Desde la prehistoria hasta nuestros días, el ser humano se ha preocupado por la relación con el espacio que lo rodea. En el siglo XX fue Le Corbusier quien se involucró con el tema y diseñó un sistema para poder vincular las medidas del cuerpo humano con el hábitat. Hoy sigue vigente y lo podemos ver aplicado en nuestro barrio, en el edificio ubicado en Mariano Acha 3460.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Cuando el hombre del paleolítico salió de las cuevas para crear su propio hábitat, apareció la necesidad de incorporar los aspectos funcionales al espacio construido. A lo largo del tiempo, esta funcionalidad se ha vuelto cada vez más importante para obtener un mayor confort. Es que la arquitectura debe ser pensada como una construcción mensurable, en donde el espacio alcanzado responda a las necesidades del hombre. A partir de esta premisa se origina un maridaje entre lo constructivo y lo numérico, que además busca una relación esencial con la naturaleza. Es así que el hombre utiliza modelos matemáticos complejos, que dan como resultado una serie de números proporcionales. Aplicados en la arquitectura, no sólo logran armonía y equilibrio sino asimismo una mayor integración entre sí y el espacio construido.
Desde la Antigua Grecia, filósofos y matemáticos buscaban la divina proporción. Por ejemplo Pitágoras, quien llegó a la proporción áurea a partir de la desintegración de la figura geométrica pentagonal conformada por segmentos, cuyas partes eran iguales entre sí. Así también el número de oro, o igualmente llamado FI (en homenaje al escultor griego Fidias), el cual se obtiene a través de un sistema de proporciones que aparecen en el cuerpo humano y en la naturaleza en general, no como cifras sino como magnitudes medibles, que luego son llevadas al ámbito constructivo. O sea que es innegable que hay una analogía entre los conceptos matemáticos y el pensamiento arquitectónico.
También Euclides, matemático griego firmemente ligado a la geometría, creó las bases de la misma al escribir su tratado “Los Elementos”, el libro más célebre de la historia de la matemática. Sin los conceptos de la geometría euclidiana y los estudios realizados a partir de dimensiones mensurables, por ejemplo, el arquitecto del barroco Guarino Guarini no hubiese podido construir la Cúpula de San Lorenzo en la ciudad italiana de Turín. Por otro lado, matemáticos de la India descubrieron en el siglo X una sucesión numérica que luego sería analizada por Leonardo de Pisa -más conocido como Fibonacci- y llegaría a lo que se conoce como el número áureo (1,618033…). Este importante matemático medieval hizo trascendentales contribuciones en las matemáticas y en las prácticas geométricas, destacándose al introducir el sistema de sucesión numérica que llevaría su nombre.
Sobre el mismo tema, en 1494, Lucca Pacioli publicó en Venecia La Summa de Aritmética, Geometría, Proportione et proportionalità, en cuyo prólogo plantea la importancia de la Ciencia Matemática y su utilidad en todas las ciencias y artes. Esto se puede apreciar, a lo largo del tiempo, desde la construcción de los zigurat mesopotámicos pasando por los templos egipcios, griegos y romanos, incluso con la construcción de las grandes catedrales medievales y más tarde en el renacimiento con el uso de las proporciones y armonía, planteada por Leonardo da Vinci con El Hombre de Vitrubio, o Donato Bramante, artista del orden geométrico y las proporciones, en su obra más trascendental: San Pietro in Montorio.
Además, vale incluir a Andrea Palladio y Miguel Ángel como los últimos arquitectos que utilizaron seriamente en sus obras proporciones surgidas de la armonía pitagórico-platónica. Más tarde aparecieron las proporciones del neoclasicismo hasta llegar al siglo XX, donde los arquitectos del movimiento moderno intentan modelar el espacio a través de una nueva concepción espacial. Es allí donde surge Charles Edouard Jeanneret, más conocido como Le Corbusier y uno de los padres del movimiento, con la idea del Modulor.

Le Corbusier diseñó un sistema para vincular las medidas del cuerpo humano con el hábitat.

De qué se trata
Antes de dar la respuesta, diremos que Le Corbusier fue un pionero en el estudio del espacio interior y de la relación del hombre con su hábitat. Trabajó en el estudio de Auguste Perret, arquitecto fundador de la técnica de construcción en hormigón armado, y luego viajó a Alemania, donde desplegó su talento con otro de los maestros de la técnica constructiva: Peter Behrens. Fue ante un freno económico en la construcción, a poco de haberse iniciado la Segunda Guerra Mundial, cuando Le Corbusier se dedicó a temas teóricos como el del Modulor, que desarrolló entre 1942 y 1948. Este consistía en un sistema de medidas basadas en la proporción áurea, además unido con las dimensiones del cuerpo humano, que era aplicable a la nueva arquitectura tanto desde lo funcional como lo estético, para enlazar al hombre con el espacio arquitectónico.
En el año 1948 publicó la primera edición del libro Le Modulor, que por su gran éxito tuvo una segunda versión cinco años más tarde. Este último introdujo algunos cambios, como por ejemplo diferenciar el espacio con la medida del hombre latino (1,72 metros) respecto al hombre europeo (1,82 metros). El Modulor tuvo una prueba piloto en la Unidad Habitacional de Marsella, Francia, donde se proyectó por primera vez en base a este nuevo tratado de medidas. También fue aplicable en nuestro país en la Casa Curutchet de La Plata -única obra realizada por el maestro suizo en América Latina-, la cual tiene puntos en común con su obra maestra Villa Savoye, también en Francia.
Hay que señalar que Le Corbusier intenta plasmar a través del Modulor la idea de cuarta dimensión, o sea que utiliza las proporciones y las medidas relacionadas con el hombre. Busca que el espacio sea recorrido y disfrutado de una forma diferente de la convencional.

El edificio de Mariano Acha 3460 rinde tributo al Modulor de Le Corbusier.

El Modulor en la arquitectura barrial
Le Corbusier aplicó este sistema a todo tipo de arquitectura, sin importar la escala ni el terreno. Así queda demostrado, por ejemplo, en la Casa Curutchet, que mencionamos anteriormente, donde en un terreno poco atípico a los proyectos del maestro el tema fue resuelto con destreza. Utilizando este sistema se dimensionaron todos los ambientes de la vivienda, dándole también importancia al volumen. Amancio Williams, autor de la famosa Casa del Puente en Mar del Plata -donde también usó el Modulor para su proyecto- fue el encargado de la dirección y construcción de la Casa Curutchet. La vivienda está emplazada en un terreno menor a los 200 metros cuadrados, entre medianeras y frente a un parque.
Todo esto viene a cuento porque una reciente construcción en Villa Urquiza ha dado muestras de la vigencia del Modulor. Se trata del edificio ubicado en la calle Mariano Acha 3460, cuyo proyecto fue realizado por el estudio Urban Houses, a cargo del Arq. Horacio Fondevila.
La obra tiene 2.500 m2 y es de tipo multifamiliar, con detalles que la hacen singular desde el punto de vista decorativo y también funcional. Ofrece departamentos de dos, tres y cuatro ambientes, distribuidos en cuatro pisos, con cochera, piscina, parrilla y salón de usos múltiples. El concepto general se funde en un homenaje al maestro de la arquitectura moderna, que queda resumido en una imagen del hombre del Modulor que parece descolgarse sobre una de las medianeras.

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