Son elementos constructivos que no sólo tienen una funcionalidad y un uso específico para cada caso, sino que además exhiben su impronta. Los hay en todos los estilos, materiales y formas y en muchos casos llaman nuestra atención por lo que nos dicen. Repasamos los ejemplares más famosos del mundo hasta llegar a nuestros barrios.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

La palabra puerta tiene sus orígenes en Roma y es uno de los componentes más antiguos de la arquitectura. También conocida como portal, este término lo utilizamos cuando hablamos de la entrada principal en una construcción. Las puertas han tenido siempre una connotación metafórica en el imaginario popular. Así lo plasmó el escultor francés Auguste Rodin en La puerta del infierno, que Dante Alighieri había descripto en La Divina Comedia, y en oposición se suele hablar de la puerta de San Pedro, en referencia a la llegada al cielo. En cuanto a lo arquitectónico, la puerta tiene un significado muy importante: es el nexo entre el adentro y el afuera, regulando el espacio de intimidad para cada caso.
A diferencia de este elemento arquitectónico, las ventanas no nacieron para delimitar un ambiente sino para darle iluminación y ventilación a su interior. Las primeras eran simplemente aberturas en los muros, sin vidrios ni postigos. En ocasiones, estos huecos eran tapados con telas y, en el mejor de los casos, con cuernos aplastados de animales que formaban láminas traslúcidas. Luego, durante los primeros siglos del cristianismo, los romanos emplearon una piedra mineral conocida como espejillo, una especie de yeso traslúcido que se extraía de las canteras en Hispania (antigua península ibérica). Fueron también los romanos los primeros en utilizar el cristal en las ventanas. Durante la Edad Media, las iglesias exhibían vitrales unidos por juntas de plomo de distintos colores, creando un ambiente espiritual en su interior.

Las puertas y ventanas más famosas
En la antigüedad, las puertas delimitaban no sólo viviendas y templos sino también ciudades. Una de las más famosas fue la Puerta de Istar, una de las ocho de la muralla interior de Babilonia, a través de la cual se accedía al templo de Marduk. Construida en el 575 a.C., con 10 metros de alto y 14 de ancho, hoy se exhibe en Museo de Pérgamo, en la ciudad de Berlín. Allí también se encuentra reformada en gran parte la puerta del Mercado de Mileto, edificada en esa antigua ciudad griega en el siglo II, que fue rescatada por un equipo de arqueólogos alemanes a principios del siglo XX.
Yendo a la Edad Media, vale destacar el trabajo escultórico de muchos portales de las catedrales románicas y góticas. Se pueden mencionar como ejemplo los portales de la Catedral de León, en España, construida en el siglo XII, que tienen un trabajo artesanal digno del mejor estilo gótico. Siguiendo con los templos religiosos, en Óbidos, Portugal, está el importante portal del Renacimiento de la Iglesia Medieval de Santa María. También hay portales que sirven de entrada simbólica a la ciudad, como por ejemplo la Puerta de Brandenburgo (Alemania) y la Puerta de Patuzai (Tailandia).
Con respecto a las ventanas, una de las más conocidas es la del Vaticano, donde se anuncia el Habemus Papam y los Sumos Pontífices han realizado el rezo del Ángelus a lo largo de la historia. Durante el Medioevo nos encontrarnos con un sinnúmero de vitrales y rosetones (óculo o tragaluz vidriado) que provocan una iluminación muy particular en las catedrales, como por ejemplo la de Notre Dame, por nombrar a la más popular. Impactante también es la vidriera abstracta del baptisterio de la Catedral de Coventry, Inglaterra, al igual que el gran ventanal que luce la iglesia predominantemente afroamericana Trinity United Church of Christ, en Estados Unidos.

En la esquina de Roosevelt y Triunvirato, el gran portal de acceso del Banco Nación brinda una sensación de estabilidad y seguridad.

En la Comuna 12
Las puertas y ventanas de nuestros barrios no sólo son elementos constructivos que tienen una funcionalidad y un uso específico para cada caso, sino que además cada una exhibe su impronta. Las hay en todos los estilos, materiales y formas y en muchos casos llaman nuestra atención por su riqueza geométrica y audacia.
Hay puertas que nos dicen cosas, como por ejemplo el gran portal de acceso del Banco Nación, realizado en hierro, que se destaca en la esquina de Roosevelt y Triunvirato, dando una sensación de estabilidad y seguridad. Muy cerca de allí, el Círculo Urquiza, de la calle Cullen al 5300, luce una puerta típica colonial en color verde, enmarcada por dos pilastras y dos ventanas enrejadas al mejor estilo español.
Yendo para Coghlan, vale mencionar el rosetón en el frente de la Parroquia Santa María de los Ángeles, ubicada en Rómulo Naón 3250, con sus cinco ventanas con arco de medio punto de líneas neorrománicas (foto de portada). Otro de los portales interesantes que podemos observar en templos religiosos de nuestros barrios, en este caso Saavedra, es el de la Parroquia San Isidro Labrador. Su puerta principal, totalmente en madera trabajada, se contrapone con la atractiva puerta intermedia, realizada con vitrales que provocan una imagen multicolor.
Pero no todas las puertas deben ser monumentales para ser llamativas. Un ejemplo es la casa de Donado 3262, hecha en el mejor estilo Art Déco, con su típica geometrización. También de tipo doméstico, sencillo pero de interesante diseño, son el portal y la ventana de Superí 2782, con sus arcos conopiales utilizados durante el período gótico tardío y reutilizados durante la primera mitad del siglo XX.
En Av. Triunvirato 4444, casa del Centro Cultural 25 de Mayo, se acentúan en el piso superior los tres ventanales, siendo el del medio el más atractivo con su trabajo de vitrales multicolor. En Monroe 3979, mientras tanto, podemos apreciar una vieja casona que evidencia un eclecticismo muy particular, donde se mezclan líneas pintoresquistas con motivos Art Nouveau. En la planta baja se destacan un portal con arco de medio punto y ventanas en forma de bay windows, mientras en el piso superior, además de las ventanas tradicionales, aparecen unos óculos con heráldica en sus vidrios. Para terminar el recorrido, en Villa Ortúzar encontramos en la Parroquia San Roque el portal con archivolta -suma de arcos superpuestos- y el gran rosetón en el piso superior, uno de los más grandes del barrio.
Como corolario vale recordar aquel libro de Ítalo Calvino, Las Ciudades Invisibles, en donde habla de la ciudad de Zora, pero bien podríamos adaptar a nuestros barrios: “Zora tiene la propiedad de permanecer en la memoria punto por punto, en la sucesión de sus calles y de las casas a lo largo de las calles y de las puertas y de las ventanas en las casas, aunque sin mostrar en ellas hermosuras o rarezas particulares. Su secreto es la forma en que la vista se desliza por figuras que se suceden como en una partitura musical donde no se puede cambiar o desplazar ninguna nota”

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