En épocas veraniegas son una bendición por la sombra y frescura que brindan, sumado a los variados colores que cubren sus copas. Pero también, en algunos casos, pueden ser un problema: si se los desatiende, los tamaños desproporcionados que alcanzan sus ramas y raíces invaden las propiedades privadas y destruyen veredas y cañerías.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

Los peores enemigos y depredadores naturales de los árboles son las fuertes tormentas de viento y lluvia. Éstas se encargan de arrancar de raíz aquellas especies que, por su gran tamaño o sus ramas pesadas, ya no tendrían que estar más en las veredas de la ciudad. Y, en cambio, deberían ser reemplazadas por otros ejemplares, más pequeños y acordes a la flora autóctona actual, ya que cuando se remueven los cimientos para perforar muchas veces se cortan sus raíces y quedan sin una base de sustentación sólida.

Árboles censados
Según relevamientos fitosanitarios y recientes censos realizados por el Gobierno de la Ciudad sobre el arbolado urbano, existe una gran cantidad de especies que no son aptas para nuestras calles y que además no son propias de estas latitudes, ya que fueron plantadas hace muchísimas décadas por los extranjeros que inicialmente poblaron estas tierras. Es el caso de los plátanos, por ejemplo, cuyas flores desprenden un polvillo que causa alergias e irritaciones en el sistema respiratorio.
Pero como Roma no se construyó en un día, lograr una logística para poder ir retirando de a poco los árboles que están en malas condiciones para reponerlos por otros aptos es algo casi imposible. Y menos aún pretender que esto pueda hacerse de una forma rápida y efectiva. Lamentablemente, las autoridades van siempre detrás de las catástrofes y los vecinos delante, cansados de reclamar sin obtener respuestas concretas. Otras tantas veces, cuando los damnificados presentan el sinfín de fechas en las que realizaron todos los pedidos, hasta les llegaron a decir que no había nada registrado en el sistema. Pareciera, realmente, que les estuvieran tomando el pelo. No obstante, ante la ausencia de respuestas hay muchos vecinos solidarios que les advierten con un cartel a automovilistas y peatones sobre aquellos árboles que se encuentran en riesgo de caída. Actitudes como éstas son realmente muy nobles.

Arboles multifunción
Los árboles no solo son un eslabón importantísimo en la naturaleza por su interacción entre los humanos y los animales. Cuando sus grandes ramas y troncos se apoyan sobre terrazas y balcones, también sirven para facilitar el ingreso de ladrones y oportunistas a propiedades privadas. En otros casos, las gruesas copas llegan a producir roturas en los frentes y techos, aparte de tapar desagües y canaletas con hojas.
Hay, seguro, cientos de vecinos que, mientras leen esta nota verán con mucha impotencia cómo altos árboles invaden el perímetro de su inmueble, sin la posibilidad de hacer nada al respecto porque, al ser patrimonio de la Ciudad, quitarlos está penado por la ley. Aparte, si alguien por su cuenta realizara pequeñas tareas de poda o corte de ramas, probablemente sería denunciado por otros vecinos ambientalistas, que harán que la Policía Metropolitana aparezca en el lugar y proceda a labrarle un acta.
Otra consecuencia no deseada de los grandes árboles es la inflamación que producen en las veredas alrededor de sus bases, con el riesgo de que el peatón se tropiece y caiga. Al lado de los árboles también hay múltiples cordones de granito que están levantados e impiden que los autos allí estacionados puedan abrir sus puertas correctamente.

En Galván 3465 este árbol ya da muestras evidentes, con su irregular forma, que en breve puede llegar a desplomarse.

En Galván 3465 este árbol ya da muestras evidentes, con su irregular forma, de que en breve puede llegar a desplomarse.

Algunos árboles no mueren de pie
El escritor argentino Alejandro Casona expresaba poéticamente en uno de sus libros que Los árboles mueren de pie. Extrapolando esa metáfora a la vida real, no son muchos los árboles que terminan sus últimos días en forma erguida sino todo lo contrario: recostados y maltrechos, arrasan con todo lo que encuentran a su paso, desde vehículos hasta tendidos de cable, pasando por frentes y vidrieras de locales comerciales.
Ya es común encontrar, como se dice vulgarmente, muchos “arbolachos” con amplios troncos y alturas fuera de control. Además, están totalmente secos y a veces ahuecados por dentro, por lo que, tarde o temprano, terminarán cayendo si no son quitados. Y, lamentablemente, esto es lo que pasa en la mayoría de los casos. Los vecinos los escuchan crujir y ven cómo se van inclinando peligrosamente. Luego notifican a las autoridades y denuncian, pero casi siempre es tarde o no son escuchados.

