El flamante edificio de Monroe y Holmberg no es solamente un proyecto de descentralización de las tareas administrativas de la ciudad sino, además, una muestra de lo que se conoce como arquitectura sustentable. Posee placas solares que brindan energía, un sistema de recuperación de aguas de lluvia y una terraza verde.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Como ya muchos saben, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, inauguró en mayo una nueva sede para la Comuna 12, que integran los barrios de Villa Urquiza, Saavedra, Coghlan y Villa Pueyrredon. El moderno edificio se ubica en las calles Holmberg y Monroe y sus terrenos originariamente habían sido afectados para el paso de la ex AU3. Esta autopista nuca llegó a edificarse, pero de todas formas causó muchos daños a la ciudad por las expropiaciones y demoliciones que sí se llegaron a concretar.
Retomando un poco el asunto, este proyecto urbano reflotado por la última dictadura era un plan descabellado que pretendía construir nueve autopistas urbanas que iban a cruzar toda la ciudad, destruyendo manzanas enteras donde el tejido urbano ya estaba consolidado. En el caso de la Autopista 3, entraba por Saavedra hasta encontrar salida en Pompeya, pasando antes por Villa Urquiza, Belgrano R y Villa Crespo, entre otros barrios.
El nefasto proyecto prosperó, como dijimos, al punto de llegar a expropiar y demoler varias viviendas. Pero, una vez caído el gobierno militar, la aventura por suerte concluyó. Como consecuencia quedó un tendal de terrenos y viviendas abandonados, muchos de los cuales fueron usurpados, dejando calles semi desiertas y mucha pobreza. El sector 5 de la traza, comprendido entre Congreso y Avenida de los Incas, había sufrido la demolición de prácticamente la mitad de las casas originarias, que se transformaron en terrenos baldíos.
Esta especie de “no lugar”, que surgió de las malas decisiones urbanas que se tomaron a nivel gubernamental, estuvo presente en la ciudad durante más de 30 años como una herida que partió a los barrios y destrozó su identidad. El tramo de General Paz hasta Congreso fue resuelto a mediados de los años 2000, cuando se decidió hacer una vía de entrada rápida a Buenos Aires. Pero el sector 5 por muchos años, prácticamente una década más, siguió siendo un ambiente fantasmal que por las noches muchos evitaban.
Hubo varios proyectos para el lugar, como la continuación de la vía rápida que moriría en Los Incas, pero no era una decisión correcta ya que no resolvía el problema del tránsito. Una buena propuesta era hacer un corredor verde, con algunos edificios de carácter público y cultural, pero fue desestimada ya que los terrenos eran muy apetitosos para los especuladores inmobiliarios. Se habló, en un principio, de incluir viviendas sociales en el nuevo corredor Donado- Holmberg, aunque fue muy poco lo que se hizo. En cambio proliferaron las viviendas vip, que no vienen a resolver el conflicto habitacional de la ciudad.

Un paseo de veredas anchas
En la ribera del río Sena, a lo largo de unos 3,3 kilómetros de la orilla, en pleno centro de París, se inauguró hace poco tiempo un corredor verde con ocho hectáreas de juegos para niños y un parque para el disfrute de todos los parisinos. “Hace 15 años que soñábamos con devolver a los peatones, a los niños, el uso de este fantástico paseo”, alegó la intendente de París, a la que no le tuercen el brazo los especuladores inmobiliarios. Tomó la decisión de quitarle espacio a los vehículos, ya que en el lugar se cerró una vía rápida para autos, y le dio prioridad a la gente de a pie. De esta forma se terminó con más de medio siglo de autopistas urbanas en la ciudad, lo que no significa que se esté en contra del automóvil sino que se le está dando prioridad a las cuestiones ecológicas. Por supuesto que nada de esto sucede en Buenos Aires.
En estos últimos años se decidió que el trazo conocido como sector 5 fuera finalmente recuperado, con nuevas construcciones que dejan veredas anchas más algún espacio para canteros. Pero de corredor verde prácticamente no tiene nada. El nuevo “barrio Donado-Holmberg” fue denominado así por los agentes inmobiliarios para hacer una distinción especial del lugar. Ocupa 13 manzanas entre las calles Donado y Holmberg, desde avenida Congreso hasta Carbajal, donde las construcciones vip aparejaron la creación de un polo gastronómico. Los eslogan hablan de circuito “canchero”, “lugar tranquilo” y otras palabras que rápidamente pasan de moda.
Ahora bien, ya hablamos de que existían mejores opciones para el lugar y esa es la verdadera crítica. A lo largo de las 13 manzanas, prácticamente no se ha dejado ni una de estas cuadras de forma completa sin construir. Las plazas son retazos o sobrantes de lo proyectado y son más espacios secos que otra cosa. De todas formas, el lado positivo es que, aparte de la recuperación del trazado abandonado, se han contemplado construcciones que no superan los cinco pisos.
Todos los emprendedores están obligados a dejar una vereda de 15 metros, donde se obliga a invertir en un espacio verde y bicisendas según un diseño determinado en el proyecto. El paisaje actual del lugar, sin embargo, parece más un paseo gastronómico que un parque lineal. Ante la necesidad de absorción de agua de lluvia, la falta de terrenos podría traer problemas a futuro.

Arquitectura sustentable
Antes de analizar el nuevo edificio comunal, quiero comentar en pocas líneas una anécdota que alguna vez me sucedió en el antiguo Centro de Gestión y Participación de la calle Miller. Había solicitado un corte de raíces del viejo jacarandá que se erguía torcido en la vereda de mi propiedad. El administrativo que me atendió en aquel entonces me sugirió que el reclamo lo hiciera directamente en las oficinas de Parques y Paseos, así me ahorraba un paso burocrático y evitaba la triangulación del pedido. Esto me hacía dudar de la verdadera función de estas oficinas.
Este pequeño relato vino a mi mente ante la inauguración de la sede de la Comuna 12. Entiendo que en estos años los trámites se han modernizado y este tipo de situaciones ya no suceden. Además, la comuna cada vez tiene más atribuciones y no es igual que el viejo CGP.
El moderno edificio está ubicado en Holmberg y Monroe y, por su diseño, es parte de lo que hoy conocemos como arquitectura ecológica. La obra, que cuenta con un proyecto de conservación energética, fue construida en un período de tres años. Se emplaza en una superficie de unos 4.000 metros cuadrados en cuatro plantas, con luminarias LED, placas solares y un depósito de agua de lluvia. Además tiene una terraza jardín, también llamada cubierta ecológica, lo que nos muestra un interés por el uso de energía de fuentes renovables.
La riqueza espacial del nuevo edificio permitirá a los vecinos de Villa Urquiza, Coghlan, Saavedra y Villa Pueyrredon continuar con los trámites y servicios que prestaba la anterior dependencia, más algunas otras funciones que servirán para descentralizar y dar mayor autonomía a los barrios.
El jefe de Gobierno de la Ciudad subrayó el trabajo realizado y dijo: “Para los vecinos de esta zona es una mejora enorme porque van a ser atendidos en un lugar mucho más cómodo, más lindo, mejor señalizado e iluminado y van a tener servicios que en la Comuna antes no tenían”. Se proyectó un hall de acceso con una excelente relación exterior-interior, integrado al entorno y con espacios abiertos que facilitan la circulación y su adaptabilidad para diferentes usos. Los equipamientos e instalaciones también siguen las últimas normas medioambientales. El proyecto fue adjudicado por concurso, lo organizó la Sociedad Central de Arquitectos y participó la Federación Argentina de Entidades de Arquitectos.

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