Entre los años 30 y 40, la cooperativa fundada por el socialismo construyó un grupo de viviendas en la manzana comprendida por Giribone, Álvarez Thomas, 14 de julio y Elcano. Estas obras, de gran calidad edilicia, fueron declaradas de interés histórico nacional en 2015. Repasamos otras construcciones emblemáticas de esta entidad.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

El gran incremento poblacional en la Argentina comenzó a partir de la segunda mitad del siglo XIX, lo que trajo aparejado importantes problemas habitacionales. El Estado Nacional no pudo dar respuesta a los recién llegados, por lo que nacieron asociaciones privadas como alternativa para dar alguna solución al tema.
En un primer momento, los sectores sociales de bajos recursos quedaron librados a su suerte y limitados a su propia iniciativa, residiendo en inquilinatos o conventillos, lugares donde predominaba el hacinamiento, la falta de higiene y la promiscuidad. Tengamos en cuenta que nuestro país, en unas pocas décadas, triplicó su población y el problema habitacional se transformó en una pesadilla para el Estado. La gran masa de inmigrantes, que en mayor número eran campesinos, fueron atraídos por las luces de las grandes ciudades y terminaron habitando lugares nocivos para la salubridad.
En este contexto, a finales del siglo XIX surgieron diferentes debates sobre el tipo de vivienda social que se debía empezar a proyectar para los recién llegados. El primer proyecto para Buenos Aires (ciudad que junto con Rosario y Córdoba fue la que mayor número de inmigrantes recibió) surgió en 1882, bajo el mandato del intendente Torcuato de Alvear.
La idea estaba basada en proyectos del arquitecto Juan Buzchiazzo, pero lamentablemente la construcción tardó en hacerse efectiva. A finales de esa década, parte del proyecto se hizo realidad, ocupando los terrenos municipales comprendidos entre las calles Pueyrredon, Melo, Larrea y Las Heras. Por supuesto que este proyecto fue experimental y no podía resolver la demanda. Simplemente lo mencionamos por haber sido el primer plan de viviendas sociales que tuvo la ciudad.
A partir de ese momento, empezaron a aparecer otras ideas para solucionar el problema, como las cooperativas. En ocasiones, los obreros recurrían a pequeñas empresas constructoras que financiaban la operación, como la Buenos Aires Building Society. El tema era muy serio y se necesitaban medidas urgentes. Recordemos que, en 1872, había pasado la fiebre amarilla, causando estragos entre los más pobres. Y también asolaban el cólera, el tifus, la fiebre tifoidea, la viruela y otras enfermedades devastadoras que afectaban a los barrios obreros.
A inicios del siglo XX se intentó un primer cambio y fue que el Estado, asociado con privados, se ocupó del asunto de la vivienda obrera con un enfoque netamente higienista. En 1905 se sancionó la primera ley destinada al problema habitacional, que autorizaba a la Municipalidad a invertir en la construcción de casas para obreros. Así, en 1908, se edificaron más de 50 viviendas en la manzana donada por Azucena Butteler, que comprendía las calles Cobo, Senillosa, Zelarrayán y Av. La Plata. La primera gran propuesta de hábitat popular costeada por el Estado surgió en 1912 y consistió en la llamada Construcción de Casas Baratas.
La Comisión de este proyecto no dio grandes frutos, ya que edificó, entre 1915 y 1939, un poco más de 700 unidades, de las cuales la mitad eran chalets y el resto casas de departamentos. El otro proyecto de edificación de viviendas populares fue planteado en 1913 entre la Municipalidad de Buenos Aires y la Compañía de Construcciones Modernas, aunque hubo que esperar más de diez años para ver hechas realidad las primeras casas.
Es así que aparecieron una serie de barrios, como Villa Mitre, Rivadavia, Sarmiento y Varela Bonorino, entre otros. Sin embargo, esta acción no alcanzó a cubrir las expectativas de la intendencia porteña, que había acordado con la entidad privada la construcción de diez mil viviendas. Solo se construyó la mitad y eso provocó un sinnúmero de conflictos entre las partes, por lo que el Estado quedó como responsable directo ante los que no tenían vivienda.
A principios del siglo XX, el Partido Socialista incorporó en su plataforma electoral una legislación protectora de los inquilinos y la edificación de casas para obreros que no querían la intervención estatal. Proponía que los trabajadores se nuclearan en cooperativas de autoconstrucción de viviendas. En este marco, apareció la Cooperativa El Hogar Obrero.

Los orígenes
La Cooperativa de Consumo, Edificación y Crédito El Hogar Obrero Ltda. fue creada en julio de 1905 por iniciativa de Juan B. Justo y Nicolás Repetto, junto con otros precursores ligados al colectivismo. Sus primeras oficinas estuvieron en una casa ubicada en Perú 321 y de allí se fue expandiendo a lo largo de toda la ciudad.
Se trató de la primera cooperativa de origen no europeo, incluida dentro de la Alianza Cooperativa Internacional. Su primer objetivo fue reducir el costo de los productos de la canasta familiar, para luego incursionar en vario rubros, entre ellos la vivienda social. La cooperativa tuvo un gran crecimiento en la construcción de viviendas y cumplió eficazmente con su meta. Durante más de 80 años dio resultados extraordinarios, pero se vio afectada seriamente en los 90, cuando llamó a concurso de acreedores para evitar la quiebra. Desde entonces continúa en actividad, aunque muy lejos de lo que fue en sus orígenes.
A finales de los años 80, era la sexta empresa más importante del país en el sector servicios y la más grande entre las privadas. Llegó a tener unos dos millones de afiliados y una red de supermercados, conocido como Supercoop, que contaba con un importante número de sucursales en todo el país. Hasta ese entonces, a través de sus recursos y con sus propios profesionales, llegó a construir unas cinco mil viviendas familiares, incluyendo más de 35 mil créditos hipotecarios destinados a la construcción, refacción o compra de vivienda.