El gran tronco
Encontrar estos grandes árboles, que parecen secuoyas gigantes, ya no es algo tan difícil. Lo negativo es que pueden generar inseguridad, especialmente en horarios nocturnos, porque no sólo tapan la luz de las luminarias con su follaje, sino que favorecen a que alguien pueda estar detrás de ellos escondido, esperando para asaltar a un peatón desprevenido.
Cuando finalmente se tumban pesadamente sobre las veredas, estos mega-árboles producen destrozos e importantes cráteres, que luego tardan en ser reparados. Cuando se realiza la poda anual hay máquinas trituradoras de ramas pequeñas que las transforman en el acto en aserrín. Pero a los grandes troncos seccionados no se los puede retirar inmediatamente porque pesan muchísimo y no hay camiones y grúas tan grandes capaces de acarrearlos.

Metrobus para roedores
Otra de las funciones no deseadas de los árboles, cuando están secos, es la proliferación de colonias de roedores que se albergan dentro de ellos y utilizan a manera de avenida los cableados para desplazarse libremente entre los distintos “consorcios”. Es por esto que algunos vecinos colocan esas especies de collaretes en el medio de los cables para que estos no tan simpáticos animalitos no puedan seguir con su recorrido.

Vehículos indefensos
Hay muchos conductores que no tienen otra opción que dejar sus autos estacionados en la vía pública, pese al riesgo que implica que, en caso de lluvias y vientos, tupidos árboles puedan caer sobre los vehículos. También pueden volar trozos de ramas y hasta pedazos de cortezas que se desprenden de los troncos secos. Y todo esto al margen de los pájaros, que con sus necesidades ensucian todo lo que está debajo.

Oídos sordos
A esta sección llegan permanentemente cartas de vecinos que, al no obtener una solución por parte del Gobierno porteño, denuncian cómo descuidados árboles invaden sus veredas. Citaremos, a modo de ejemplo, el caso del vecino y lector Diego Gelber, quien vive en el barrio de Villa Pueyrredon, en Griveo entre Bolivia y Condarco.
En la puerta de su casa tiene un árbol que está empezando de a poco a ahuecarse -algo que es sinónimo de enfermedad y de muerte próxima- y que con su desarrollada copa invade el espacio aéreo de su propiedad. Así, cuando soplan fuertes vientos, las ramas que se desprenden caen dentro de su terraza. También las baldosas están flojas y más elevadas alrededor de la base del tronco.
Cabe aclarar que Diego ya realizó múltiples denuncias, como establece el protocolo de los reclamos: por teléfono al 147, vía página web y personalmente en la sede comunal, pero aún no le llegaron soluciones. Las fotos publicadas son prueba irrefutable de lo que está reclamando este lector.

De esta manera se tendrían que retirar todos los árboles secos: con cuadrillas cerrando la calle, no esperando a las tormentas.

De esta manera se tendrían que retirar todos los árboles secos: con cuadrillas cerrando la calle, no esperando a las tormentas.

Vecinos identificados
Innumerables son los casos similares al anterior, con los que los lectores seguramente se sentirán identificados. Sería muy beneficioso que llegaran acciones rápidas a través de cuadrillas de maquinarias y operarios para actuar de inmediato. Las tareas de poda que se vienen realizando durante el invierno son necesarias, pero actúan como paliativo. Hoy en día solo se llevan a cabo podas superficiales en las partes bajas que tapan las luminarias, pero se retrasan las extracciones de los grandes árboles secos.
Ojalá que la gestión municipal algún día pueda organizarse como corresponde y así utilizar correctamente las millonarias partidas que dispone para lograr el bienestar del vecino en la ciudad. No puede ser la propia naturaleza la que se encargue, a la fuerza, de terminar con la vida útil de parte del legendario arbolado urbano.

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