El Centro Cultural 25 de Mayo y el ex Cine Teatro Urquiza, de Parque Patricios, están emparentados no sólo por su fachada sino también por el deseo de conservar la identidad cultural de sus barrios. Como la sala de Triunvirato 4444, recuperada en 2008 por los vecinos, la institución de Avenida Caseros 2826 se salvó de ser demolida.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Los cines de barrio fueron objeto de abandono cuando los videoclubes invadieron Buenos Aires. Prácticamente de la noche a la mañana importantes salas desaparecieron de la faz porteña, una suerte que hoy están corriendo los propios videoclubes por el avance de YouTube, Netflix y otras formas de ver películas en casa. Más tarde vendrán sucesos nuevos que suplantarán a lo que hoy tenemos, pero lo que no debemos hacer es desprendernos del pasado que marca nuestra identidad.
Quedaron muy pocas salas que puedan ser valoradas por su integridad arquitectónica, ya que la gran mayoría de estos edificios, muy codiciados por emprendedores inmobiliarios, fueron demolidos, deformados o empleados para usos diversos: templos religiosos, boliches bailables, mercados y otras funciones que poco tienen que ver con la actividad cultural para la cual fueron creados.
Sin embargo, siempre hay excepciones, como sucedió por ejemplo con el ex cine teatro Grand Splendid, de Av. Santa Fe 1860 (1919, Arqs. Peró y Torres Armengol), que fue transformado en una hermosa librería. Tal fue el éxito de su restauración, manteniendo el sentido patrimonial de la obra, que fue catalogada por el periódico británico The Guardian como la segunda librería más bella del mundo.
La salida al cine ha sido siempre uno de los programas favoritos de los porteños. Además de ir a ver la película, es un momento de encuentro que luego deriva en una cena o un café. Antiguamente, la gente se arreglaba para los estrenos de los sábados por la noche, mientras que las funciones de domingo se dedicaban a la familia. Para aquellos que vivían lejos del Centro, no había nada mejor que el cine de la vuelta, o de la otra cuadra, con precios accesibles y promociones de dos o tres películas continuadas.
A pesar de los cambios culturales y el avance tecnológico, existe en los barrios la necesidad de mantener estos espacios de encuentro y participación, que es por lo que luchan muchos vecinos de la Ciudad. No se trata de una cuestión nostálgica o de volver al pasado, sino de conservar la función sociocultural que cumplen estas instituciones.
Sólo nombraremos aquí algunos de los cines ya desaparecidos, como por ejemplo el Armonía, que se esfumó bastante antes de la fiebre de los videoclubes. Inaugurado en 1910, estaba ubicado en Belgrano 3272, donde hoy se encuentra un enorme edificio de viviendas. Próximos a este cine, y hoy también ausentes, estaban el Bristol Palace, de Independencia 3618, reemplazado por un edificio de propiedad horizontal, y el Nilo, de Boedo 1063. Así podríamos seguir la lista interminable de los que ya no están.
En nuestros barrios, la mayoría fue demolida y los que sobrevivieron son irreconocibles. En Coghlan, el único que había era el cine Ideal Monroe, construido en 1926 en el 3200 de la calle homónima. En Balbín 3899 se encontraba el Cine Aesca, de 1935, actualmente torre de departamentos. Otro que tuvo corta vida fue el Cine Saavedra, de Cabildo 3900, en el barrio homónimo. En Villa Urquiza funcionaba el 9 de Julio, ubicado sobre la calle Bauness, que competía con el General Urquiza, de Roosevelt al 5354. Muy pocos rastros quedaron de todos ellos. Afortunadamente, en 2008 los vecinos recuperaron el 25 de Mayo, de Triunvirato 4444, mientras que el Aconcagua, situado en la frontera entre Villa Pueyrredon y Villa Devoto, lucha por su subsistencia.

El Edén Palace es el único cine que “resistió” durante algún tiempo. Entre 1979 y fines de 2002 continuó funcionando con el nombre de Gran Urquiza.

