el fútbol, mucho es la suerte. Pero Platense tiene que estar en Primera.

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