Foto histórica del edificio que el Hogar Obrero construyó en la calle Giribone.

Algunas obras
El primer conjunto habitacional se realizó en 1907, con cuatro casas en Escalada entre Av. Rivadavia y Ramón Falcón, barrio de Liniers. A partir de allí, año tras año se irían incrementando las obras, como por ejemplo la Primera Gran Vivienda Colectiva en Martín García y Bolívar, del año 1913.
Un símbolo de El Hogar Obrero es la vivienda colectiva conocida como Edificio Nicolás Repetto, construida en 1955. Ubicada en Rivadavia 5108 y Rosario, consta de una torre de 22 pisos con 263 departamentos y un centro comercial. Otro singular complejo se levantó en Villa del Parque, entre Álvarez Jonte, Emilio Lamarca y Lascano. En 1969, en Av. Brasil 3023/25, con el Edificio Julio A. del Río se introdujo una nueva tipología de construcción que seguiría en los siguientes períodos. El Hogar Obrero fue buscando nuevas formas para dar respuesta edilicia, cada vez de mejor calidad y más moderna.

La llegada al barrio
En la manzana comprendida por las calles Giribone, Álvarez Thomas, 14 de julio y Elcano, en Villa Ortúzar, se construyeron tres grupos de viviendas colectivas realizadas por esta cooperativa. Estas construcciones se fueron edificando en distintos años en forma independiente, logrando después cierta unidad.
Cada uno de los edificios responde a la misma tipología arquitectónica. La tendencia racionalista predomina en estas obras, que se distinguen principalmente por la falta de ornamentos en sus fachadas y por su morfología de líneas simples. Esto hace que, a pesar de que se acceda por distintas arterias, tenga un lenguaje unificado.
El edificio de Álvarez Thomas 1320 fue la primera obra de esta cooperativa construida en la zona norte de la ciudad. Se llevó a cabo en el año 1932, bajo proyecto de los Ingenieros Franzetti y Justo. Con más de 80 años de existencia, la calidad constructiva es de destacar. Originalmente contaba con más de 50 departamentos, en su mayoría del tipo vivienda mínima o económica, con cocina-comedor, baño, lavadero y habitación.
El basamento de planta baja fue realizado en granito y a cada lado del acceso se instalaron locales comerciales, ya que se preveía que Álvarez Thomas sería una avenida comercial. A partir del primer piso, el volumen del cuerpo central sobresale de la línea municipal, formando en el último nivel un balcón terraza. Como remate, aparece la palabra Hogar Obrero con grandes letras.
Se decidió completar con dos torres el terreno restante, conformadas por una planta baja y nueve pisos, separadas entre sí por un jardín de 35 metros de largo. A una de estas torres se accede por la calle Giribone 1325, donde el primer cuerpo es un volumen de planta baja y cuatro pisos, inaugurado el 14 de abril de 1940. Vale destacar de la obra un basamento ladrillero en la planta baja, sobre la línea municipal, y dos patios a cada lado del acceso.
Este edificio también muestra su excepcional calidad constructiva, ya que a su exterior no parece pasarle el tiempo. Además, como dijo su presidente en la inauguración de la obra, el carácter de cooperativa quedaría realizado con la construcción de una despensa que abasteciera a los inquilinos del edificio, para luego transformarse en un mercado de importancia. La torre a la cual se accede por la avenida Elcano 3665 se construyó en el año 1944. Mantiene, como ya dijimos, el mismo lenguaje arquitectónico que los anteriores, como el basamento de planta baja de ladrillo visto.
Sin duda, El Hogar Obrero ha provocado un cambio en el aspecto edilicio porteño, siempre apostando a la avanzada, a lo moderno, a la nueva tecnología. En definitiva, a una mejor calidad de vida. Además, incorporó a la vivienda popular la idea de torres o bloques separados entre sí por importantes espacios abiertos, que certificaban una mejor luminosidad y ventilación para todas las unidades. Tomemos en cuenta también que, desde el punto de vista urbanístico, la suma de los distintos complejos que realizó la cooperativa le ha dado un carácter muy particular a la ciudad y a los otros barrios del conurbano donde intervino. En 2015, la Nación determinó la declaración de Bienes de Interés Histórico Nacional a una serie de edificios construidos por la Cooperativa El Hogar Obrero, entre ellos el ubicado en Villa Ortúzar.
La ciudad no sólo nos enseña y nos instruye, sino que además nos define desde el punto de vista del entorno construido. Por eso que estas obras son parte del patrimonio nacional.

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