Arquitecturas de película
Las primeras proyecciones cinematográficas se realizaron en lugares que no estaban diseñados para tal fin. Uno de los primeros edificios construidos específicamente para estos eventos fue el Cine Teatro Ateneo, en 1908, con plateas y palcos dispuestos en herradura, de estilo italianizante. Durante las décadas siguientes se erigieron salas de lujo, principalmente en el centro porteño, con estilos tan diferentes como el neoclasicismo del Grand Splendid y el Art Nouveau del antes mencionado Armonía. En los años 30, dorados para esta tendencia, desbordaron los cines de estilo Art Decó.
Entre las salas más importantes se pueden destacar el Monumental, el Broadway y el Ópera, mansiones con un principio decorativista que pretendían generar un ambiente de ostentación y lujo. A esta línea le siguió el racionalismo del Cine Gran Rex (1937, obra del Arq. Alberto Prebisch) y más tarde apareció el funcionalismo austero.
El cine Ambassador (Ing. Adolfo T. Moret, 1931) fue la primera construcción vidriada a la calle, que forjaba una interrelación entre el adentro y el afuera, permitiendo observar el movimiento del público en el foyer. Esta novedad se constituyó y popularizó como modelo de las salas de cine edificadas posteriormente. Fueron numerosas las obras con esta tipología, aunque actualmente pocas mantienen la estructura y función originales. Ejemplos son el Normandie, el Lorca, el Gaumont y el Atlas Santa Fe.
Si bien las salas de cine parecían condenadas a su desaparición, poco a poco fueron subsistiendo al paso de las nuevas tecnologías. Hoy predominan, generalmente, incorporadas a un shopping o envueltas en espacios de entretenimiento y lugares de comidas rápidas.

El ex cine teatro Grand Splendid, de Av. Santa Fe 1860, se convirtió en una hermosa librería: El Ateneo.

Hermanos lejanos
El Centro Cultural 25 de Mayo, en Villa Urquiza, y el ex Cine Teatro Urquiza, en Parque Patricios, están hermanados no sólo por su arquitectura y el juego de palabas que se da entre sus nombres. También podríamos afirmar que son almas gemelas, ya que ambos fueron rescatados del abandono gracias a los vecinos y lograron resurgir como ámbitos culturales.
La reapertura de la sala de Triunvirato 4444, que cumplió diez años recientemente, sirvió como modelo a seguir para la mítica institución ubicada en Av. Caseros 2826. La lucha por la recuperación fue bastante similar en cada caso. A lo largo de cinco años, los vecinos de Parque Patricios batallaron por el rescate del cine, que se encontraba en riesgo de desaparecer. Inaugurado en 1921, dejó de funcionar como salón de espectáculos a finales de los años 80 y pasó a cumplir otras actividades comerciales: concesionaria de automóviles y luego supermercado chino.
En el año 2013 el propietario del inmueble había decidido su demolición para construir allí un edificio de oficinas, pero los vecinos presentaron un proyecto ante la Legislatura para reclamar su expropiación y así conservarlo como reducto cultural para el barrio. A fines de mayo pasado, el propietario finalmente dio su compromiso de reconstruir una sala teatral en el lugar y hoy Parque Patricios festeja un primer gran paso hacia la recuperación de esta interesante obra arquitectónica. Junto al Club Atlético Huracán, es un emblema del barrio.
En cuanto a sus diseños, tanto el Cine Teatro 25 de Mayo como el Urquiza muestran una arquitectura ecléctica y se nutren de componentes académicos muy enfatizados. Como se puede observar en ambos frentes, resalta la fachada clásica, además de las cornisas recargadas y los sobrerelieves también de líneas clásicas. Asimismo, hay similitud en la composición simétrica de sus fachadas -característica del estilo académico- y el equilibrio que queda reforzado con los vitrales del primer piso.

El Cine Teatro 25 de Mayo fue inaugurado oficialmente el 23 de mayo de 1929 y permaneció 22 años cerrado.

En los dos edificios podemos ver la analogía del efecto de quiebre de cada planta, a través del balcón en el 25 de Mayo y de una gran marquesina en el Urquiza. Los remates son disimiles: uno está resuelto con un frontis triangular, mientras que en el otro la fachada finaliza en un cornisamento recargado y figuras prácticamente escultóricas en cada extremo. Sin duda, la composición de los elementos clásicos tanto en sus interiores como en las fachadas son los que nos dan muestra de cierto parecido entre ambas obras.
El recobro de estos lugares tiene que ver, de alguna forma, con una necesidad de resurgir el pasado, que está aferrado en nuestros sentidos, en nuestra esencia íntima. Es una necesidad inherente del hombre para envolverse en su historia y recobrar el perfume de estos lugares y cada uno de sus rincones para las generaciones venideras.
Nos decía el arquitecto mexicano Luis Barragán: “La función de la arquitectura debe resolver el problema material sin olvidarse de las necesidades espirituales del hombre”.

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